No queremos que nuestros niños y niñas
crezcan escuchando balas y no risas.
Vecina de Guadalupe y Calvo, Chih.


No salimos del asombro de El Verde, Concordia y nos asalta Tapalpa, Jalisco.
Ambos rincones del país se vuelven emblemáticos de esta coyuntura que inició un 9 de septiembre de 2024 y que aún se resiste a obsequiarnos indicios claros de que su ocaso ya se vislumbra en el horizonte. Ciertamente esos puntos de la geografía nacional no aparecían como santuarios de personas cuyo oficio es el delito, pero los eventos que han protagonizado obligan hasta a los más escépticos a volver la vista. El Verde es un pueblo señorial, solidario una y otra vez con los grupos de desplazados por la violencia que buscaron refugio en sus hogares. En las cocinas de ese histórico pueblo las hornillas o las estufas nunca están apagadas, porque siempre hay comida caliente para el forastero que va de paso.

Tapalpa es una región con un amanecer anterior a la invasión española, la población otomí que la habitaba era pacífica, lo que pudo constatar Alonso de Ávalos cuando llegó en 1523 sin encontrar resistencia de parte del pueblo Atlacco. La comunidad mestiza es más antigua que Guadalajara y la disposición para el trabajo llevó a que en su jurisdicción se estableciera la primera fábrica de papel de América Latina en 1840, en tiempos en que la República no terminaba de constituir un proyecto definitivo de Nación y los peligros de los imperios europeos y de nuestro vecino del norte rondaban nuestras fronteras.

El Verde también tiene una historia para recordar, pues los totorames ya estaban asentados cuando Francisco de Ibarra arribó en 1565 buscando metales preciosos; sin olvidar la presencia de Acaxes y Xiximes en las faldas de la sierra. Los habitantes aguantaron el trabajo forzado en las minas y la colonización religiosa, pero entre 1601-03 se rebelaron. Esto forjó una comunidad inclinada a la paz y al trabajo, pero de carácter fuerte, “de pocas pulgas”. Tapalpa, durante el gobierno de Álvaro Obregón, cerró la producción de papel y encontró una vocación natural en el turismo, consciente de la riqueza de sus bosques y aguas y de la disposición hospitalaria de su gente.

Las dos comunidades viven ahora sus respectivas tragedias: una convertida en terreno de fosas y actos delictivos, la otra escenario de una detención que impone un nuevo elemento en la crisis. La saga de siglos que forjó una cultura de trabajo y paz, de pronto se ve marcada por eventos violentos que abren una nueva coordenada en el mapa nacional de la violencia. Esos acontecimientos serán un tatuaje permanente que marcará a esas poblaciones por generaciones.

Lo vivido en El Verde impone un antes y un después. Y Tapalpa aporta nuevos elementos a esa afirmación. Detrás de lo que ocurre hay una crisis mayor que invita a reflexionar sobre sus implicaciones a corto y mediano plazo. Entenderlo es crucial.

Comprender esta situación es determinante para explicar las expresiones de violencia y para desbrozar una ruta que conduzca al final de esta prolongada crisis. Es fundamental dimensionar lo que la crisis de seguridad, económica y social deja en la generación de infancias y adolescencias. Si no atendemos este reto, ¿cómo ayudaremos a quienes vienen detrás a superar los daños actuales? También debemos preguntarnos: ¿son más los daños que dejan las actividades ilícitas o los beneficios económicos que aparentan generar?

Para que el sistema económico funcione se requiere crecer al 3 por ciento anual, algo que no se ha logrado en los últimos años. Aunque se condene el dinero ilegal, en los hechos alivia una economía lenta, como lo muestran 2024, 2025 y el mal arranque de 2026. Ese dinero cuesta vidas y fractura el tejido social, pero también cuenta en el Producto Interno Bruto (PIB).

En una reciente reunión empresarial se concluyó que “Pacificación, la condición para recuperar la economía”. Pero el problema no es sólo gente armada en las calles; también involucra el destino y blanqueo de capitales dentro del propio sistema económico. ¿Cómo alcanzar la pacificación sin “borrar” la economía ilegal? El diálogo entre autoridad y sectores sociales es indispensable para encontrar rutas hacia la postcrisis. Es posible superar esta crisis de 17 meses, siempre que se escuche a la sociedad y se construyan coincidencias.

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