Por: Nuria González Elizalde, directora general de Mexicanos Primero Sinaloa
X/Twitter: @MexicanosloSin @GlezNu.
¿Qué significa ser niña o niño en una ciudad donde la vida se vive con miedo?
En Culiacán —y en muchas otras ciudades del país— hoy esa no es una pregunta abstracta. Es crecer aprendiendo a cuidarse antes que a jugar. La vida cotidiana cambió. Salir, moverse, convivir… todo se piensa dos veces. La gente vive en alerta, ajusta horarios, se repliega y, quizá lo más preocupante, empieza a acostumbrarse.
La ciudad se ha ido cerrando. Se convive menos. Se confía menos. Y eso también está cambiando la forma en que crecen niñas y niños.
Y esto no es menor, sobre todo cuando acaba de pasar el 30 de abril. Un día en el que hablamos de sus derechos y su bienestar, pero que también debería obligarnos a mirar cómo están viviendo realmente.
En Sinaloa, la violencia ya alcanzó de lleno a la infancia y adolescencia. En los últimos 19 meses, más de 250 niñas, niños y adolescentes han sido asesinados, y en los primeros once meses de esta crisis, 172 menores de 16 años han sido desaparecidos, de acuerdo con datos de la Fiscalía General de Justicia del Estado. Dicho de otra forma, día tras día esta crisis nos está arrebatando a niñas y niños.
Mientras unos mueren, otros simplemente desaparecen, sin rastro y sin respuesta. Hoy ya no solo no están en la escuela, sino que no estamos logrando garantizarles lo más básico que es vivir y poder ser niñas y niños.
No son casos aislados, sino una crisis que golpea directamente a la niñez y que deja claro lo tarde que estamos llegando para protegerlos. Hoy niñas y niños crecen con miedo, con menos espacios para convivir y menos oportunidades para encontrarse. La violencia dejó de ser lejana. Se volvió parte de su entorno, y cuando eso pasa, algo más profundo se rompe, el futuro deja de sentirse posible. La gente ya no planea; sobrevive.
En medio de esta crisis hay, sin embargo, un espacio que no puede darse el lujo de cerrar: la escuela. No solo porque ahí se aprende, sino porque es un lugar de apoyo y crecimiento para el bienestar, un espacio donde NNA deberían sentirse seguros, escuchados y acompañados. En una ciudad fragmentada, donde la convivencia se ha ido rompiendo esto no es accesorio, es urgente.
Si queremos que la escuela cumpla ese papel, hay que aprovecharla mejor.
Implica no perder de vista a niñas y niños, saber quién está faltando, quien dejó de ir y quién está en riesgo de abandonar. Escuchar a las familias.
Y también cuidar lo que no siempre se ve: el miedo, la ansiedad, el silencio.
Necesitamos escuelas donde no solo se enseñen contenidos, sino que docentes y directivos acompañen emocionalmente. Espacios donde niñas y niños puedan hablar, reconstruir confianza y volver a sentirse parte de algo.
Pero también hay que decir que lo que hoy está pasando no es solo una crisis de seguridad es una falla del Estado para garantizar lo más básico. Y frente a eso, la decisión de poner a la escuela en el centro como espacio de aprendizaje, cuidado y reconstrucción social, ya no puede postergarse.
No se trata de tener escuelas abiertas a medias, se trata de garantizar lo mínimo indispensable, como luz, agua, baños, y maestras y maestros bien formados, acompañados y en condiciones dignas, porque hoy, en medio de la violencia, la escuela es de los pocos espacios donde todavía se puede sostener comunidad.
Y en ese contexto, Sinaloa entra en un nuevo momento institucional. La llegada de una gobernadora interina no cambia por sí sola lo que viven niñas y niños, pero sí abre una oportunidad que no debería desperdiciarse, no para cambiar el discurso, sino para cambiar la prioridad.
Gobernar hoy debería empezar por una decisión básica, que ninguna escuela cierre por miedo y que ninguna niña o niño quede fuera. Poner a la escuela en el centro no es un gesto simbólico, es una condición imprescindible para empezar a reconstruir comunidad. Porque cada día que pasa sin una respuesta suficiente, es un día en el que seguimos llegando tarde. Y en este caso, llegar tarde significa algo que no deberíamos aceptar nunca más, que una niña o un niño menos esté aquí.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.