Por Cruz Antonio González Astorga
“¿A salvarnos? Deja de burlarte, amo de la venganza y de la muerte, pues no está permitido -ni siquiera a un Dios- dar a los que sufren una esperanza engañosa”
Jean-Paul Sartre
La política es de máscaras y personajes, se puede utilizar o desechar a alguien según la tendencia de la opinión pública, porque los medios (y los rumores que despiertan), imponen temas y agenda en Sinaloa.
Recuerdo los aires de triunfalismo alrededor del ahora repudiado Rubén Rocha Moya, cuando llegó a la gubernatura por la inercia expansiva de Morena en el plano nacional, no por las supuestas virtudes de candidato.
Los medios, aliados al poder, difundieron la idea de que Rocha Moya era de izquierda, vendiendo el producto de la alternancia con rostro humano. Se vino el desmoronamiento del personaje ante la escalada de violencia que no supo ni administrar ni resolver y hoy goza del repudio masificado.
Bajo el manto del pragmatismo, hay quienes defienden a Morena de la accidentada “desviación” de Rocha, desmarcándose lo que hace unos meses afirmaban; el respaldo. En política no hay accidentes, y el personaje, con todo lo que le rodea, no es algo fortuito del partido, sino su esencia.
En su última visita a Culiacán antes de las elecciones de 2018 (en la calle Obregón), López Obrador dijo que gobernaría igual para los ricos y pobres, es decir, que su gobierno, en caso de ganar, beneficiaría a unos y otros. Este pensamiento se ha aplicado con precisión en ambos periodos de Morena; para los ricos concesiones y despojo de territorios, y para los pobres las becas y apoyos mensuales: los primeros duplicando sus fortunas (ni Salinas aspiró a tanto); los segundos, reproduciendo sus miserias como asalariados y asediados por un ambiente de violencia sistemática.
Si apelamos a la terminología clásica, ser de izquierda es ir contra un sistema de producción económica y social, en ningún momento el partido que se autonombra de izquierda (y sus integrantes) han enfocado la lucha donde se generan las desigualdades; no me refiero a la cobertura de los programa sociales, a expropiar la propiedad de los medios de producción.
Cuando el gobierno de Rocha entró en crisis económica, social y política, se hizo a un lado para intentar oxigenar el ambiente y la opinión pública imponiendo a Yeraldine Bonilla como sustituta provisional.
El cálculo mal realizado por parte de Rocha, de querer regresar a sus funciones como si nada hubiese pasado, le salió el tiro por la culata. Se dio cuenta que no sólo era repudiado por la sociedad, los medios de comunicación le dieron la espalda y el partido lo desechó como una pieza desgastada, inservible, obsoleta.
Antes de mandarl a la banca (ni Endrick, jugador del Real Madrid esperó tanto) para calmar los ánimos sociales, Culiacán ya había tenido una marcha multitudinaria, luego del asesinato de dos niños que regresaban a su casa después de un evento en el estadio de los Tomateros convocada por el gobierno, como decía, !no pasa nada, salgan!
Las manifestaciones de la ciudadanía fue el punto de quiebre del gobierno de la 4T. Ni los medios interpretaron adecuadamente (salvo Río Doce), ni los asesores vieron en los gritos de la población un hartazgo sin precedentes, y, ni el partido, en las nubes del poder, hizo el balance crítico de lo que se estaba gestando, hasta la derecha (comerciantes, restauranteros y hoteleros) andaba de parranda y en su emgriagués omitió la oportunidad de, por lo menos, sacar la cabeza.
El partido siguió en las suyas, como si nada hubiese pasado, Rocha tenía el respaldo del gobierno federal, del ejército, y la prensa seguía transmitiendo sus mensajes cada vez más ríspidos, fuera de la realidad.
La mascarada de la política tiene sus bufones y alcahuetes; si la imagen de Rocha estaba desgastada (ni para el carnaval de Mazatlán podía utilizarse), sólo hay que sustituirla por otra imagen, que proporcione tiempo al partido de prepararse para los comicios de cara al 2027 y mantener el poder.
