Culiacán, Sinaloa.- Permaneció dos horas escondida en el baño de la central de autobuses solo para despedirse de su novia sin que la familia de ella las descubriera. Es una experiencia que, años después, la investigadora Ana Isabel Sánchez Osuna utilizó en su tesis “Machorra Culichi: Emociones-cuerpo de la lesbiandad en Culiacán, Sinaloa”, para relatar como muchas mujeres lesbianas han tenido que vivir su orientación sexual entre el silencio, la necesidad de ocultarse y la resistencia.
Para Sánchez Osuna, responder cómo es ser lesbiana en Culiacán implica hablar primero de lo que significa ser mujer en Sinaloa, un estado donde aún prevalecen las normas de género que colocan a las mujeres en una constante presión sobre su apariencia y el rol que desempeñan dentro de la familia.
“Ser mujer en Sinaloa representa una normatividad del género muy específica, como mucha violencia estética, muchos discursos de la relegación de las mujeres al espacio doméstico, y también una valoración de las mujeres justamente desde su imagen y de su valor como mujeres en un entorno familiar, por ejemplo”, dijo.
Conforme a ello, el asumirse lesbiana en Culiacán implica romper con toda esta construcción del “ser mujer” y su papel en la sociedad. Lo cual, tiene un coste en lo familiar, lo social y lo laboral.
“Al ser lesbiana y tener una expresión de género no normativamente femenina, hay una situación de a lo mejor no encontrar tantos espacios laborales, por ejemplo. (…) Justamente los entornos de trabajo, sobretodo si se trabaja con población infantil, como maestras, por ejemplo, pues no poder visibilizar su orientación sexual y tener que tener mucho cuidado con su expresión de género”, dijo.
Añadió que como consecuencia del discurso estigmatizante, la discriminación y violencia que aún persisten en el entorno, muchas lesbianas optan por no visibilizar su orientación sexual, lo que les dificulta conectar con otras mujeres y construir comunidad.
Ante ello, deciden evitar las muestras de cariño en público o medir constantemente qué tan seguro es el espacio en donde se encuentran antes de tomar de la mano, abrazar o besar a su pareja.
Esta realidad está marcada en la tesis de Sánchez Osuna a través de un mapeo colectivo realizado como parte de la investigación. En él, un grupo de mujeres señalaron que los espacios concurridos son considerados los más riesgosos para expresar abiertamente su orientación sexual, como la plaza Forum y la plazuela Álvaro Obregón en el centro de Culiacán. Mientras que otros sitios como el Paseo del Ángel o algunos establecimientos frecuentados por la comunidad LGBT+, fueron percibidos como más seguros.
Sin embargo, la investigadora comentó a ESPEJO que la experiencia de ser lesbiana en Culiacán no está marcada únicamente por la discriminación, sino que hay activistas y colectivas feministas que están apostando a la apertura de espacios de organización y reflexión, que permiten a más mujeres vivir su identidad con mayor libertad.
“Al encontrarnos con otras mujeres lesbianas nos permite una identificación mucho más positiva, una resignificación del cuerpo, de la imagen, no solo como una resistencia a una feminidad normativa y muy violenta en este espacio, sino a una resignificación de lo que significa ser mujer de una manera mucho más libre”, dijo.
Por lo que, de acuerdo con Sánchez Osuna, ser mujer lesbiana en Culiacán implica aprender a habitar una ciudad donde existe una fuerte presión para cumplir con la construcción de la feminidad tradicional, vivir en un espacio donde persisten actos de violencia hacia las mujeres y discriminación hacia quienes viven una orientación sexual no normativa, pero también significa resistir y construir espacios de libertad.

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