Justo hoy se cumplen 2 años de que inició uno de los periodos más trágicos en Sinaloa y me atrevo a decir el más complicado. 730 días de violencia sin parar, de miedo, de crisis, de incertidumbre, de cierres de negocios, de pérdida de empleos, de amigos y familiares abandonando el estado.

Con excepción del tiempo que pasé en la universidad, fuera de eso toda mi vida la he vivido en Culiacán. Aquí estuve en la crisis de violencia del 2008 y en la de 2017 y en esos años se vivió con miedo, pero nada comparado a lo que estamos viviendo en esta ocasión. Hoy el miedo nos paraliza y nos ha hecho modificar nuestras vidas por completo. Hoy nos sentimos vulnerables como sociedad.

En junio del 2026, según INEGI, el 90.8% de la población adulta de Culiacán sentimos que vivir aquí es inseguro. El miedo es un sentimiento y los sentimientos no se combaten con estadísticas ni discursos. Los últimos dos años el gobierno nos ha venido diciendo que ya todo está controlado y que los números y las gráficas y los datos dicen una y otra cosa, pero la realidad es que la percepción de inseguridad no ha bajado. 9 de cada 10 personas tienen miedo de vivir aquí.

¿Y qué hemos hecho los sinaloenses? Hemos aprendido a sobrevivir, a adaptar nuestras prácticas sociales y laborales. No creo que lo hayamos “normalizado”, pero sí nos hemos adaptado a vivir en esta anormalidad. ¿Por qué? Porque no queda de otra. Hubo quienes se fueron, pero la gran mayoría seguimos aquí a pesar de todo.

Lo más triste, además de las trágicas miles de muertes y desapariciones, de las pérdidas económicas y cierres de empresas y pérdidas de empleos, es la pérdida colectiva de la esperanza. Eso no lo podemos permitir. Por eso los que seguimos aquí algo tenemos que hacer para recuperar esa fe y esa esperanza. No podemos permanecer ocultos para siempre mientras que pasa la tempestad, por que cuando salgamos ya no habrá nada que rescatar.

En estos dos años ha habido un gran número de manifestaciones, publicaciones, marchas, reclamos, sugerencias, propuestas, reuniones, acuerdos, que han buscado mantener esa llama de la esperanza encendida. Sinaloenses que han alzado la voz y han dado la cara para poner su granito de arena en esta crisis. Por más mínimas o insignificantes que a algunos les puedan parecer, todos esos esfuerzos valen y será justamente la suma de ellos y de muchos más que están por venir lo que nos hará salir adelante.

Así que dejemos de pensar que el callar y reclamar a fin de cuentas es lo mismo solo porque no estemos viendo un resultado inmediato. No lo es. Callar solo perpetúa esta tragedia, en cambio expresando, reclamando, exigiendo y haciendo nuestra parte es justo como empezaremos a encontrar la salida de esto.

Este próximo domingo 13 de septiembre se llevará a cabo una marcha ciudadana para levantar la voz como sociedad, expresar y manifestar que estamos hartos de esta situación que estamos viviendo, exigir que quienes son los encargados y responsables hagan lo que tengan que hacer para resolverla. Una marcha donde mostremos empatía y solidaridad por aquellos vecinos que han perdido algo valioso. Donde demostremos nuestra dignidad, nos pongamos de pie y plantemos un límite del cual no estamos dispuestos a seguir cediendo. ¡Ya Basta!

Dejémosle muy claro al poder que no aceptamos sus atropellos, ni sus decisiones. Que vea el resto del país que la sociedad sinaloense no está avalando de ninguna manera lo que están haciendo. No somos cómplices, somos victimas y eso debe de quedar muy claro en la marcha. Su poder les da para comprar más poder, pero no para comprar nuestras conciencias, ni para limpiar las suyas. Que resuelvan y si no ¿para que están ahí? Ellos mismos lo eligieron y prometieron tener la capacidad para hacerlo, pues que resuelvan.

Invita a tu familia, a tus vecinos, a tus amigos, a tus colaboradores. Esta no es una causa partidista, es una causa ciudadana. No habrá reglas, cada quien es libre de expresarse como le parezca adecuado. Se vale gritar, se vale ir en silencio, se vale llevar pancartas, bocinas, ir de negro, de blanco o de cualquier color que elijas, llevar a los niños, a los mayores, lo que quieran, lo único que no se vale es no asistir, quedarse en casa y quejarse solo en redes.

Esta es una gran oportunidad de mostrarle a tu familia, a tus amigos y a tus vecinos de Culiacán que clase de persona eres. Demostremos empatía y solidaridad, dejemos a un lado en esta ocasión el conformismo, el miedo o el egoísmo.

Ahí nos vemos. Domingo 13 de septiembre a las 8 am en la Lomita.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO