¿Cómo que no usas la IA? me preguntó con asombro un joven director de cine. No tuvo empacho en decir que sus colegas mexicanos están atrasados en el uso de la inteligencia artifical. Mencionó que él escribe sus guiones con esa herramienta y al preguntarle si no lo consideraba una estafa, respondió que no, que la IA ahí está y hay que usarla, que sólo tendrás una respuesta satisfactoria —en este caso el guion— en la medida que sepas solicitarle lo que quieres: “si tu bagaje es miope, tu petición será muy pobre y la respuesta de la IA será igual de limitada”. Me pregunto ¿quién es el autor de ese guion? Una respuesta sería: miles o millones de personas que alimentaron al algoritmo —también él en la medida que participó para obtener la respuesta— sin embargo, un guion de cine que llevará sólo su nombre en los créditos. ¿Qué es realmente la inteligencia artificial? ¿Un conocimiento comunitario al servicio de todos? ¿Una herramienta que puede suplantarnos y poner en duda la propia identidad?, ¿una herramienta que nos reta a encontrar otras formas de convivencia? ¿Qué tan preparados estamos para semejante libertad?

Tener que probar que uno es uno ante la pérdida de un teléfono celular o de la credencial de elector, tener que descifrar imágenes y letras para decir ‘no soy un robot’, tener que dar claves alfanuméricas ante una máquina de voz para solicitar un servicio bancario y no titubear al dar respuestas a un sistema porque puede bloquearte y resultar tú el principal sospechoso, son momentos que no imaginamos presenciar y para los que más que nunca es necesaria una guía —aunque no lo creamos— en este mar digital. Pretender que estamos listos para engañar al algoritmo es como pensar no caer en el juego de una tarjeta de crédito; tan fácil como firmar para comprar lo que quiero… tan fácil como dar un clic para salir de mi ignorancia. No importa si lo dijo un científico, un divulgador, un filósofo, un lama o un cineasta… si antes la fuente era lo importante, ahora sabemos y confiamos que la IA dará la respuesta correcta… ¿cómo reconocer la falsa?

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