Desde la última vez que publiqué hasta hoy han pasado tantas cosas, cosas de las que hasta hace poco escribía. No he dejado de publicar por falta de temas, el mundo sigue yéndose en chinga rumbo a la chingada, hasta creo que a veces acelera; les digo, no han faltado los qué, solo  no he encontrado los por qué, los cómo, los para qué.

No es de ahora, de cómo me siendo ahora, que me he preguntado por el cómo le hacen otrxs para escribir. Sé que hay quien tiene una disciplina que, pese a todo, sigue escribiendo; yo no soy de esa gente. Sé también que hay quienes escriben por encargo, es decir, lo hacen de alguna forma autómata, lo ven como una tarea que hay que hacer y la hacen; tampoco soy de esa gente. Yo soy más bien de quien vomita las palabras.

Quizá sea asqueroso, pero el ejemplo es bien preciso: vomito palabras. Y como cuando vomitas, luego de hacerlo, hay una paz, un descanso del malestar de cargar dentro eso.

El pedo ahora es que no estoy pudiendo. Ya no puedo decidir que vomitar, no hay dique en mí, hay un revoltijo de palabras de las que no puedo aún escribir mezclada con otras que recién llegan. Antes había algo que las mantenía sanamente separadas, pero después de la muerte de mi papá, por dentro todo está roto, revuelto, mezclado, hecho bolas.

En este tiempo he empezado tantos textos, ni uno he llegado a terminar, menos a publicar. Todos dicen seguro que lo mismo: mi pedorra forma de ver el mundo, mi interminable queja sobre algo; pero por más conocido que sea el tema, no termino de escribir.

En algún punto de mi escrito, como animal agazapado, está un recuerdo. Salta un recuerdo de mi vida antes de esta deriva y divago. Entre los recuerdos y las malditas primeras veces me tienen con una pata en el buche: el primer día de muertos sin mi papá, la primera lluvia, el primer día del padre sin él…

Sepan que tengo ayuda profesional; sepan que estoy bien. Tan bien como se es posible. Sepan que me estoy permitiendo sentirlo todo y es justo por eso que, reconociendo que de esta no saldré siendo la misma, es que me pregunto:

¿Volveré a escribir?…

Se lo lavan.

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