En un punto indeterminado del siglo XVI en Inglaterra, los jóvenes William (Paul Mescal) y Agnes (Jessie Buckley) inician pese a la negativa de sus familiares una apasionada relación que escala a la formación de su propia familia.
Así da inicio la directora Chloé Zhao con «Hamnet», cinta que adapta la novela publicada en 2020 por Maggie O’Farrell, quién comparte créditos como guionista en esta producción.
La obra, titulada en inglés con el subtitulo «Una novela de la Plaga», imagina un escenario dónde el pequeño Hamnet, hijo del dramaturgo William Shakespeare, fallece a los once años a causa de la enfermedad ahora conocida como la peste negra.
Años más tarde, El Bardo presentaría por primera vez una de sus obras más importantes. Una sobre el dolor ocasionado por el duelo y la pérdida.
Algunas historias parecen existir bajo el propósito de ser adaptadas por un director o directora en específico y este es precisamente uno de esos casos. Zhao, quien desde cintas como «The Rider» y «Nomadland» ha presentado una fascinación por los inadaptados y las rotas personas que prefieren vivir al margen social, realiza una radiografía completa del surgimiento del amor y su desgaste aparente con el paso del tiempo.
En esta propuesta narrativa, William Shakespeare pasa a un segundo plano. Es a través de los ojos de Agnes en la que experimentamos el inicio de esta relación, las complicaciones surgidas ante las dudas de sus conocidos, la formación de su familia y es ella quién en carne propia es testigo de la tragedia que les marca.
Conocer o no el irremediable destino de sus personajes, ya sea por el contexto histórico o la narración de O’Farrell (la cual sobre el papel no es completamente lineal) no arruina la experiencia que Zhao a preparado en esta cinta.
Esto se debe en mayor medida al trabajo de sus actores, especialmente a la maravillosa interpretación de Jessie Buckley, cuya introducción en medio del bosque, acurrucada bajo un árbol contrasta su apariencia casi espiritual con un rojo vestido.
La forma en que Zhao contrasta las proporciones y las escalas de sus imágenes le brindan a la actriz un aura similar a la de un personaje salido de una fábula, complementando su desarrollo en la historia.
Y es que Agnes desciende de un linaje de mujeres que parecen poseer la habilidad de ver más allá de lo visible, cercana a las tradiciones paganas de antaño y por la misma razón, la aíslan del resto de la comunidad.
Además, el tratamiento que la película otorga a sus momentos de mayor dramatismo si llegan a ser lacrimógenos, pero no de una forma manipuladora. es que la historia no busca apuntar el golpe bajo al espectador. Es por medio de nuestro propio registro personal de dolor y pérdida que llegamos a conectar con su premisa.
Seria en sus últimos momentos cuando, de manera cruda, Zhao presenta una reflexión enriquecedora en la propia presentación de Hamlet ante el público, cerrando el ciclo del duelo en sus protagonistas sin parecer una acción redundante. Por que al final del llanto y los gritos de angustia, solo queda el silencio.x

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