La CIDH expresa su profunda preocupación ante la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela, en la noche entre el 2 y 3 de enero de 2026, que resultó en la detención de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Y también insiste:  ̶ La Comisión reitera sus llamados sucesivos para que en Venezuela se reconstituya la institucionalidad democrática, con pleno respeto a los derechos humanos del pueblo venezolano, y el restablecimiento de los principios del Estado de derecho. Y quienes hemos luchado desde hace más de medio siglo en el campo de los derechos humanos no podemos menos que suscribir esas declaraciones de la CIDH.

El mundo vive momentos muy complicados, con al menos 21 conflictos regionales armados, que se agravan con la reciente intervención militar en la República hermana de Venezuela. El balance internacional al concluir 2025 no es muy halagüeño: la desigualdad social se ha profundizado, pues el 10% más rico posee el 75% de la riqueza mundial y la mitad más pobre apenas el 2%; el desempleo cobra fuerza, el crecimiento económico para este 2026 tiende a ser  menor que el año anterior, la inflación (los precios de las mercancías) aunque no se acelere seguirá siendo mayor a los años previos a la pandemia, agregando que los países pobres tendrán que pagar 415 mil millones de dólares en intereses por sus deudas públicas este año, lo que los obliga a desatender renglones prioritarios como educación, salud y la infraestructura básica que fomenta el desarrollo.

En resumen, menos de 60 mil personas controlan tres veces más riqueza que toda la mitad más pobre de la tierra. Y siete corporaciones, llamadas Las siete magníficas, que controlan las empresas de medios tecnológicos, entre ellos la empresa Amazon, son los que ahora dictan la política exterior e interior en Estados Unidos y juegan con el futuro del resto de la humanidad. Ellas no son ajenas a la situación que hoy vive Venezuela.

Antonio Guterres, Secretario General de la ONU ha manifestado alarma por la escalada en Venezuela, porque no se haya respetado el derecho internacional, pero no cita a asamblea extraordinaria de la ONU para analizar la crisis y sancionar al Estado responsable. Desde hace tiempo la ONU no tiene autoridad para ello. Por su parte; Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresó preocupación ante la intervención militar de EU en Venezuela, pero su llamado sólo convoca a las partes a actuar con moderación, respetar la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Ante este entorno económico y social internacional que nos regala más interrogantes que certezas y ante las estructuras de gobierno internacional tan desmayadas, hay una respuesta internacional de condena a la intervención gringa que deja herido el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. En esa movilización de conciencias a nivel internacional vuelve a tomar fuerza como en sus heroicos tiempos el apotegma de Benito Juárez: Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. Y cobra actualidad la llamada doctrina Estrada que ha ubicado a México en una actitud de justeza y dignidad ante los conflictos internacionales, pues reafirma la soberanía, la no intervención y la libre autodeterminación de los pueblos frente a la injerencia externa.

La experiencia de México en la relación con las potencias coloniales es tan dolorosa como la de nuestros pueblos hermanos: sufrimos la invasión española por 300 años, dos intervenciones francesas en 1838 y entre 1861 al 67; cuatro intervenciones gringas: la primera con la invasión a Texas en 1836; la segunda en una guerra no declarada en 1847-48 en la que nos despojaron de más de la mitad del territorio nacional; la tercera en 1914 tomando y controlando el Puerto de Veracruz por varios meses y en la cuarta ocasión con la llamada Expedición Punitiva en Chihuahua en 1916 persiguiendo a Pancho Villa. Esas heridas mal cicatrizaron entre nosotros y a través de ellas recordamos la invasión a Cuba en 1899-1902, la realizada en Guatemala en 1955, en Panamá 1989, solo para hablar de ejemplos.

¿Por qué es vital para la vida de los países y el futuro de los pueblos hablar del respeto al Derecho Internacional de los Derechos Humanos? Ya lo probaron dos guerras mundiales: ninguna potencia puede tener las manos libres para imponer explotación, injerencia en asuntos internos o invadir otro país. Se creó la ONU y durante algunas décadas jugó un papel decente, pero en su origen lleva el pecado: por acuerdo de las naciones más poderosas se constituyó el Consejo de Seguridad. Cinco países son los miembros permanentes y tienen derecho a veto. Lo que pueda hacer la Asamblea General queda como buen deseo. Pero hay un recurso que ha costado muchos años de lucha y legislación que ahora debe tomar cuerpo: el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, pues son las Convenciones y Tratados internacionales que valen para tiempos de paz y de guerra, aplican para todas las personas y son obligaciones generales de los Estados. Al derecho a la libre autodeterminación de los pueblos hay que agregar el derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad, a la no discriminación.

La ONU puede tener ahora muchas limitaciones, pero la denuncia y la movilización internacional debe reclamar ahora la acción de la Corte Penal Internacional contra quienes están promoviendo la guerra y las agresiones a otras naciones. La rendición de cuentas también aplica para los agresores y tiene como referente la dignidad humana global.

Pero en estos momentos, como ayer, no faltan dirigentes políticos, opinólogos y comunicadores que aplauden las acciones de intervención e injerencia del imperio. En 1847, los llamados polkos salieron a las calles en la ciudad de México a celebrar la invasión gringa, mientras nuestros soldados patriotas combatían a los invasores en Monterrey, La Angostura, Cerro Prieto y Churubusco, entre otros puntos. Aplaudieron la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio nacional. ¿Qué aplauden los polkos de ahora? ¿El descaro con que Trump ha dicho que se quedan con el petróleo de Venezuela? Y como también nos adelanta el Hombre Naranja “que algo hay que hacer en México por el narcotráfico”, los polkos de ahora también se vuelven cómplices de toda agresión a nuestro país.

La solidaridad que los sinaloenses ofrecemos a Venezuela en estos momentos tan críticos en que su soberanía está en peligro, es congruente con nuestra cultura de respeto por la historia y el ser de todas las naciones del mundo y es coincidente con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Queremos la paz que descanse en el respeto al Derecho Internacional de los Derechos Humanos, al que contribuyó enormemente el diplomático mazatleco Genaro Estrada. No podemos permitir que las agresiones militares sienten precedentes como política internacional, aunque organismos como la OEA sean instrumentos de los EU.

¡Viva la soberanía de Venezuela! ¡Viva la soberanía de México! ¡Viva el Derecho Internacional de los Derechos Humanos!  

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