Graciela Domínguez Nava es el relevo de imagen, pero la política económica de Rocha, así como la estrategia contra los generadores de violencia sigue intacta. ¿Qué cambio realmente? No tanto la narrativa, evita ser contestataria ante los problemas que acechan al estado, pintando una realidad que no corresponde y más militares en las calles.
Preocupan los aspectos que tienen que ver con las formas de proceder; el expresidente de Mazatlán, hizo unas declaraciones sobre las candidaturas al interior de Morena, donde las encuestas le favorecían a él para contender por la gubernatura en las elecciones pasadas, sin embargo, AMLO impuso a Rocha, así como Claudia a Imelda Castro.
Las famosas encuestas han sido un simulacro que permiten imponer. No importa la opinión de la ciudadanía, ni siquiera la de sus seguidores: esconden (o revelan) la disputa por el relevo en el poder.
La maniobra de las corcholatas en el plano federal fue otro ejercicio de imposición de candidatos. Ahora evitan las encuestas y desde la Ciudad de México se designa a la Coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
No hay democracia como ejercicio de libre decisión y construcción social. Escamoteada en las encuestas sobre personajes elegidos por el mismo partido, y en no pocas ocasiones, nada que ver con los supuestos principios del partido y “el movimiento”.
Graciela Domínguez, como premio de consolación (porque la unidad está por encima de todas las fracturas) le dieron lo que resta de tiempo de la administración de su mentor, con la promesa, supongo, de trabajar en la federación una vez concluido su cargo estatal.
En política nadie pierde, sólo se cambia de puestos; es una brincadera de un lugar a otro donde la insolencia y desfachatez tiene premio según el impacto en la redes sociales; ahora se ensucian en las aguas negras, bailan por las calles, cantan en las fiestas, abrazan al populucho en pleno trabajo que le niegan acceso en sus oficinas.
Graciela Domínguez le ha dado vuelta a la página con sus declaraciones, pero la realidad (inocultable) la invoca con un ¿qué haces como autoridad? Sinaloa es zona de guerra, y ahí donde antes había “bienestar” ahora hay destrucción.
Ni la propuesta de un nuevo centro penitenciario son la solución (¿nos alerta de que habrá más presos?), ni ha sido el tener a los militares patrullando las calles, ni los programas sociales; los sectores más vulnerables de esta guerra son las mujeres y los jóvenes, son los que llenan las lista de desaparecidos y asesinados.
Lo de Graciela Domínguez en la SEPyC (por si alguien tiene memoria) fue un fiasco, durante su gestión se la pasó más en campaña por el sur de Sinaloa para contender por la Diputación Federal en el Distrito 1, que resolviendo los conflictos educativos y los derechos de los maestros.
Su estancia fue una plataforma para aspirar a otros puestos, la educación, en manos de caciques que controlan escuelas y regiones enteras, no sufrieron el mínimo rasguño en sus intereses, porque de esos caciques (¿cupantos votos representan los agremiados?) se alimenta el partido en el poder.
Graciela olvidó que fueron las maestras y maestros de Sinaloa quienes le dieron el respaldo para la diputación, porque se sentían (otro error de cálculo) identificados con ellas: todo fue una simulación, vaya, en el caso de Merary Villegas ni siquiera tuvo la delicadeza de responder los mensajes de los maestros jubilados del norte de Sinaloa, ya no los necesitaba.
La gestión de Graciela Domínguez en Educación no se distingue de sus antecesores, ahora la tenemos de Gobernadora, y lo que sea de cada quién, no se pierde nada repartiendo sonrisas y declaraciones de que se está avanzando, como tampoco se pierde nada con el coro que repite en las redes sociales en cada foto que aparece: ¡Graciela humanista, la patria te necesita!
Las formas de hacer política siguen estando intactas del periodo del PRIAN, se imponen candidatos como antes se destapaban a los tapados (era el argot lingüístico de la época), y la SEPyC es pista de aventureras (os) que buscan alguna diputación (ya saben cuál es el camino más efectivo, nomás no digan que lo leyeron aquí).
Corcholatas, tapados, encuestados, dedazos, imposiciones, coordinadoras, ¡cuántas formas expresivas que llevan a lo mismo!, y lo que falta, si en algo es exitosa la política mexicana es en ocurrencias, no se sorprendan si a la vuelta de la esquina se encuentran con una.

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