Está a la vista que la disposición que dictó Calendario Ortiz va encaminada a defender la permanencia del Partido Sinaloense dentro de la UAS y de ninguna manera optó por proteger a la Universidad del grupo que ha utilizado al centro de estudios como ariete político.
EDITORIAL
Bienvenida la disposición mostrada por los coordinadores de las bancadas legislativas siempre y cuando sepan conectar con los ciudadanos en general, a quienes se les necesita unidos ante la emergencia de pacificar a Sinaloa.
Resulta acertada la medida de atender al centro comercial de Culiacán, pero toda la ciudad capital, y actividades empresariales del sur del estado asediadas por el crimen organizado necesitan de la intervención urgente del gobierno.
Al salir con una Ley Orgánica cercenada en lo oscurito se dañó la larga jornada que los universitarios han empujado para hacer posible que la UAS finque su destino en la academia de mejor calidad.
Los sinaloenses reclamamos toda la fuerza del Estado para abandonar los escondites en que nos tiene el miedo.
La marcha del Culiacán Valiente debe abrirle sendas de coordinación a todos los grupos de ciudadanos para el surgimiento de un planteamiento construido desde la unidad cívica que demande a los gobiernos federal, estatal y municipal la construcción de salidas confiables y de certidumbre hacia un Sinaloa sin violencia.
La justificación de revisión de armamento no resiste el tamaño y lentitud de tal acción sobre todo si la seguridad pública debe desplegarse de manera total en la escalada de violencia que perturba a la gente de Culiacán.
El Gobierno del Estado y la acción de Secretaría de la Defensa Nacional y Guardia Nacional deben aumentar su margen de contención del crimen hacia el resto de Sinaloa en amparo de las comunidades que no ven otra ley aparte de la que les impone la delincuencia.
La percepción de desprotección que subsiste en las aulas es real, tiene fundamento en hechos repetitivos que significan alto riesgo para la población.
La fiesta del 493 aniversario de Culiacán puede esperar por la emergencia que determina la prioridad de levantar lo que está caído.