Francisco Zapata Nájera solo tenía una pregunta: “¿Cómo está mi familia?”

Fue rescatado con vida luego de 13 días atrapado en la mina Santa Fe, en el poblado Chele, del municipio de Rosario, al sur de Sinaloa.

“Venimos a rescatarlo, somos del Ejército Mexicano”, le dijo un militar cuando lo alcanzó a identificar y el minero a escuchar.

Fue un derrumbe el 25 de marzo en la mina que está compuesta de cinco concesiones al empresario Eduardo de La Peña Gaitan, de donde se extrae oro. En un principio se pensó lo peor, porque no había manera de tener contacto y dentro del yacimiento había material que tapaba las entradas y una inundación que daba seña de que podía estar muerto junto con otros tres compañeros.

“El agua estaba más arriba”, dijo al militar que todo grabó con una cámara especial, pues encontrar a Francisco da un respiro a este desastre.

El 30 de marzo se logró localizar al primer minero atrapado. El trabajador fue identificado como José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años; fue localizado alrededor de las 00:25 horas, en condición estable, aunque con signos de desorientación.

Ocho días después de la primera localización, y 13 del accidente –el martes 7 de abril a las 13:50 horas–, se localizó con vida a Francisco Zapata Nájera, de 42 años, originario de Papasquiaro, Durango.

Francisco se encontraba estable de salud, pero presentaba un cuadro fuerte de deshidratación, por lo que fue atendido de manera inmediata por el personal médico.

Durante las primeras horas del miércoles 8 de abril se logró localizar al tercero de los cuatro trabajadores. Ya no contaba con signos vitales al momento de ser encontrado por el comando de búsqueda compuesto por 300 rescatistas que han hecho de todo: barrenos, introducción de 3 kilómetros de cableado eléctrico, refuerzo de estructuras en zonas críticas, han tratado de minimizar riesgos con la succión de jales y lodo. Ha habido inspecciones con cámaras, recorridos con perros especiales de búsqueda de personas y sondeos en busca de señales.

Dentro de la mina hay también máquinas operadas con hombres especialistas bajo estrategias, órdenes, prisas, esfuerzo, sudor, esperanza y lo que sostiene al sitio es la terquedad de quienes no se rinden. Los que creen que la mina, aunque herida, no ha terminado de cerrarse.

Debajo del proyecto Santa Fe no solo hay roca y oscuridad. Hay nombres, padres de familia, voces que aún no regresan. Y mientras la tierra no termine de abrirse, nadie se moverá de su lugar.

Es un operativo mayor, que ha involucrado a elementos federales, estatales y municipales, desde el Ejército y Protección Civil hasta paramédicos que han hecho guardia durante casi 15 días, con la esperanza de encontrar al cuarto minero.

Esta mina ya tenía problemas, ha dicho José Alejandro Cástulo Colín, un compañero minero que logró salir antes del derrumbe. Días después del primer rescate contó que ese día había 25 hombres trabajando. Solo 21 lograron salir al derramarse la presa de jales que está sobre la mina Santa Fe. Cuatro quedaron abajo.

“La presa de jales la tenemos encima de la mina. Yo sabía que cualquier rato tenía que reventar. Entonces (cuando el lodo empezó a llenar el túnel donde estaba) luego luego se me vino a la mente la presa…”, dijo a medios de comunicación.

La advertencia solo era conocida entre los compañeros mineros, pues no hay un reporte oficial del concesionario ni del Clúster Minero de Sinaloa sobre un riesgo latente de derrumbes en la mina Santa Fe.

Con información de Albaro Sandoval

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