Desde el martes 19 de mayo, contingentes de 28 estados llegaron a la capital en una de las movilizaciones agrícolas más grandes de los últimos años. Entre ellos viajaban productores de Sinaloa que, junto con agricultores de entidades como Tlaxcala, Zacatecas, Jalisco, Chihuahua y Michoacán, exigían atención del gobierno federal ante la crisis de rentabilidad que enfrenta el sector, particularmente aquellos que cultivan granos básicos.
Martín Lim, productor sinaloense y activista del campo que participó en la protesta, describió una jornada marcada por momentos de tensión, empujones y confrontaciones con policías capitalinos, en las movilizaciones de agricultores que paralizaron buena parte de la Ciudad de México durante al menos 8 horas el miércoles 20 de mayo.
Los tractores provenientes de Tlaxcala llegaron sobre plataformas de carga pesada. Según narró, los transportistas, que también se han unido a las protestas con demandas como seguridad en carreteras y auxilio frente a las frecuentes extorsiones por parte del crimen organizado, apoyaron el traslado para evitar que las llantas de los tractores se acabaran durante el trayecto. Sin embargo, al intentar ingresar a la ciudad, las autoridades bloquearon el paso colocando patrullas frente a los tráileres para impedir que bajaran la maquinaria.
Mientras unos manifestantes se desplazaron para ayudar a los de Tlaxcala, otra parte del contingente decidió trasladarse a la Secretaría de Gobernación para exigir diálogo con funcionarios federales. Ahí, la dependencia cerró accesos con cadenas y desplegó elementos antimotines para evitar una posible irrupción de los agricultores. Aunque no hubo heridos graves, sí se registraron golpes, empujones y forcejeos.
La molestia creció especialmente entre productores tlaxcaltecas y zacatecanos, los mismos que han denunciado agresiones previas durante protestas en casetas. En medio del enojo, algunos manifestantes incluso plantearon acciones radicales contra las instalaciones de Gobernación, como prenderle fuego con gasolina al edificio o reventar las cadenas con cizallas. “¿Apoco cree que esa cadena nos va a detener?”, le dijo uno a Martín, aunque finalmente prevaleció la negociación.
Horas después, autoridades federales ofrecieron abrir mesas de diálogo con representantes de cada estado, de parte de los sinaloenses, el enviado fue Baltazar Valdez, líder de Campesinos Unidos de Sinaloa. Los productores aceptaron retirar los tractores bajo el argumento de que su peso podría dañar el pavimento capitalino.
Uno de los mensajes que más resonó durante la movilización fue la defensa del maíz blanco nacional frente a las importaciones de maíz amarillo estadounidense. “Maíz americano para marranos, maíz sinaloense para los mexicanos”, formaban parte de los coreos de los manifestantes mientras mantenían bloqueadas las avenidas Paseo de La Reforma y Canal del Norte, dos de las más importantes de la capital de México. Este bloqueo se mantuvo desde las 5 de la mañana hasta pasada la una de la tarde.
Para Martín Lim, la movilización superó las expectativas de convocatoria. Calculó la presencia de alrededor de 5 mil agricultores provenientes de distintas regiones del país, incluidos cerca de 400 sinaloenses, entre quienes llegaron en camiones el martes y los que ya se encontraban en la ciudad. “Nunca había estado en una manifestación tan enorme”, dijo.
Mientras avanzaba la noche del miércoles, los contingentes comenzaron a organizarse para permanecer afuera de Gobernación, donde acamparon. Algunos prepararon comida en hornillas portátiles, otros repartían sándwiches, fruta y agua entre los asistentes y personas en situación de calle que se acercaban al campamento.
Cuando llegó la hora en que los burócratas salieron del edificio, los agricultores los despidieron gritándoles: “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”.
¿Por qué protestan los agricultores de Sinaloa?
El campo sinaloense viene atravesando una serie de crisis que han puesto a los pequeños y medianos productores contra las cuerdas. De entre todas, una resalta como la de mayor capacidad para herir al sector: los bajos precios de los granos.
“Tengo tres años que estoy perdiendo dinero. No saco lo que invierto en mi parcela. Entonces, no tengo otra opción de trabajo. Toda mi familia: mis ancestros, mis padres, mis abuelos, nos han dejado la agricultura. Estamos buscando que la presidenta voltee a vernos, que se establezca un esquema diferente al que estamos recibiendo, porque no está funcionando”, dijo a ESPEJO Ramón Valenzuela, productor de Angostura que se manifestó en la caseta de El Pisal el pasado 17 de diciembre.
Los agricultores acusan falta de seguimiento y de voluntad política por parte de las autoridades. Señalan que, aunque ha habido acercamientos, no existen acciones concretas ni un plan estratégico que garantice la estabilidad del campo sinaloense frente a contingencias climáticas y de mercado.

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