A Donald Trump no le interesa Rocha Moya, ni los narcos mexicanos ni los muertos por el consumo de drogas en los Estados Unidos, le interesa el poder económico global y para ello necesita apropiarse de los recursos de países que no tienen un dueño poderoso, como Ucrania, Palestina, Groenlandia, Canadá, México, Cuba y Centroamérica, ya sea mediante la presión económica (como en Cuba) la instalación de gobiernos incondicionales (como los de Argentina y Ecuador), el uso de la fuerza (como en Venezuela), o incluso de la invasión militar como en el pasado Estados Unidos lo hizo en Afganistán, Libia o Irak.
El sueño americano se ha vuelto pesadilla para los migrantes que cimentaron su futuro en la ambición de bienestar y libertades que le vendió un país en crisis que está llegando a su punto de no retorno. Tener que recurrir, a propósito, a develar sus intenciones imperialistas –que las élites del poder siempre negaron para ocultar—, podría ser un signo de desesperación ante la decadencia del imperio. Mostrar el arma en la cintura como amenaza para ganar una pelea, al estilo viejo oeste, puede asustar a muchos, pero ya no tiene el mismo efecto en una guerra, sobre todo si se pretende amenazar a quien produce las balas.
En Europa, Asia y Medio Oriente, las cosas a Donald Trump se le han complicado. No pudo terminar la guerra de Ucrania como pretendía, a su llegada, para quedarse con las “tierras raras” en una negociación con Rusia ignorando las opiniones de Zelenzky o la Comunidad Económica Europea. El conflicto con Irán se ha prolongado más de lo que esperaba y su reciente visita a China le mostró una arena distinta en la que Estados Unidos no tiene armas para subirse al ring y mucho menos ganar una pelea, por lo que popularidad de Trump rumbo a las elecciones de noviembre vaticina una eventual derrota del partido republicano, de ahí que su esperanza para mejorar el posicionamiento de su partido, de aquí a noviembre de este año, se enfocará particularmente en México con la narrativa de combate al narcoterrorismo.
Antecedentes
Durante décadas, empresas extranjeras y particularmente estadounidenses saquearon con impunidad los recursos nacionales con el consentimientos de los gobiernos del PRI y del PAN, hasta el 2018, cuando arribó al gobierno de México Andrés Manuel López Obrador, impulsado por un Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), registrado como partido político.
Durante seis años, las empresas extranjeras no sólo no pudieron seguir saqueando los recursos de México, sino que algunas fueron penalizadas por actos de corrupción en la obtención de concesiones y contratos, mientras que otras tantas empresas nacionales perdieron privilegios que tuvieron durante décadas a través de funcionarios y gobernantes corruptos. Y aunque ya no gobierna López Obrador, su popularidad y su partido le permitieron continuar su política en la presidenta Claudia Sheinbaum, por lo que Trump, para volver hacerse de esos recursos del territorio Mexicano, sin una invasión militar directa, tiene en México que superar un obstáculo: Morena.
El propósito es claro. Sacar a Morena del gobierno para volver a tener el control de la política, la economía y los recursos naturales de México como si éste fuera una estado más de los Estados Unidos, como los son Alaska, Puerto Rico o Hawaii, o como lo ha hecho con Ecuador, Panamá, Venezuela y Argentina, y pretende hacerlo con países como Canadá, Colombia y Cuba, aunque para ello se valga de estrategias ilegales.
Las razones son claras. Los pretextos son lo de menos, ciertos o falsos no importa. Las intenciones son políticas. No es casualidad que las acusaciones contra Rocha Moya y funcionarios morenistas las presente el fiscal federal del distrito sur de Nueva York, Jay Clayton, operador y golpeador de Donald Trump, el mismo que acusó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien fue secuestrado y extraído ilegalmente de su país para ser juzgado en los Estados Unidos. Y el mismo que fue encargado de investigar la relación de Jeffrey Epstein con Bill Clinton y otros enemigos políticos del presidente Trump.
Cuando los objetivos son políticos bastan las habladas de la oposición para enderezar un caso ante la justicia. Se trata de acusaciones mediáticas, no judiciales. Los fusiles y cañones de esta guerra son los medios de comunicación y redes sociales, respaldados por su aparato judicial, para difundir mentiras que tratan de convertir en verdades a base de repetición.
El secuestro y la extracción del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y la petición de extradición del gobernador Rubén Rocha, acusado de presuntos vínculos con el narcotráfico serían equivalentes a que cualquier país pidiera la extradición del presidente Donald Trump, para ser procesarlo bajo sus leyes por el cargo de terrorismo. ¿Acaso no es el terrorista más peligroso del mundo? Si basta con darle valor de pruebas a los dichos de la oposición, habría que preguntarles a las familias habitantes de los países bombardeados por órdenes de Trump en Palestina y o en Irán, si ellos sintieron terror al escuchar las explosiones de misiles destruyendo sus casas y matando a sus vecinos y familiares.
Narcos y terroristas, al servicio de EU
Si por decreto del presidente Trump, el narco es terrorismo, y el gobierno de los Estados Unidos no negocia con terroristas ¿cómo es que planeó y operó la captura del mayo Zambada en territorio mexicano y cómo es que tiene a destacados personajes del narco terrorismo colaborando con sus agencias gubernamentales para desestabilizar al gobierno mexicano? Algo similar está operando en contra de los gobiernos de Gustavo Pietro, de Colombia y Lula da Silva en Brasil, los otros dos países de América Latina con gobiernos progresistas y comprometidos con sus pueblos que no se han dejado someter a los caprichos del gobierno de los Estados Unidos.
