Por: Nuria González Elizalde, directora general de Mexicanos Primero Sinaloa
X/Twitter: @MexicanosloSin @GlezNu.
Hay viajes que permiten entender la educación más allá de lo que las estadísticas alcanzan a mostrar.
El nuestro comenzó meses atrás en Culiacán. Había que llegar hasta El Rincón de los López, en Badiraguato, para conocer la práctica del profesor Oscar Guadalupe Alvarado Barraza. Él había participado, junto con otros 18 docentes sinaloenses, en el Premio ABC 2026 de Mexicanos Primero, y su proyecto había avanzado a la etapa de visita. Era momento de conocerlo en su propio contexto: observar su práctica, escuchar a sus estudiantes y mirar de cerca la realidad de su escuela.
El trayecto comenzó con más de dos horas de carretera desde Culiacán. Después vino la terracería y, al final, el río Humaya, el cual tuvimos que cruzar en canoa para llegar a la comunidad. Íbamos el equipo de Mexicanos Primero Sinaloa para participar en esta etapa del proceso nacional. Conforme avanzábamos, la geografía comenzaba a revelar cosas que ningún expediente podía contar.
El Rincón de los López tiene una telesecundaria multigrado. Ahí, el profesor Oscar desarrolló “El tema común: estrategia para la mejora de los aprendizajes en telesecundaria multigrado rural”, proyecto con el cual articula aprendizajes de distintos grados a través de temas compartidos, con énfasis en comprensión lectora, expresión oral y trabajo colaborativo.
Eso habíamos ido a conocer: cómo un maestro organiza el aprendizaje de estudiantes de diferentes grados y construye una respuesta pedagógica a partir de las condiciones concretas de su escuela y su comunidad.
Ese día había llovido y El Rincón de los López estaba sin electricidad, algo que ocurre en la comunidad cuando llueve. Allí quedarse sin luz significa también quedar incomunicados, no hay red celular y la conexión a internet depende de la energía eléctrica. El profesor Oscar habilitó entonces la techumbre exterior como salón.
Ahí conocimos a sus diez estudiantes —seis niñas y cuatro niños— y observamos actividades de comprensión lectora, diálogo colectivo y trabajo colaborativo.
La escena mostraba su capacidad para adaptarse, pero también algo que con frecuencia olvidamos cuando hablamos de educación; que la escuela no está separada del territorio en el que se encuentra. Lo que sucede fuera de sus muros también condiciona las posibilidades de enseñar y aprender.
Y aquí conviene hacer una distinción. Reconocer la respuesta del profesor Oscar no significa romantizar las condiciones en las que trabaja. Su capacidad para resolver habla de compromiso profesional; las carencias de infraestructura y servicios remiten a responsabilidades que no corresponde asumir a los docentes.
Un buen maestro puede hacer una enorme diferencia, pero no deberíamos exigirle que haga milagros para garantizar un derecho.
Meses después, y luego de superar diversas etapas en un riguroso proceso de selección, la historia nos llevó a un escenario completamente distinto.
El 7 de septiembre, el Castillo de Chapultepec nos recibió bajo un cielo lluvioso. Dentro se celebraba la ceremonia del Premio ABC 2026, donde nueve maestras y maestros de distintas partes del país fueron reconocidos por prácticas educativas con impacto en el derecho a aprender de sus estudiantes. Entre ellos estaba el profesor Oscar.
Escucharlo ahí inevitablemente me llevó de regreso a aquella telesecundaria de Badiraguato. Ahora, frente a docentes de distintas partes del país, compartía una práctica que había nacido muy lejos de ese escenario, en su escuela, junto a sus estudiantes y a partir de una realidad que nosotros habíamos tenido oportunidad de conocer.
Confieso que sentí orgullo. No solamente porque un maestro sinaloense recibiera un reconocimiento nacional, sino porque por unas horas una pequeña comunidad de Badiraguato también se hacía visible. La experiencia de sus estudiantes, el trabajo de su maestro y una forma de hacer escuela desde el territorio habían llegado hasta Chapultepec.
Y quizá ahí está el sentido más profundo de reconocer a nuestras maestras y maestros, hacer visible su conocimiento, creatividad y compromiso, sin construir la imagen del docente héroe que puede contra todo.
De cara al 5 de octubre, Día Mundial de las y los Docentes, vale la pena recordarlo, reconocer a nuestros maestros no significa pedirles que hagan milagros. Significa valorar lo que hacen y garantizarles las condiciones que necesitan para hacerlo.
Después de 12 años sin que un docente sinaloense llegara este reconocimiento, el Premio ABC al profesor Oscar adquiere un significado especial. Más aún en el Sinaloa de hoy, donde la violencia y otras condiciones del territorio están trastocando también la vida de las escuelas.
La experiencia del profesor Oscar muestra lo que una buena práctica docente puede significar para sus estudiantes. Pero también nos deja una responsabilidad, generar las condiciones para que garantizar el derecho a aprender no dependa del esfuerzo extraordinario de un docente.
Aquella tarde pensé que el verdadero viaje había sido mucho más que ir de Badiraguato a la Ciudad de México. Hasta uno de los escenarios más emblemáticos del país había llegado la voz de una pequeña telesecundaria multigrado de Sinaloa.
Quizá ese reconocimiento también sea oportunidad para volver la mirada hacia tantas maestras y maestros que, desde realidades distintas, tienen algo que enseñarnos sobre lo que ocurre cada día en nuestras escuelas.


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