LA CIUDAD QUE EL DIABLO SE LLEVÓ, se plantea en Varsovia, durante el proceso de supervivencia después de la segunda guerra mundial. El contexto: sobrevivir significa reconstruir las ruinas que dejó la guerra. Son cuatro los personajes narradores, sobrevivientes que dibujan una Varsovia que los alemanes hicieron pedazos y que los soviéticos ocupan con la autoridad de “salvadores”. Feliks con su cara de niño, su corta estatura y una esposa que le ha dado dos hijos, que le cuenta cuentos para que pueda dormir, como si fuera un hijo más. Kazimierz, un viejo solitario que sólo aspira a encontrar un puesto de conserje en alguna escuela de las que aún permanecen en pie. Ludwik, el sepulturero que convive con los muertos del panteón, con mayor cariño que el que jamás demostró con un ser vivo. Eugeniusz, sacerdote irreverente, alcohólico, cuyo único anhelo es hacer un milagro, como sería el de resucitar a un muerto.
Los cuatro habían coincidido en una revuelta popular que trataban de contener un oficial y algunos policías; Feliks, el cara de niño, le había susurrado al soldado al mando, que el número de contendientes era mayor a la capacidad del tranvía en el que pretendían llevarse a los alborotadores. Ante el desconcierto del oficial, Feliks se escabulló hacia el vehículo, seguido de tres de los presentes tan resueltos como él; dirigiéndose al asustado conductor del tranvía, le ordenó con fingida valentía “…si no arrancas, te arranco la cabeza”. Las carcajadas de los cuatro sería el preludio de una amistad inquebrantable.
La novela narra la resistencia de Varsovia después de la guerra y los cuatro nuevos amigos luchan contra el hambre, el frío, la falta de trabajo, las detenciones, siempre cuestionándose “¿Qué queda para volver a empezar?” Sin embargo no dejan de reunirse para beber el alcohol adulterado que llevaba Eugeniusz el cura, y se llenaban de una triste alegría participando de sus secretos por la supervivencia. Kazimierz, consiguiendo trabajos temporales nada perdurables. Ludwik el enterrador develaba su tarea de enterrar a los muertos que el gobierno lanzaba a su panteón, no sin antes registrarlos sin hallar nada que no hubieran obtenido otros. Feliks confesaba haber conseguido un local para exhibir y vender los productos que obtenía de los muertos de guerra, algunos de lujo que en ocasiones lograba vender. Su mayor secreto era haber conseguido un aparato con el que podía enviar mensajes en clave, sin respuesta alguna, hasta que es descubierto por la policía y llevado a la cárcel en la que se consuela con las visitas de su esposa y los cuentos que un anciano encerrado en la misma celda, le narraba cada noche. El enterrador contó, en una de las noches de borracheras, que ese día habían enterrado a la mujer más bella que jamás había conocido; llevó a sus amigos a conocerla consciente de la impresión que la muerta les causaría. En esos momentos pidió al cura que los casara “en la carne y en el espíritu”. El cura cumpliendo con sus obligaciones, casó a su amigo con la belleza muerta, haciendo señales a sus amigos para dejar solos a los recién casados. Cerraron la loza con la pareja por dentro con el afán de volver dos días después, tal y como el recién casado les había pedido. A pesar de la solemnidad con que habían llevado a cabo la ceremonia nupcial, se olvidaron de ellos volviendo pocos días después para encontrar al recién casado casi muerto de frío. Eugeniusz vió su oportunidad de realizar su gran anhelo de revivir a alguien. Fue tanta su felicidad al ver a su amigo con un poco de vida recuperándose gracias a la botella de alcohol que nunca faltaba.
Los inseparables amigos habían sobrevivido a bombardeos, ejecuciones, al paso del congelado tiempo, al alcohol adulterado, al despotismo de los ocupantes, a las tentaciones del suicidio. A pesar de ello, habían permanecido vivos en la ciudad capital de la muerte.
La narrativa, revestida de una tristeza dulce y auténticamente poética, dá cuenta de la calidad de un extraordinario escritor como David Toscana.
La novela por la que le fue otorgado el Premio Alfaguara de novela 2026 “El Ejército de Ciegos”, llegará a las librerías hasta el mes de marzo de este año. El jurado del premio describe el texto como “Una fábula oscura y poderosa”.


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