Concordia, Sinaloa.- Son casi las 2:00 de la tarde, el sol pega fuerte sobre el asfalto cuarteado por el tiempo y el abandono. Fermín, de 68 años, se ajusta el sombrero y voltea hacia el camino que lo llevará a su casa en Chirimoyos, Concordia. Le espera una caminata de hora y media desde Potrerillos; más de 6 kilómetros de trayecto de subida con la única compañía de los zopilotes que vuelan en círculo sobre los cerros.

Hay quienes pagan por caminar kilómetros así, por el gusto de sentir el desafío de llegar a la meta, pero para Fermín solo es otro día más donde caminar es la única forma de llegar desde su trabajo a su casa, donde su pequeña milpa y animales esperan ser atendidos.

Él lo hace porque desde noviembre dejó de circular la camioneta que hacía de transporte para los pobladores de los altos de Concordia, cuando el chofer fue privado de la libertad, y otros más que lo intentaron, como Isabel Hernández, les sucedió lo mismo.

En Chirimoyos y otros poblados de la sierra de Concordia no hay transporte público, no hay médicos, medicamentos, clases presenciales y tampoco seguridad. Los habitantes — los que aún quedan — aunque con miedo, siguen resistiendo, sobreviviendo a la violencia y el abandono gubernamental.

Debido a la violencia que se ha intensificado desde que comenzaron los enfrentamientos entre Los Chapitos y Los Mayos, desde septiembre de 2024, los desplazamientos forzados han ido en incremento, ocasionando que en la actualidad, comunidades como La Guásima, El Magistral, Piedra Blanca, Chupaderos, Copala, Pánuco y la Guayanera se encuentren vacías.

Roque Vargas, habitante de Chirimoyos

Roque Vargas, vocero de comunidades desplazadas en el sur de Sinaloa, contó que desde que regresaron a sus hogares han enfrentado muchas dificultades y violaciones a sus derechos humanos como salud, educación, seguridad y alimentación.

Desde noviembre de 2025 las y los maestros no suben a dar clases presenciales debido al miedo por la situación de violencia, situación que repite entre el personal médico y de enfermería que desde julio de 2024 no han regresado.

“Conseguimos medicamentos apoyados por un colectivo de Mazatlán y una fundación que nos hicieron el favor de conseguirnos doctores, se estuvieron atendiendo en toda la región, con brigadas médicas (…) ya concluyeron en noviembre y ya estamos sin atención y sin medicinas y con muchos enfermos porque el cambio de la temperatura ocasiona que las personas empiecen a tener situaciones de fallas de salud”, dijo.

“Estamos olvidados”, afirmó Roque con una mirada penetrante, indicando que tampoco cuentan con suministros de alimentos, por lo que solo comen lo que llegan a sembrar y lo que sus animales llegan a producir.

La violencia y la omisión institucional los ha convertido en una región casi vacía, una región que sobrevive al miedo y la incertidumbre.

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