Las posturas de liderazgos de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional respecto a la concreción de alianzas con miras al proceso electoral de 2027, refleja la debilidad de la Oposición en Sinaloa y la urgente necesidad de coaliciones al menos para conservar las cuotas políticas en los Congresos federal y estatal, así como en los municipios.

Sin perfiles que le signifiquen la confianza de la sociedad ni militancias y simpatías que hagan mayorías de votos, las siglas PRI y PAN delatan el derrotismo anticipado después de que en siete años de regímenes emanados del Movimiento Regeneración Nacional omiten el correspondiente control de daños causados por gobiernos priistas y panistas, perjuicios y agravios que los desplazaron del poder público.

De acuerdo con las posiciones que actualmente ocupan ambos partidos en el Congreso del Estado y presidencias municipales. estarían a punto de formar parte de la marginalidad electoral ya que el PRI corre el riesgo de ser desplazado a tercera fuerza política por el crecimiento de Movimiento Ciudadano y en PAN podría colocarse en los últimos lugares en el acopio de sufragios.

Competir contra Morena y los programas sociales del gobierno autodenominado Cuarta Transformación necesita de rentabilidad electoral que deriva de permanente trabajo de restauración de la imagen de los partidos tricolor y albiazul ya que, al contrario, no ejercen la función de contrapesos y en ocasiones han sido omisos o cómplices en cuestiones que degradan a los ciudadanos y sus derechos fundamentales.

Todo indica que la elección constitucional del 6 de junio de 2027 no será la posibilidad de que la Oposición recupere en México y Sinaloa espacios del servicio público como son los casos de gubernaturas, mayoría en la Cámara de Diputados federal o alcaldías y regidurías. En política sólo cosecha el que todos los días siembra y cultiva credibilidad y confianza y el PRI y PAN continúan con sus zafras de división, conflictos y elucubrando pactos que a la gente le generan sospechas.