Seguimos, seguiremos, siendo los mismos. Aseguramos que pasando la pandemia seríamos otros, que pasando la tragedia nada volvería a ser igual. Lo único que pedíamos era ser negativos, si la prueba daba positivo entrábamos en pánico. Al paso del tiempo, y de las pérdidas, nos descubrimos siendo los mismos de siempre. Seguimos pensando que el mayor capital que tenemos es el del dinero, cuando «la mala relación que tenemos con éste es lo que nos confunde», me dijo la gerente de un banco cuando hablaba de todas las cuentas que quedaron sin reclamar después de la pandemia. «Aquí no importa lo que tienes, sino con quien te relacionas», lo acabo de escuchar de alguien que lo soltó con malicia y entre dientes cuando caminaba sonriente y fresco hacia un grupo de personas con quien cerraría un jugoso negocio. Sí, funcionamos en comunidad, somos seres sociales, más ahora somos seres virtuales y visibles y medibles y opinables y fieros y omnipresentes, y nos sumamos al ímpetu colectivo y hacemos una fuerza contra otra fuerza que va igual de frente y con todo. Uno de los míos por todos los tuyos, y viceversa. ¿Cuál la razón si todos la tenemos? Y vamos a la iglesia y tenemos altares con santos y virgencitas y ayudamos y portamos escapularios y cumplimos mandas y nos santiguamos (leer las religiones, Roberto Blancarte, en Quiénes son (editorial UAS) y leemos libros y escribimos libros y damos conferencias y vamos a talleres y hacemos coaching y videos y simpatizamos con montones… es decir, aquí no hay buenos ni malos, al parecer hay caminos tomados y cada uno se trae su propio y verdadero cuento. Historias con protagonista, secundarios, secuencias, argumentos, cambios de tuerca, capítulos, escenas, intriga, tiempos, revelaciones, silencios, ruidos, muchos ruidos, líneas y líneas de ruido… Todos, al parecer, vamos en busca de lo mismo, un buen final, pero por distintos caminos.
Bien vale hacer silencios, que fluya el flujo de conciencia, revisar el personaje, los escenarios y los finales posibles. Quizá creamos necesario desenredar el fondo de la trama y puede que así dé un giro esta loca y envilecida historia… pero como siempre, el autor, tiene la última palabra.
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