Por Karen Salas / Elefante Blanco
Tampico, Tamaulipas.- Lilly es una mujer de 31 años, casada y con un minucioso registro de su vida sexual y reproductiva, razón por la cual, Javier, esposo de Lilly, se realizó la vasectomía. Ambos tenían claro, desde el noviazgo, que no querían ser padres.
En julio de 2025, una alteración en el ciclo menstrual de Lilly la puso en alerta. La prueba de embarazo salió positiva, estaba embarazada. ¿Cómo es posible si tenemos una vasectomía hecha?, se preguntó. En entrevista, Lilly narra los detalles del procedimiento.
“Mi esposo se hizo la vasectomía en el centro de salud de Tampico, Tamaulipas en una de las campañas que tienen y nos dimos cuenta en ese momento que el procedimiento que llevan ahí es cortar y ligar y el procedimiento adecuado, entre comillas, es cortar, ligar y cauterizar. Este pequeño paso que se omitió fue lo que causó en nuestro caso, que hubiera una reconexión un año después. Entonces, eso conllevó a que yo me embarazara”, explica.
Lilly recuerda que ese momento fue muy fuerte para ella. Su fe se puso al centro y la hizo cuestionarse ¿Cómo es posible que si yo no deseo ser mamá me den esta prueba? Sin embargo, su decisión no claudicó, estaba completamente segura: no quería ser madre.
El acompañamiento como respuesta al estigma
Lilly reconoce que su experiencia es atípica, en su caso, su madre, su hermana, sus amigas y su esposo, acompañaron y respaldaron su decisión. Así fue como contactaron a la colectiva feminista Mujer Manglar en Tampico, Tamaulipas. Ahí una acompañanta de aborto, orientó a Lilly en su proceso.
“Recibí información oportuna, recibí cómo tomarme los medicamentos, se me mandó información de todo lo que tenía que hacer, lo que podía tomar, lo que no podía tomar, que tenía que estar acompañada en ese momento, si podía, ¿verdad? En ese momento pues el que me acompañó fue mi esposo”, recuerda.
El 25 de julio de 2025, Lilly aborto en su domicilio bajo el protocolo de mifepristona y misoprostol. Con el cuidado de su esposo y el acompañamiento de la colectiva, lograron un aborto seguro.

Imagen ilustrativa. Créditos: Elefante Blanco.
Lilly vivió su proceso de aborto con mucho dolor. A partir de su experiencia, subraya la importancia de que las personas gestantes cuenten con información completa.
Al respecto, Karla Figueroa, médica feminista, comenta:
“Cuando se empieza el proceso de expulsión pues regularmente puede haber náuseas, vómito, diarrea, escalofrío y el dolor tipo cólico. Es muy importante no vivir el proceso de aborto sin analgésicos, era un mito que había anteriormente. El sangrado va a ir aumentando gradualmente hasta la formación de coágulos y en uno de esos coágulos se expulsa el tejido”, explica.
Lilly abortó de forma segura desde casa
Una hora después de haber tomado los medicamentos, Lilly habría expulsado el tejido. Cuatro semanas después, una prueba confirmó que ya no estaba embarazada. Su aborto fue seguro, acompañado y exitoso desde casa.
Físicamente, Lilly describe su procedimiento como cansado. Mentalmente, dijo sentirse muy tranquila y en paz.
Aunque comúnmente, suelen asociarse sentimientos de culpa o depresión al aborto, análisis de Ipas Latinoamérica y el Caribe indican que estos síntomas están relacionados con contextos de estigmatización social.
Hoy, Lilly es acompañante de aborto. Ha orientado a tres mujeres tras recibir capacitación de la colectiva.
“Procuro decirles todos los escenarios, ser super empática y entender que cada proceso es único. Afortunadamente yo fui bien acompañada, escuchada, no se me victimizó, no se me juzgó, pero sé que no todas las historias son como la mía”
Médicas feministas: el acompañamiento desde la salud
Karla Figueroa se define como médica feminista y cuenta con más de 14 años de experiencia en salud sexual y reproductiva. Dirige una clínica de aborto legal en Ciudad de México y colabora a distancia con colectivas del norte del país como Matamoros Decide.
Su interés por acompañar la decisión de las personas gestantes a interrumpir el embarazo. Surgió a partir de su propia experiencia.
“Me di cuenta que en la medicina y en las áreas de la salud no veíamos tanto el acompañamiento y la sororidad con otras mujeres, eso es lo que me ha hecho reconocer que mi espacio puede ser un lugar seguro”.
Acompaña abortos desde Ciudad de México hasta Tamaulipas
Karla participa con la colectiva observando e interpretando ultrasonidos, orientando a las acompañantas a cómo brindar el tratamiento en caso de alguna patología o situación de complejidad para las pacientes. Así como posterior a la toma del medicamento.
“Nos acompañamos mutuamente, reconozco la labor que hacen las acompañantas y las colectivas porque han hecho un trabajo en todos estos últimos años que no hicimos las profesionales de la salud. Definitivamente, por temores, por mitos, por creencias en los hospitales y en las clínicas públicas y privadas no se brindó el servicio por muchos años. Y las compañeras estuvieron ahí para escuchar a las mujeres”.
El papel que desarrolla Karla a la distancia es fundamental. En Tamaulipas, no existen otros médicos o médicas que acompañen abortos. Ella misma ha tratado de localizar a otros profesionales de la salud, sin que hasta el momento haya podido identificarlos.
“El consultorio donde se atienden abortos, debe ser igual de cómodo que donde se atienden partos”
Como fundadora de Gineclinic, la médica identificó la importancia de brindar espacios seguros, cómodos y amigables para quien decide interrumpir su embarazo. Sus pacientes rondan entre los 20 y 35 años. Aunque reconoce que ha brindado atención a niñas desde los 12 años.

