La carrera por la candidatura de Morena para el gobierno de Sinaloa ha mostrado cartas predecibles, otras asociadas a un régimen que se cae a pedazos y unas más, quizás la mayoría, se monta en la efímera memoria histórica de las personas y pretende que con el uso de las redes sociales se olviden sus errores y perfiles incompetentes.

Las y los aspirantes coinciden en el aval y acompañamiento que brindaron al casi ex gobernador Rubén Rocha Moya, y aunque ahora es tema tabú para ellos y hasta las fotos que se tomaron con él fueron borradas de sus perfiles en redes sociales virtuales, lo cierto es que la mayoría trabajaron a su servicio, y en las primeras semanas después del escándalo de las acusaciones de Estados Unidos hasta mostraron su respaldo público.

La marca del rochismo la llevan impresa hasta en los huesos, pero la apuesta de ellas y de ellos es a la frágil memoria histórica de los sinaloenses, a que la distracción del mundial de futbol y la asistencia a restaurantes vistiendo la camiseta verde sea suficiente para que, además, olvidemos las omisiones y deudas que esta clase política dejó a un Sinaloa herido de muerte por la violencia y el caos financiero.

Las madres buscadoras, los colectivos LGBT+, las viudas de policías, los defensores de la Bahía de Topolobampo, las miles de familias desplazadas por la guerra criminal, el campo abandonado, la crisis económica, miles de desempleadas y desempleados, las víctimas directas y colaterales de la violencia armada, las familias extorsionadas, secuestradas, el turismo en picada; son sectores que la mayoría de las y los aspirantes a la gobernatura de Sinaloa debieron atender, pero siempre optaron por la omisión, por seguir la línea que gobierna de la mano del meme y la ignorancia popular.

De esta forma pasaron inadvertidos en sus cargos como funcionarias y funcionarios, legisladores, gobernantes, con un trabajo mínimo en lo esencial pero una presencia grande en redes sociales virtuales y medios de comunicación masiva, y es que en tiempos donde la atención se atrofia debido al scroll infinito, la IA y otros dispositivos electrónicos usados desmedidamente (ya hemos escrito columnas sobre eso), llevar al pato Merlín a una conferencia de prensa es mucho más rentable políticamente que responder el reclamo de una madre buscadora.

El problema no es el pato Merlín, o La Gilbertona en el caso de Sinaloa (recurrida por Rubén Rocha Moya en su momento), la falla estructural es que las y los ciudadanos consumimos ese circo y desviamos nuestra atención de lo que realmente nos afecta, es decir, regalamos likes al show mediático del pato Merlín pero cuando vamos a comprar tortillas a un precio exorbitante lo único que nos queda es el pataleo, para después volver al teléfono a entretenernos con otra cosa, en una búsqueda infinita de escape de la realidad y de validación en una vida que no poseemos pero que el sistema nos dice que algún día llegará.

Hace algunas semanas el periódico New York Times publicó un trabajo de investigación respecto a la tendencia sedante –yo la denomino estupidizante– de quienes controlan el sistema político para que las personas comunes vivamos metidos en las pantallas, dando scroll infinito a videos y memes, porque está demostrado de que además de captar nuestra atención disminuyen la capacidad cognitiva. De esta forma, con una población que no razona bien, no argumenta, analiza, critica o reflexiona sobre lo que ocurre a su alrededor, es fácil gobernar a través de memes, con el pato Merlín, con candidatas y candidatos que dejan deudas estructurales a una ciudadanía que nunca atendieron, pero que se ponen la verde y apoyan a la selección mexicana de fútbol.

El trabajo del Times, que es retomado por el medio latinoamericano Minuto Crítico, establece que la nueva forma de “desigualdad cognitiva” que se esparce rápidamente por el mundo se fundamenta en que las clases populares son las que más consumen contenidos de entretenimiento en redes sociales virtuales e internet, mientras que los ricos educan a sus hijos lejos de las pantallas y los celulares, con libros, promoviendo el desarrollo del pensamiento crítico y analítico. Mientras que los primeros se entretienen con el scroll infinito su destino será servir, trabajar hasta la muerte en condiciones precarias pero persiguiendo el sueño de la superación, y los ricos, que tendrán ahora -además- la ventaja cognitiva, seguirán dominando el mundo.

Antier fue La Gilbertona, ayer el pato Merlín, hoy la selección mexicana, mañana un personaje pintoresco, y así, de meme en meme, de scroll en scroll, las y los candidatos de todos los partidos políticos, no solo de Morena, se montarán en la ola del entretenimiento para ganar votos, sin importar que su experiencia en los cargos que abandonaron solo dejó incompetencia, indolencia con los sectores sociales vulnerables, y un cinismo que creo, no habíamos visto en la clase política mexicana, al menos no en estas proporciones gigantescas, donde hablan de la selección mexicana pero no de los estragos de la violencia criminal, donde aparecen con “influencers” diciendo cosas “cura” y no sobre la crisis de seguridad.

Cuando los ciudadanos no pueden cuestionar los oligarcas gobiernan sin oposición real” concluye Minuto Crítico sobre el trabajo del New York Times, de tal forma que esta dicotomía de clases sociales que propone el periódico estadounidense, entre los que pueden “pensar profundo” y los que no, no solo es promovida por las clases gobernantes, se convierte incluso en política de Estado. ¿Han notado que en México se destina más presupuesto público al pago de becas a estudiantes de escuelas públicas que a las propias instituciones de educación? ¿Saben en qué gastan muchas y muchos universitarios el dinero de esas becas? ¿Qué preferirán esas niñas y niños, las y los jóvenes, su beca o un mejor sistema educativo?

La ignorancia siempre ha sido aliada de quienes controlan a las masas, desde las religiones hasta las clases políticas, se promueve incluso en las Universidades, sofocando el pensamiento analítico, el pensamiento crítico y reflexivo, con discursos que replican la lógica del poder al que sirven sin cuestionar.

Pensar profundo es ahora un privilegio de clase, y en un México donde el meme reina, el scroll nos despista de quiénes realmente somos y los likes nos validan, será sencillo afiliar al pato Merlín a un partido político y hacerlo presidente de México.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO