Al gobernador no le conviene que las reyertas por las candidaturas que empiezan a ser visibles en su partido se agreguen a la inestabilidad social, política y económica que presenta Sinaloa.
EDITORIAL
La ampliación a Badiraguato del conflicto interno en el CDS, teniendo a La Tuna como trofeo de guerra, de ni guna manera debe significar nuevos territorios que los criminales le ganan al Gobierno.
La pongan como la pongan, la crisis del campo en Sinaloa es igual aquí y donde sea porque el abandono del gobierno es semilla que únicamente hace germinar mayor atraso e inconformidad.
El sentimiento social está herido, experimenta miedo infundido por el crimen y orfandad asestada por el gobierno, sin que en estos momentos le importen los apetitos de poder que se aprestan a pelear por la estafeta política.
El caso es que las renuncias, enroques o reacomodos muestran una de tantas crisis en que está inmerso Sinaloa.
Mazatlán también es parte de la crisis de la seguridad pública en Sinaloa y el plan gubernamental para rescatarlo como lugar seguro debe ir más allá de la llegada de refuerzos de fuerza pública y discursos que ocultan los peligros.
En medio del fuego cruzado, los sinaloenses ya no preguntamos cómo es que llegamos hasta aquí sino cuándo acabará esta barbarie.
El ataque al dirigente de los limoneros de Michoacán constituye el aviso a tiempo para evitar que la narcoguerra escale en Sinaloa a similares atrocidades.
Los principios sobre los que orbita la Cuarta Transformación en Sinaloa, de no robar, mentir ni traicionar, valen igual para que ningún funcionario o proveedor lucre con las necesidades de los más marginados.
Pareciera que mientras en Sinaloa más se habla y se hace para recuperar la paz, el crimen sube de nivel la violencia y reto a las autoridades e instituciones.