Instalaciones de Gineclinic en Ciudad de México. Créditos: Gineclinic.
Karla, quien es egresada de la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional, asegurá que la formación de los médicos nunca ha contemplado el acompañamiento de aborto.
“El aborto ha existido siempre en todas las eras de la humanidad y lo hemos hecho acompañadas de nuestros círculos cercanos como parte de las necesidades de las mujeres. Conforme han pasado los tiempos y se ha determinado que el aborto tenía un grado de criminalización, es como la profesión médica se alejó de este acompañamiento”. reflexiona.
La cifra negra, ¿Cuántas mujeres abortan en Tamaulipas?
Según el Observatorio de Aborto Seguro, en 2024 se realizaron 2, 343 procedimientos en Tamaulipas. Esta cifra corresponde únicamente a los abortos espontaneos y/o inducidos atendidos por unidades de salud. Excluyendo los abortos realizados en casa, con acompañamiento de las colectivas o en soledad.
Ese mismo año, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reportó 69 carpetas de investigación por el delito de aborto. Esta cifra fue histórica para Tamaulipas.
En Tamaulipas existen seis unidades médicas que ofrecen Servicios de Aborto Seguro (SAS). En el lugar, se brinda información ambulatoria del aborto y se utilizan tecnolgías seguras como medicamento y aspiración endouterina.
¿Cómo funcionan los SAS si el aborto es ilegal en Tamaulipas?
Alicia Cantú, integrante de la colectiva fronteriza, Matamoros Decide y Colectiva Xolotl, explica como es que funciona este sistema, siendo que, en Tamaulipas, el aborto no es legal.
“Sí está criminalizado el aborto en Tamaulipas pero hay algunas causales que hacen que el aborto sea legal en todo el territorio nacional. Si es resultado de una violación o si corre peligro la vida de las personas gestantes, estas causales no son punibles”, explica.
La NOM-046 establece que, en caso de embarazo por violación, una mujer puede acceder a un aborto médico legal, sin necesidad de presentar una denuncia penal.
Para ello, la colectiva también acompaña este proceso, exigiendo atención con perspectiva de género.
Acompañar el aborto en un territorio donde es ilegal: el testimonio de una acompañanta
En la frontera norte de Tamaulipas, específicamente en Matamoros, se concentra la mayor cantidad de acompañamientos.
Alicia Cantú lleva nueve años en esta labor. Junto con su compañeras, atienden a aproximadamente 100 mujeres al mes, algunas incluso de Estados Unidos.
Su lugar de residencia, no limitó su red de acompañamiento. Alicia creció en Matamoros, pero ahora vive en Tampico, desde donde continúa extendiendo su labor incluso, a regiones donde el aborto ya es legal.
“El que sea legal en un territorio no está exento de la revictimización, no está exento de los costos, no está exento de los privilegios que no todas las personas pueden pagar. Siento que al ser un acompañamiento feminista, pues también dignifica muchísimo, porque pone en el centro a la mujer”, afirma.
Salud es aborto
Para Alicia, el acompañamiento es necesario ante la ausencia institucional.
“Estamos haciendo el trabajo que no quiere hacer el Estado, ya sea por conciencia, por moral o simplemente porque se pueden evitar la fatiga”.
Sobre el futuro de la labor de las acompañantas de aborto, afirma:
“Me encantaría que ya no existiéramos por lo esto significa a nivel global, ¿no? Que la información asertiva está tan a la mano de cualquiera”.
La labor de las acompañantas de abortos resulta fundamental ante la falla del sistema de salud, el cual, ha eligido criminalizar y estigmatizar antes que proteger y salvaguardar la integridad de las personas gestantes.
Aún y cuando el contexto de ilegalidad permea, las acompañantas se imponen al estigma que acompaña la decisión voluntaria de interrumpir el embarazo. Mientras su labor prevalezca, las personas gestantes, no realizan más, este proceso en soledad.
** Los nombres de Lilly y Javier fueron modificados para proteger su identidad.
** Este trabajo fue publicado originalmente en Elefante Blanco como parte de una serie convocada por Territorial Alianza de Medios en el marco del 8M. Aquí puedes consultar su publicación.




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