Para el espectador más cínico, «Buena Suerte, Diviértete, No Mueras» pudiera parecer una amalgama incómoda de ideas rechazadas (o recicladas) para episodios de «Black Mirror», pero con los recursos de un blockbuster y la calidad actoral que pudiera esperarse de uno.

Pero es la tonalidad en su narrativa que se mueve en un punto intermedio entre la sátira, la ciencia ficción y la comedia de lo absurdo la que le permite destacar como una de las granes sorpresas estrenadas en este año. Especialmente ante el nulo trabajo de promoción durante su distribución en cines.

En sus poco más de dos horas de duración, el espectador se sumerge en un universo narrativo impregnado por la paranoia ante el uso desmedido de los celulares, las redes sociales, la eterna apatía de la generación Z hacia los mayores y la inteligencia artificial.

Pero a pesar de su aparente saturación de temas a tratar, la película logra permanecer balanceada, siendo uno de los trabajos mejor logradas hasta el día de hoy en la carrera del director Gore Verbinski, conocido mundialmente por su labor en la trilogía original de «Piratas del Caribe».

Sam Rockwell interpreta a un extraño sujeto cuya apariencia es más cercana a la de un vagabundo que la de un viajero del tiempo. Aclamando que viene de un futuro no tan lejano, irrumpe en una cafetería nocturna advirtiendo a los comensales de una catástrofe que pudo ser fácilmente prevenida de no ser por la adicción tecnológica de la sociedad.

Pese a la negativa de los demás a escucharlo, insiste en que este discurso ya lo ha repetido más de cien veces en sus múltiples intentos por frenar a una peligrosa inteligencia artificial, reclutando en su lucha a diferentes personas en ese lugar en cada escenario fallido.

Al demostrar que conoce el nombre de todos, lo que hicieron ese día e incluso lo que estaban por ordenar, logra juntar a un variado grupo de personas en su cruzada por neutralizar una inteligencia artificial que someterá a la humanidad.

Zazie Beetz y Michael Peña son una pareja de profesores de secundaria, Juno Temple es una mujer aparentemente nerviosa que parece ocultar algo, mientras Haley Lu Richardson interpreta a una joven irritada que por aluna razón está vestida como una princesa de cuentos de hadas.

La cinta toma una estructura episódica donde cada interludio nos presenta diferentes conceptos y elementos que componen esta extraña versión del mundo contemporáneo infestado de adolescentes zombieficados, clonaciones y un extraño fenómeno que brinda a uno de los personajes una fuerte alergia a la tecnología y las señales de Wi-Fi.

Cada uno de estos interludios conforman un intrincado rompecabezas que revela los orígenes de la inteligencia artificial antagónica, la cual busca controlar todas las funciones cognitivas de las personas a cambio de entretenimiento ilimitado.

El guión de Matthew Robinson (La Invención de la Mentira, Amor y Monstruos) no será completamente perfecto, pero reconoce por si mismo la ironía ante la fuerte crítica a la tecnología en un mundo que depende completamente de ella. Pero en lugar de resistirse, toma algunos pasos adicionales en remarcar la importancia de esta resistencia a las formulas cinematográficas, la complacencia al algoritmo y la implementación de la IA en el arte.

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