Choix, Sinaloa.– El amarillo de las paredes del comedor escolar de Los Mimbres, una comunidad enclavada en la sierra de Choix de apenas 20 familias, da señales del abandono que padece.
En su interior hay objetos o “tilichis”, como dice la maestra Beatriz Valdés Castillo, quien da clases en la escuela comunitaria del CONAFE ubicada en esta comunidad de origen e identidad tarámari.
No es que quisieran que el espacio fuera utilizado como bodega provisional. Pero, pese a que cuenta con los utensilios y electrodomésticos necesarios para echarlo a andar, no hay comida qué cocinar.

Pese a que ya cuenta con utensilios y electrodomésticos para operar, la falta de comida para cocinar mantiene cerrador este comedor.
En noviembre de 2025, recuerda Beatriz, fue la última vez que el Sistema DIF Sinaloa entregó despensas a este comedor. Solo dos cajas recibieron para poder alimentar a al menos 24 niñas, niños y adolescentes que forman parte de esta comunidad y que buscan permanecer en las aulas.
La ficha del programa de alimentación escolar del Sistema DIF Sinaloa dice que cada despensa incluye cinco bolsas de 210 gramos de leche descremada en polvo; un litro de aceite vegetal; un kilo de arroz pulido; cuatro bolsas de 500 gramos de harina de maíz; dos bolsas de pasta integral de 200 gramos cada una; 10 latas de 140 gramos de atún; dos bolsas de 400 gramos de avena en hojuelas; cinco latas de 200 gramos con carne de pollo; tres kilos de frijol; un kilo de lenteja; tres latas de verduras de 220 gramos; un kilo de garbanzo; cinco latas de carne de res de 200 gramos cada una; un kilo de soya texturizada; una bolsa de 800 gramos de huevo en polvo; tres latas de 380 gramos de champiñones rebanados y cuatro bolsas de 100 gramos de cacahuates tostados.
En Los Mimbres, esas dos cajas tienen que alcanzar para alimentar a toda la comunidad escolar.

Caja de despensa del programa de alimentación escolar del DIF Sinaloa; dos como esta fueron enviadas al comedor de la comunidad tarámari de Los Mimbres.
Sin acceso a una alimentación suficiente -y la misma historia de la comunidad lo demuestra- muchos menores terminan dejando la escuela por temporadas para ir a trabajar al campo y poder comer.
“Si funcionara, muchos padres podrían verse beneficiados. Habría comida para todos, pero como no hay, tienen que salir a trabajar a los campos. Los niños se van de la primaria por temporadas y terminan viéndose obligados a trabajar”, dice.
En Los Mimbres se come lo que hay y cuando hay.
Tortilla con sal o muni, como le llaman al frijol, pero este solo lo comen cuando hay o se los donan. También comen chahuila, que en la lengua de los tarámari significa pitaya. En otras ocasiones comen maíz, porque hay o se los donan; a veces sacrifican sus gallinas para poder alimentarse.

El municipio ha apoyado a la comunidad con leches individuales y galletas, pero esto no es suficiente para garantizar el derecho a la alimentación de los niños y niñas tarámaris.
“Se come lo que hay y cuando hay. Pero si el comedorsito lo echan a andar, ahí podrían comer mis nietos”, dice Loreta, quien ha vivido toda su vida en esta comunidad.
Axel, a sus 11 años, ya sabe cortar las chahuilas. Las baja con un gancho y con sus manos las limpia para venderlas en la cabecera municipal. Mayo y junio son los meses en los que se dedica a esta actividad junto a su familia. También corta hechos, un fruto que sale de algunos cactus, de color amarillo y sabor ácido.
Esta forma de vida, dice la maestra Bety, ha impedido que los niños y niñas de Los Mimbres lleguen a la preparatoria. Con suerte, concluyen la secundaria. La comunidad lucha por echar a andar el comedor escolar, un proyecto que podría garantizar alimento y, con ello, la posibilidad de que los menores permanezcan en la escuela.

En estas comunidades es más común utilizar hornos de barros, afuera del comedor hay uno de este tipo.
“Luchamos para que abrieran la secundaria desde el año antepasado y apenas se logró el año pasado. Gracias a eso tenemos tres jóvenes estudiando”.
—¿Ha habido jóvenes que se hayan ido a estudiar la preparatoria o alguna licenciatura?
“No. Ninguno ha logrado salir. Tenemos un propósito: hay una niña de 15 años y, aunque no sabemos si se va a quedar en secundaria el siguiente ciclo escolar, estamos luchando para que continúe. Incluso queremos que sea educadora comunitaria. La estamos impulsando”, relata.
La alimentación, explica Beatriz, también podría ayudar a prevenir embarazos adolescentes. Cuando las niñas se van a trabajar al campo, en muchas ocasiones terminan casándose muy jóvenes con hombres adultos y se convierten en madres. Algunas querían estudiar, pero no había programas que les brindaran herramientas ni oportunidades para imaginar un futuro distinto.
El Sistema DIF Sinaloa reconoce al comedor de Los Mimbres. De acuerdo con una solicitud de acceso a la información (folio 251159700009325), este comedor educativo fue incluido en el listado como uno de nuevo ingreso.

Así luce el comedor por fuera, desgastado y sin usarse.
Sin embargo, el documento señala que atiende a 15 menores de edad, cuando en realidad la comunidad cuenta con al menos 24 niñas, niños y adolescentes.
En 2025, el DIF Sinaloa destinó 11 millones de pesos para alimentación en internados y albergues. Además, asignó 1 millón 664 mil 847 pesos al programa de alimentación escolar en modalidad fría.
Para 2026, el Presupuesto de Egresos del Estado de Sinaloa contempla destinar 8 millones 764 mil 784 pesos para la implementación de módulos portátiles de desayunos calientes del programa de alimentación escolar, además de 647 mil 994 pesos para utensilios destinados al servicio de alimentación.
En el papel, estos programas buscan contribuir a reducir las condiciones de carencia alimentaria en el estado mediante la entrega de apoyos que permitan complementar la dieta de las personas en situación de vulnerabilidad.
Pero en Los Mimbres la realidad es otra.

El comedor cuenta con tanque de gas y estufa.
Dos cajas con despensa es lo único que ha llegado al comedor escolar de esta comunidad enclavada en la sierra de Choix. Con eso se pretendió, en noviembre de 2025, atender a 24 niñas, niños y adolescentes tarámaris que viven en condiciones de alta vulnerabilidad.
El municipio ha donado algunas galletas y leches individuales. Pero en el comedor de Los Mimbres -el mismo que espera ser activado- todavía no hay comida suficiente para cocinar.
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