Mazatlán, Sinaloa.- La tía de Gael Alejandro pide perdón porque la voz no le alcanza, porque el llanto se le atraviesa. Se disculpa como si no tuviera derecho a quebrarse frente a otros. Y luego intenta explicar lo que no tendría que explicar nunca:
“Es el dolor el que nos tiene así porque tenemos una semana sin saber de él…”
Lo dice casi desplomándose, con una vez que no es suya. Es la incertidumbre la que habla por ella.
Se refiere a su sobrino Gael Alejandro Martínez Valdez, quien entró a la vorágine de las desapariciones en Mazatlán el pasado 2 de febrero. Eran las 10 de la noche, en el sector Pradera Dorada.
Después de esa hora, todo es suposición y miedo. Desde entonces, la familia vive detenida en esa noche.
DÉFICIT DE ATENCIÓN
Gael tiene 18 años de edad y padece déficit de atención. No retiene información importante, no se sabe los números de teléfono de su familia. Si se quedara solo en el malecón no sabría cómo volver a casa.
Esa fragilidad es la que más pesa cuando pasan las horas y nadie da razón de él a la familia. Su tía habla llorando:
“No es malo. Es un niño que se le hace fácil hacer cosas, decir cosas”.
Lo dice para defenderlo, aunque nadie lo esté acusando. Lo dice porque en este país los ausentes parecen tener que justificarse.
Gael, es noble, alguien que tampoco podría medir consecuencias ni intenciones ajenas.
La incertidumbre por no saber su paradero la dobla. Es esa misma cosa la que oprime a quienes buscan a los desaparecidos.
CUÍDENLO
“Nosotros no sabemos cómo haría él para regresar a la casa. Pedimos que las personas que se lo llevaron se apiaden de él. Si a él le preguntaran los días de la semana, no se los sabe. Batalla para contar los números”.
En la súplica no hay exageración. Es literal, como la ausencia. Gael no sabría orientarse solo, no sabría pedir ayuda de forma correcta.
Cada detalle que su tía menciona es una forma de decir: es vulnerable, cuídenlo.
La tía de Gael pide a la ciudadanía en general que si lo ven, lo ayuden. Y si no quieren ayudarlo directamente, que llamen a las autoridades.
La ficha de búsqueda describe a Gael de piel blanca y ojos verdes. Mide aproximadamente 1.60 metros de estatura, tiene el pelo lacio, castaño. Vestía una camiseta negra con la leyenda “Antisocial Club” y llevaba una cachucha con el personaje de Bill Millonario.
LLEGAR A CASA
Su tía habla por él y por toda la familia:
“Él es una persona con problemas de déficit de atención. Que donde lo vean que lo ayuden Que le den dinero para que él busque la manera de llegar a casa”.
Es una semana y es una ausencia. Es el mismo dolor que ha sacado a miles de familias de sus casas ante el cepo de las desapariciones.
Ella no se cansará de decirlo, de describirlo. Porque mientras Gael no vuelva, su voz tiene que multiplicarse en otras personas, en la posibilidad de que alguien lo reconozca y él pueda volver a casa a sanar a los suyos de ese dolor del que acaba de narrar su tía.
Son los rasgos de otro desaparecido. Señas particulares que la familia repite y repite porque se han vuelto su única esperanza.

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