Pero la estrategia no es nueva ni se ha aplicado solo en América Latina, sino desde mucho antes y en todo el mundo. Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, fue detenido y extraditado a los Estados Unidos por caragos de narcotráfico. Fue condenado a 45 años de prisión por un juez del distrito sur de Nueva York acusado de encabezar un “narco estado” en el 2024, pero fue indultado por Donald Trump en 2025, unas horas antes de la elección presidencial en Honduras.
En México, los principales líderes de los partidos políticos de la oposición, que gobernaron en el pasado, ante la escasez evidente de apoyo popular y electoral, no sólo han ido a pedir el apoyo de los Estados Unidos para que invada a México y se les regresen sus privilegios a cuenta de entregar los recursos nacionales al extranjero, sino que le han diseñado al gobierno estadounidense la estrategia política para destruir a Morena y volver a poner gobiernos al servicio (no de los mexicanos) sino de los intereses políticos y económicos transnacionales que encabeza el actual gobernante del vecino país del norte.
El narcotráfico, útil
El dominio más reciente de la narrativa política nacional gira en torno a la petición de extradición del gobernador de Sinaloa (con licencia) Rubén Rocha Moya y destacados políticos y funcionarios que forman parte de la 4T. Morena ha cometido errores y deberá pagar por ellos en las urnas, pero son los mexicanos quienes deben decidirlo, no un gobierno extranjero con versiones interesadas con las que buscan justificar sus verdaderos propósitos. Los recursos de México.
Es decir, no se trata siquiera de la verdad ni de la justicia, que el gobierno de Trump parece haber monopolizado como juez único del mundo, sino de una estrategia que focaliza las estructuras mediáticas para dominar la narrativa con una versión falsa repetida tantas veces que se llegue a considerar verdad y con ello justificar lo injustificable.
EU patrocina al narco desde el siglo pasado
Sin descartar que algunos de los señalados por EU pudiera tener algún vínculo con organizaciones delictivas, lo que sí es evidente es que la estrategia de EU contra políticos morenistas de Sinaloa, es política y no de combate al narcotráfico bautizado por Trump como narco terrorismo. El narcotráfico es sólo un instrumento, un medio del gobierno de los Estados Unidos para infiltrarse e influir en los gobiernos de América Latina.
Tampoco es un secreto que la guerra entre facciones del cartel de Sinaloa fue planeada y provocada con inteligencia más allá de la frontera mexicana, como sucede en la mayoría de las guerras promovidas por las agencias norteamericanas.
La jugada del gobierno de EU fue brillante, pero el propósito no era acabar con los carteles de la droga, sino utilizarlos para provocar una crisis de seguridad que desestabilizara al gobierno de México.
Solo pretexto para intervenir en México
La divulgación de las actividades del narcotráfico y sus vínculos con los gobiernos desde los años 40s del siglo pasado, promovido, asesorado y alentado por las propias agencias norteamericanas, ha resultado una buena estrategia para intentar desestabilizar al gobierno de Claudia Sheinbaum y atacar la base electoral de Morena donde radica la fuerza que les ha permitido a los gobiernos morenistas resistir los embates de los gobiernos de los Estados Unidos.
Combatir al narcotráfico en territorio mexicano acusando a los cárteles mexicanos de provocar entre 200 mil y 300 mil muertes estadounidenses es una falacia porque la droga transita por todo el territorio estadounidense para llegar a sus consumidores.
Mario Zamora en la CPAC, que EU intervenga en México
No es casualidad que el senador priísta Mario Zamora se frote las manos por empezar a gobernar Sinaloa, ante la solicitud de licencia de Rubén Rocha, si su partido (PRI) quedó tan desarticulado a partir del 2021 (la mayoría de sus principales cuadros abandonaron sus filas para sumarse a Morena), que en las elecciones locales intermedias sólo obtuvo tres de un total 40 diputaciones locales, a unas horas de que su jefe político, Alito Moreno, haya ido a pedir la intervención de Estados Unidos en México y de que el mismo senador Zamora, junto con otros destacados políticos de la oposición, haya ido a Washington a pedir orientación y apoyo ante la organización conservadora CPAC (Conservative Political Action Conference), de los Estados Unidos, para golpear al gobierno mexicano ante la falta de votos y apoyo popular para ganar la elección de gobernador.
Contraofensiva de EU
La jugada, propuesta, diseñada y asesorada por la oposición mexicana y aplicada por el gobierno estadounidense en Sinaloa (donde conoce de cerca la situación del tráfico de drogas porque la ha patrocinado y promovido por décadas) no está interesada en realidad en el combate al narcotráfico sino en descalificar y destruir la base electoral del gobierno morenista de Claudia Sheinbaum, con miras a influir en las próximas elecciones intermedias (de 2027), donde van en juego la mitad de las gubernaturas del país.
La respuesta es: ser de Morena y haberse afiliado a la 4T, un tipo de gobierno que se ha negado a ceder la soberanía y los recursos nacionales de México al poderoso vecino del norte. Ese es en realidad el pecado de Rocha Moya para haber sido acusado. Y el hilo se rompe por lo más delgado.

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