El 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó una ofensiva militar en diversas zonas de Venezuela, incluida la capital Caracas, con ataques aéreos y bombardeos sobre instalaciones gubernamentales y bases militares, según diversas agencias internacionales. En el marco de esa operación, el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por fuerzas estadounidenses y trasladados a Nueva York, donde enfrentan cargos ante tribunales federales, de acuerdo con declaraciones oficiales de Washington.

El expresidente Donald Trump anunció que el país norteamericano “tomará temporalmente el control” de Venezuela hasta asegurar una transición ordenada, lo que ha generado críticas y preocupación internacional por la legalidad y consecuencias de la intervención.

En este contexto la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, retomó la Doctrina Estrada como eje rector de la política exterior mexicana, subrayando la postura histórica del país frente a intervenciones en asuntos internos de otros Estados.

¿Qué es la Doctrina Estrada y por qué sigue siendo clave en la política exterior de México?

La Doctrina Estrada fue formulada en 1930 por Genaro Estrada, quien en ese momento se desempeñaba como secretario de Relaciones Exteriores de México.

Estrada era diplomático, escritor y académico, y su propuesta surgió como respuesta a la práctica internacional de reconocer o desconocer gobiernos extranjeros, un mecanismo utilizado por potencias para presionar, aislar o intervenir políticamente en otros países.

Con esta doctrina, México estableció que no debía emitir juicios sobre la legitimidad de gobiernos ajenos, ya que hacerlo implicaba una forma de intervención en los asuntos internos de otros Estados, principio que desde entonces ha marcado la política exterior mexicana.

México había sido objeto de intervenciones extranjeras y desconocimientos diplomáticos tras la Revolución Mexicana. Ante ese escenario, la Doctrina Estrada buscó evitar que el país se convirtiera en juez de los procesos políticos internos de otras naciones.

La lógica era clara: ningún Estado tiene derecho a calificar o descalificar la forma de gobierno de otro, pues ello vulnera la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

Principios fundamentales

La Doctrina Estrada se sostiene en tres ejes centrales:

  • No intervención en los asuntos internos de otros países.
  • Autodeterminación de los pueblos para decidir su forma de gobierno.
  • Respeto a la soberanía y a la igualdad jurídica entre Estados.

Bajo esta visión, México no “reconoce” ni “desconoce” gobiernos, sino que mantiene, ajusta o retira relaciones diplomáticas sin emitir juicios políticos.

¿Cómo se aplica en la práctica?

En términos diplomáticos, la Doctrina Estrada permite que México:

  • Mantenga relaciones con gobiernos surgidos de contextos políticos complejos o controvertidos.
  • Evite respaldar golpes de Estado, invasiones o cambios de régimen impulsados desde el exterior.
  • Reduzca o modifique relaciones diplomáticas sin calificar públicamente a un gobierno como ilegítimo.

Esto no implica indiferencia, sino una postura de prudencia diplomática frente a conflictos internacionales.

En escenarios como lo sucedido el 3 de enero en Venezuela, la Doctrina Estrada reaparece como un marco de contención frente a la intervención extranjera.

Su vigencia radica en que establece límites claros a la injerencia política, militar o diplomática de otros países, incluso cuando dichas acciones son reconocidas públicamente por quienes las ejecutan.

A casi un siglo de su formulación, la Doctrina Estrada sigue siendo una herramienta central para definir el papel de México en el mundo. En un contexto global marcado por la polarización y el uso de la fuerza como instrumento político, este principio continúa funcionando como un eje de defensa de la soberanía y del derecho internacional.

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