¿Lugar obligado para visitar en la Ciudad de México?, sin duda la Cineteca Nacional. Un verdadero oasis. Lo dije y vinieron a mi memoria las tres mejores películas que vi el año pasado. Amen de que ahí vas a ver buen cine, ese que llaman de culto, de joyas nacionales, internacionales, experimentales, alternativo, independiente y también un que otro churro que siempre se cuela —como “Las hijas de Abril”— el espacio que la guarda, es de esos pocos sitios dela ciudad alejados del ruido donde se disfruta la amplitud, los patios verdes donde puedes recostarte sin alarma y leer o simplemente ver las nubes, comer sencillo, tomar un café muy rico, una cerveza, escuchar un concierto al aire libre, presenciar la presentación de un libro, una charla con directores, comprar un regalo original, saludar a un actor que siempre aparecen, pagar medio precio, caminar al metro… sin duda todo lo anterior, y más, pero lo mejor siempre será ver una película memorable. Si las vieron ya dirán, si no, se las recomiendo, me parecieron joyas entre tanto caos propio y periférico.

Días perfectos; una oda a la rutina. Ver una película de 2 horas donde un hombre hace todos los días lo mismo nunca me pareció mejor mostrado que en esta historia. Esa rutinadiaria tan satanizada, tan de conformistas y perdedores que siempre nos han mostrado, donde nos repiten que la acción y la prisa son los retos de quienes conquistan el mundo se derrumba sutilmente con esta belleza filmica. ¿El protragonista?, nada menos que un hombre que tiene porempleo limpiar baños públicos; el trabajo más denigrante,pero que él realiza con esmero y con una dignidad que deja una lección en cada gesto. De pronto, en la vida de ese hombre solo, aparece la sobrina, quien le da un toque tan fresco y conmovedor que no puedes más que sonreir. Pero la música, ese soundtrack donde cada tema trae recuerdos queenmarcan perfecto en lo que estamos viendo en pantalla. Si al verla la gozas como lo hice yo, quizá disfrutes igual la escena final donde él va manejando su Combi, ve de frente el horizonte y escucha a Nina Simone; ese rostro final es el resumen de todo. ¿La ciudad?, Tokio, ¿El director?, Wim Wenders, grandioso.

Memorias de un caracol; un humor ácido, algo así como un caramelo envenenado que descubre felizmente el antídoto. Un película en stop-motion que parece que en esa técnica estará toda su magia; no, la historia es la manzana completa. Dos hermanos pequeños y que se adoran son separados cuando quedan huérfanos. Los dos van a dar con familias muy distintas y ambos mantienen el contacto a través de cartas. A ella la adopta una pareja sin prejuicios que viven el amor y paz; él, va a dar con una pareja de pervertidosreligios donde lo explotan junto con otro montón de adoptados. Ella se siente sola y triste, tanto que su miedo la hace encerrarse como caracol. Convierte su dormitorio en casa de caracoles de todo tipo; una triste acumuladora. En la vida de ambos no faltan los villanos, en la de ellos verdaderos canallas. Por fortuna aparece la excentrica Pinky, un personaje adorable que le enseña a Grace la frescura y la alegría de la vida. En esta pelicula entrañable y nostálgica se tratan los temas más escabrosos con una naturalidad envidiable. Eso, el tratamiento y el personaje de Pinky son dos faros luminosos. Más el descubirmiento final te pone la piel de gallina. ¡Toda una belleza! ¿El director?, Adán Elliot, si lees su biografía te preguntarás si acaso nos está contando su vida.

Y por último Flow; una película animada donde un gato negro naufraga tras una inusual inundación. No hay humanos, no hay voces sólo música. Otros animales aparecen, dejan un experiencia y se van; así como en la vida. Conmovedora. Al salir de la sala escuché a una jovencirta decir: “a veces te toca ayudar, y otras que te ayuden”.

¡Feliz 2026!

Comentarios: [email protected]

 

 

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO