Por: Luis Daniel Rodríguez, Investigador de Mexicanos Primero Sinaloa
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Las cifras educativas suelen presentarse como una fotografía del estado que guarda un sistema educativo en determinado momento. Sin embargo, su verdadero valor aparece cuando permiten observar lo que cambia a lo largo del tiempo, es decir, dónde se registran avances, qué problemas persisten y cuáles comienzan a mostrar señales de deterioro. En Sinaloa, la actualización más reciente de los indicadores educativos ofrece un panorama que merece una lectura cuidadosa. Lejos de mostrar una tendencia uniforme, los resultados revelan una realidad contrastante: mientras secundaria y media superior han registrado mejorías en algunos de sus principales indicadores, primaria presenta retrocesos que deberían llamar nuestra atención.

En septiembre pasado, la Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó el informe Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2025-2026, que actualiza información sobre cobertura, escolarización, eficiencia terminal y abandono escolar, entre otros indicadores. Su publicación resulta particularmente relevante para Sinaloa porque incorpora, por primera vez, datos de abandono y eficiencia terminal correspondientes al ciclo 2024-2025, el primero que transcurrió bajo el contexto de violencia e inseguridad iniciado en septiembre de 2024. Aunque estos indicadores no permiten establecer por sí mismos las consecuencias de esta crisis sobre la educación, sí ofrecen nuevos elementos para comprender cómo han evolucionado las trayectorias escolares durante este periodo.

Los resultados más preocupantes se encuentran en educación primaria. Después de alcanzar una cobertura de 99.5% en el ciclo 2023-2024, el indicador disminuyó a 98.6% en 2024-2025 y a 96.8% en 2025-2026. Una tendencia similar se observa en la tasa neta de escolarización, que considera a la población inscrita con la edad correspondiente para cursar este nivel: pasó de 93.6% a 91.3% durante el mismo periodo. En ambos casos, Sinaloa se ha mantenido por debajo del promedio nacional, lo que plantea desafíos importantes para garantizar el acceso oportuno a la educación.

Pero los retrocesos no se limitan a la cobertura. La eficiencia terminal de primaria, que permite aproximarnos a la proporción de estudiantes que concluyen este nivel respecto a quienes ingresaron a la cohorte correspondiente, disminuyó de 100.8% en 2022-2023 a 98.0% en 2024-2025. Aunque el resultado estatal todavía supera el promedio nacional, su evolución muestra una tendencia descendente. A ello se suma el comportamiento del abandono escolar, que pasó de -0.2% a 0.6% y posteriormente a 1% durante esos mismos ciclos. Este incremento adquiere mayor relevancia al observar la posición de Sinaloa respecto al resto del país: pasó del lugar 9 nacional en 2022-2023, al 20 en el ciclo 2023-2024 y al 30 en 2024-2025, ubicándose entre las tres entidades con mayores tasas de abandono escolar en primaria, únicamente por delante de Oaxaca y Michoacán. Así, mientras disminuye la proporción de estudiantes que concluyen este nivel respecto a su cohorte de ingreso, aumenta el abandono escolar y Sinaloa pierde terreno frente al resto del país.

El contraste aparece cuando observamos los niveles educativos posteriores. En secundaria, la eficiencia terminal aumentó de 90.4% a 91.8% entre los ciclos 2022-2023 y 2024-2025, mientras que el abandono escolar disminuyó de 2.8% a 2.4%. En educación media superior, los avances fueron todavía más pronunciados: la eficiencia terminal pasó de 69.1% a 75.8% y el abandono se redujo de 11.3% a 9.5%. Aunque estos resultados representan señales favorables, también evidencian desafíos persistentes, particularmente en bachillerato, donde la conclusión de los estudios continúa siendo una dificultad importante para una proporción considerable de jóvenes, pues 1 de cada 10 no logra concluirlo.

No obstante, existe una señal reciente que atraviesa los tres niveles: la disminución de la cobertura durante el ciclo 2025-2026. En primaria pasó de 98.6% a 96.8%; en secundaria, de 94.8% a 94.7%; y en media superior, de 94.0% a 91.1%. Si bien estas variaciones deben analizarse considerando factores como los cambios demográficos y la movilidad de la población, su comportamiento plantea interrogantes sobre la evolución del acceso a la educación en el estado.

¿Qué explica que primaria registre retrocesos mientras secundaria y media superior muestran avances en la permanencia y conclusión de los estudios? La información disponible no permite ofrecer una respuesta definitiva. Las diferencias podrían estar relacionadas con factores demográficos, dinámicas de movilidad escolar, características particulares de cada nivel o procesos que comenzaron antes del periodo analizado. Lo que sí muestran los datos es que los desafíos educativos no se manifiestan de la misma manera en todas las etapas de la trayectoria escolar y que, por tanto, requieren diagnósticos y respuestas diferenciadas.

Esta lectura adquiere una dimensión adicional en el contexto de violencia que atraviesa Sinaloa. Los indicadores de abandono y eficiencia terminal correspondientes a 2024-2025 constituyen una primera aproximación estadística a las trayectorias escolares durante el periodo posterior al inicio de la crisis. Sin embargo, sería incorrecto atribuir los retrocesos de primaria exclusivamente a la inseguridad, del mismo modo que resultaría apresurado concluir que las mejorías en secundaria y bachillerato significan que estos niveles no han enfrentado afectaciones. De hecho, el aumento del abandono en primaria comenzó antes de septiembre de 2024, lo que obliga a considerar procesos previos y otros posibles factores explicativos.

Además, existe una dimensión que estos indicadores no alcanzan a mostrar. Permanecer inscrito en una escuela o concluir un ciclo escolar no necesariamente significa haber contado con oportunidades suficientes para aprender. En contextos donde las actividades escolares se interrumpen, las familias enfrentan incertidumbre y la continuidad educativa se ve comprometida, es posible que las estadísticas de permanencia y conclusión no reflejen plenamente las dificultades que experimentan las comunidades escolares. Por ello, conocer cuántos estudiantes ingresan, permanecen y egresan resulta indispensable, pero también lo es saber en qué condiciones desarrollan sus trayectorias y qué están aprendiendo.

La actualización de las cifras educativas debería ser, entonces, mucho más que un ejercicio de publicación estadística. Sus resultados ofrecen elementos para reconocer avances, identificar señales de alerta y formular preguntas que requieren investigaciones más profundas. El deterioro de los indicadores de primaria, particularmente el incremento del abandono escolar y la pérdida de posiciones de Sinaloa a nivel nacional, exige una atención especial de las autoridades educativas para comprender qué está ocurriendo y definir estrategias que permitan revertir estas tendencias. Esto resulta todavía más relevante en un contexto de violencia e inseguridad que ha colocado nuevos desafíos sobre el sistema educativo y en el que contar con información oportuna y suficiente es indispensable para orientar las decisiones públicas.

Los datos muestran que no todo ha empeorado, pero tampoco que todo marche bien. Reconocer los avances en secundaria y media superior es tan necesario como atender los retrocesos de primaria. Porque el propósito de observar los indicadores no debería ser construir una narrativa de éxito o fracaso, sino comprender dónde se están ampliando las oportunidades educativas y dónde podrían estar debilitándose. Al final, las cifras solo adquieren verdadero sentido cuando se utilizan para garantizar que todas las niñas, niños y jóvenes puedan ingresar, permanecer, concluir sus estudios y, sobre todo, ejercer plenamente su derecho a aprender.

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