Mtro. Jesús Rojas Rivera
Leí con atención el manifiesto publicado por el Frente Amplio Democrático, en donde se hace un llamado a la sociedad mexicana para “evitar que prospere una iniciativa regresiva en materia político-electoral, en cualquier etapa del proceso legislativo”. El FAD tiene como fundamento y razón; impedir la restauración del antiguo régimen bajo cualquier forma o denominación. Lo cual me parece extraordinario, el gran problema es que, entre los firmantes, en afán de hacer grande el bulto, se mezcló agua limpia con pestilentes lodos.
El desplegado no es muy extenso, es más bien claro y puntual, centrado en objetivos y acciones concretas que parten de una reflexión sobre la reforma política que pretende imponer Morena y su mayoría en las Cámaras. Para quienes tenemos estudiando la democracia mexicana por más de dos décadas, muchos de los objetivos plasmados en el manifiesto hacen sentido.
Cuando el manifiesto invita a la defensa de las libertades, los derechos y la representación política efectiva, es inevitable recordar el trabajo pulcro de ciudadanos como el Dr. José Woldember, el Dr. Leonardo Valdés y mi respetada profesora María Marván Laborde. Cada uno de ellos, pioneros y constructores de las instituciones democráticas de este país. Congruentes ideólogos de una democracia más representativa y plural, impulsores de la cultura política democrática y promotores de tiempo completo del ejercicio de la ciudadanía plena.
Pero justo abajo, viene la firma de Lorenzo Cordoba Vianello, un clasista impresentable. Famoso por su estúpida burla a las comunidades indígenas. El mismo funcionario público que hizo del INE un restaurante de lujo en donde servían vinos de buena añada y cortes exquisitos. Un INE de privilegios para unos y nula inversión en promoción de la cultura democrática. Qué difícil debe ser compartir plana con el sepulturero del órgano electoral que no supo defender a su institución porque el desprestigio de su persona siempre fue mayor que la claridad de sus argumentos.
También firma Francisco Labastida Ochoa el exgobernador de Sinaloa señalado por sus viejos vínculos con la delincuencia organizada según notas del reconocido periódico The Washington Post, y al que otro de los firmantes de este mismo desplegado don Vicente Fox, lo acusó de “narcopolítico” y “mandilón” en ese inolvidable debate del 25 de abril del 2000. En donde Fox después de recibir las acusaciones y quejas de Francisco le dijo: “Señor Labastida, a mí tal vez se me quite lo majadero, pero a ustedes lo mañosos, lo malo para gobernar y lo corrupto no se les va a quitar nunca”.
Por ahí viene el nombre de Rosario Robles, que supongo es firma de Rosario Robles Berlanga funcionaria señalada y sancionada por millonarios actos de corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto y si le seguimos atrás en la línea del tiempo, su carrera se entrelaza con nombres como René Bejarano, Carlos Ahumada y Ramón Sosamontes en aquellos primeros videoscándalos que “Brozo” puso de moda en su famoso programa “El mañanero”. Un día un buen amigo me refutó al respecto: “Jesús, la Dra. Robles es una víctima del sistema, fue el chivo expiatorio del sexenio de Peña Nieto”. Aceptando sin conceder que así lo fuera, ¿también fue víctima de Bejarano, Ahumada y nada tuvo que ver con el financiamiento irregular de campañas políticas cuando el PRD ganaba todo en las corruptas calles de la capital mexicana?
Me reconforta ver las firmas de Rafael Pérez Gay lúcido columnista en Milenio, Federico Reyes Heroles, mi respetado Jorge “Güero” Castañeda, la profesora Jaqueline Peschard, el Dr. Hira de Gortari Rabiela, la periodista Denisse Dresser, Héctor de Mauleón, la columnista Bárbara Anderson, Guillermo Sheridan, el ex senador independiente Francisco Álvarez Icaza y mi colega mazatleco Juan Alfonso Mexia. Entre muchos otros que por espacio no logro colocar en este párrafo de sobresalientes.
Desmerecen sus nombres compartir plana con personajes de la calaña de Aurelio Nuño el flamante exsecretario de educación con Peña Nieto que no sabía “ler”, Graco Ramírez ex dictadorsuelo de Morelos acusado por el Obispo de Cuernavaca Ramón Castro de persecución en 2014, Jesús Ortega uno de los sepultureros del PRD que jamás fomentó la democracia interna de su partido y pugnó por la mañosa repartición de pluris entre las “tribus”.
Lo malo de meter agua limpia con sucia, es que la limpia se percude y la sucia nunca volverá a ser potable. Muchos de los ahí firmantes no son demócratas, sino todo lo contrario, son sanguijuelas del sistema, vividores eternos de los privilegios del poder cuya motivación de lucha es estar fuera de la nómina, los reflectores y el presupuesto. Perredistas que ya no tienen partido, priístas derrotados en las urnas y panistas peleados con su dirigencia nacional.
Mi respeto y solidaridad con las mujeres y hombres que honran el desplegado con sus actos de congruencia y su trayectoria pulcra al servicio de México desde la academia, la empresa, los medios de comunicación, el activismo sin partido y la política social. Por ellas y por ellos, es que, vale la pena reflexionar sobre lo expuesto. Si el Frente Amplio Democrático camina en la ruta de convertirse en Partido Político, espero no les pase lo que pasó en Sinaloa cuando dos representantes del autodenominado “Frente Cívico” se enfrentaron airadamente por el liderazgo local del movimiento. Luego le seguimos…

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