Culiacán, Sin.- La celebración del Día de San Juan, una de las tradiciones más importantes para la comunidad yoreme en Tehueco, se encuentra en riesgo ante un conflicto interno derivado de la designación de una gobernadora indígena que no es reconocida por todos los habitantes.
El origen de la disputa se remonta a mayo de 2025, cuando Gabriela Vázquez recorrió comunidades reuniendo firmas y copias de credenciales de elector. De acuerdo con testimonios, ofreció despensas a cambio de estos documentos, mismas que sí fueron entregadas. Posteriormente, se dio a conocer que asumiría como cobanara, gobernadora tradicional de Tehueco.

Centro cerrado y delimitado, hasta el corte de esta edición, continúa cerrado.
Sin embargo, su nombramiento no fue avalado por toda la comunidad.
La división quedó incluso plasmada en espacios públicos. En la iglesia de Tehueco, un fue colocada una lona en la que se exige el reconocimiento de Asención Vázquez Olivas como gobernador tradicional, afirmando que fue electo democráticamente y denunciado presuntos actos de corrupción, abuso de poder y usurpación de funciones por parte de actores vinculados al proceso de designación de la otra autoridad.
El mensaje también apela al respeto de la autonomía indígena y advierte sobre una posible violación al Artículo 2 constitucional, que reconocer el derecho de los pueblos originarios a regirse por sus propios sistemas normativos.

Mensaje dirigido a las autoridades para denunciar la falta de supuesta legitimidad en la elección de gobernadora indígena.
Desde entonces, el pueblo permanece dividido entre quienes respaldan a las autoridades tradicionales y quienes reconocen a Vásquez. La tensión no solo es política, sino que alcanza aspectos centrales de la vida comunitaria, como las prácticas religiosas y la organización de las fiestas.
“Ella no apoya nuestras tradiciones. No vino ni en Semana Santa. Además, no cree en ellas, su religión es distinta”, señaló un joven de la comunidad que prefirió el anonimato por el temor a represalias. “Nosotros elegimos a nuestro gobernador. Él sí sabe de nuestras fiestas”.
De acuerdo con integrantes de la comunidad, la figura de gobernadora tradicional implica el resguardo y control de espacios clave como el centro ceremonial y la iglesia. No obstante, en este caso, Vásquez no cuenta con el acceso a estos lugares, ya que parte de la población se lo ha impedido.

La población está preocupada por no poder hacer uso del centro ceremonial para las próximas festividades.
El conflicto escaló recientemente. El 31 de abril, un grupo encabezado por Vásquez acudió al centro ceremonial, rompió los candados existentes y colocó nuevos para restringir el acceso únicamente a su grupo. Testigos señalan que algunas de las personas que la acompañaban se encontraban en estado de ebriedad, lo que derivó en una confrontación.
Ante la situación, el gobernador tradicional electo –Ascensión, conocido como “Chon” por la comunidad– solicitó la intervención de la seguridad pública. Elementos acudieron al sitio y colocaron cinta para impedir el acceso a todas las partes involucradas.
Desde entonces, el centro ceremonial permanece cerrado.
“Si seguimos así, no va a haber fiesta de San Juan”, advirtió otro ciudadano.
La celebración, programada para el 24 de junio en la comunidad de Tehueco, en el municipio de El Fuerte, forma parte de una antigua tradición yoreme que incluye el “baño” del santo patrono en el río Fuerte, danzas de pascola, música y rituales para pedir lluvias en la temporada de siembra y bonanza para el poblado.

Al centro ceremonial le pusieron techumbre nueva en abril del presente año.
En medio del conflicto, también ha crecido la desconfianza. Integrantes del consejo de ancianos evitaron dar declaraciones, al señalar que se les advirtió sobre posibles represalias si hablaban con medios de comunicación.
“Nos dijeron que si platicábamos no habría apoyos para las fiestas”, comentó uno de ellos.
Además, habitantes reportan la presencia de jóvenes vigilando los accesos a la comunidad durante la noche, sin que exista información oficial al respecto.
Mientras no haya acuerdos entre las partes, el centro ceremonial seguirá cerrado y la organización de la festividad permanece en incertidumbre. La división interna amenaza con frenar una de las celebraciones más significativas para la identidad yoreme en la región.

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