Por Sofía Arana Velasco / @sofia.aranaa (IG) y Valeria Álvarez Pérez / @vale_alpez (IG)
La avenida Jesús Michel González puede ser entendida como un río, un río que antes corría lejos de la mancha urbana y su fuerza no representaba un peligro para nadie. El crecimiento de la ciudad la transformó en un canal que atraviesa colonias densamente habitadas, pero su diseño nunca se adaptó a esa nueva realidad: sigue siendo un cauce veloz, pensado para que los automóviles fluyan sin interrupciones.
Los peatones son los habitantes de las orillas, obligados a cruzar una corriente peligrosa sin puentes ni zonas de resguardo, expuestos a atropellamientos y largos rodeos. Mientras tanto, las autoridades de los municipios de Tlajomulco y Tlaquepaque continúan ampliando y pavimentando sus riberas para que los vehículos circulen aún más rápido, reforzando un modelo que prioriza el tránsito automotor y desatiende las necesidades de quienes viven y transitan a nivel de calle.
“No hay semáforos y pues tengo que pasar corriendo prácticamente”.
Lupita tiene 25 años y utiliza el transporte público en la Avenida Jesús Michel González (antes Prolongación 8 de Julio) después de Periférico Sur, avenida en el sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara, vía que cruza los municipios de Tlaquepaque y Tlajomulco. Usa el transporte público entre 3 a 5 veces por semana, su experiencia es parte de lo que cientos de peatones y usuarios del transporte público viven en su día a día. Cruzar corriendo una avenida para no ser atropellados, no debería ser una normalidad.
Según datos publicados por el IIEG, el cruce entre Periférico Sur con Avenida Jesús Michel González ha concentrado: 77 siniestros, con 19 personas fallecidas, 128 lesionadas, y un total de 222 individuos involucrados.
Gráfica que muestra la cantidad de los siniestros concentrados en el cruce entre Periférico Sur con Avenida Jesús Michel González por tipo de usuario.
Este volumen de incidentes no puede interpretarse como accidentes aislados: revela una falla estructural en el diseño de la vialidad que expone constantemente a peatones y ciclistas, y convierte un acto cotidiano —caminar— en una experiencia riesgosa, tal y como lo expresa Pablo:
“Ahorita que estoy de peatón, no me siento seguro”.
Ian, de 18 años, utiliza tanto el transporte público como el automóvil para llegar a su trabajo todos los días. El tráfico es otro componente crítico para entender la forma en la que se vive esta avenida, con traslados que pueden extenderse hasta dos horas debido a semáforos mal sincronizados y tiempos de luz verde insuficientes. La mala cultura vial agrava el panorama: no se respetan los cruces, la señalética es confusa y algunos pasos carecen de semáforo.
Pero la realidad se vuelve más dispar como expresa un usuario del transporte público que no tiene más remedio que usar el camión que atraviesa esta conflictiva avenida.
-¿Al día cuánto tiempo haces en transporte público?
Hora y media, dos horas, cuando me ha tocado en hora pico.

Interior del transporte público a su paso por Jesús Michel González.
Un corredor urbano de alta densidad
“No se prioriza al peatón por un modelo de ciudad influido por políticas capitalistas y por la cultura del automóvil”, es a la conclusión que ha llegado Karla Bañuelos, urbanista y Doctora en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad del ITESO.
La avenida Jesús Michel González se desarrolló originalmente como una vía para conectar zonas periféricas y facilitar el acceso a fraccionamientos construidos de forma desmedida y desorganizada desde la década de los sesenta. Durante años funcionó como una salida semi-rural hacia el sur de la ciudad, lo que le dejó una infraestructura básica.
Con el aumento acelerado de viviendas y con más en camino, como anuncian los numerosos letreros de nuevos desarrollos inmobiliarios, la avenida quedó rebasada. Por toda la avenida se leen anuncios de inmobiliarias y desarrollos: Ruba, Javer, Beltura, entre muchos otros.

Entre maleza y banquetas angostas caminan las y los peatones sobre esta avenida.
“Es una vía que no está pensada para la escala humana ni para el peatón”, ahonda Emma Morales, urbanista y Doctora en Estudios Urbanos y Planeación, quien además advierte que esta vialidad responde a criterios exclusivos de movilidad vehicular: amplias distancias y poca interrupción.
Mientras los elementos destinados a las personas son mínimos: falta de arbolado, nula señalética en paradas o pasos peatonales, cruces largos y alumbrado insuficiente. La lista es interminable.
¿Consideras que es una ruta segura para caminar?
Pues para caminar no, porque es mucha pasadera de carros.
La anterior respuesta de Amalia, de 16 años, hace evidente las consecuencias de no pensar en quien habita el espacio, en este caso quien lo transita, ya que para quienes usan esta avenida a pie, las deficiencias de la vialidad no son conceptos urbanos, sino obstáculos reales que condicionan su día a día.
La avenida quedó absorbida por la mancha urbana sin transformarse en una calle funcional, lo que la convierte en una “stroad”: una vía indefinida que no cumple con las condiciones de una carretera segura, lo que explica sus condiciones y la dificultad de garantizar seguridad en una zona que pasó de tránsito ligero a convertirse en un eje metropolitano saturado. Banquetas estrechas, falta de alumbrado y cruces deficientes son herencias de esta nula actualización para atender la carga vehicular y peatonal actual.
Este modelo responde a una tendencia de planeación en Guadalajara inspirada en el urbanismo estadounidense, donde se priorizan las grandes infraestructuras y lo que en este caso deja la mayor derrama económica: los desarrollos inmobiliarios, especialmente en zonas con mayor inversión como el poniente de la ciudad.
El resultado es una avenida que fragmenta comunidades, expone a los peatones, y concentra altos niveles de ruido y estrés urbano. A este escenario se suma el impacto de los fraccionamientos cerrados desarrollados desde los años sesenta, que fomentaron la dependencia del automóvil y redujeron la conectividad urbana.
Ante esta situación, las especialistas proponen adoptar el modelo de “Calle Completa”, reintegrar elementos como los bulevares arbolados, diseñar cruces más seguros, y frenar la expansión inmobiliaria en zonas sin infraestructura.

Vista cotidiana al tráfico desde el interior de un automóvil que circula por esta avenida.
Nuestra experiencia: una avenida que exige la guardia alta
Como parte de la investigación nos dispusimos a llegar a Tlajomulco centro atravesando Jesús Michel Gonzalez. Dos mujeres periodistas jóvenes, con libretas, celulares listos para grabar entrevistas y tomar fotos, y un par de zapatos para caminar.
Nos bajamos del Macro Periférico en la estación 8 de Julio, donde descendimos las largas escaleras y caminamos hacia la entrada de la avenida. Lo primero con lo que nos encontramos es un cruce, entre Jesús Michel González y Periférico. Un cruce sin paso peatonal ni semáforo, el segundo más peligroso de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), según datos del IIEG.
Después de lograr llegar al otro lado comenzamos a adentrarnos en la avenida. La vialidad nos dió la bienvenida con banquetas rotas y un olor a caño muy fuerte, acompañada por una confusión por parte de la falta de señalética: “¿Dónde se toma el camión aquí?” nos preguntamos.
Caminamos más –cuidándonos de los autos que dan vuelta continua– hasta el cruce con Av. Gonzalez Gallo, cuando por fin encontramos la parada de camión, después de preguntarle a un señor que vendía fruta. Al llegar preguntamos a las personas por el camión que llevaba a Tlajomulco centro, y nos subimos cuando llegó.
Al subirnos estaba lleno, así que tocó quedarnos paradas casi en la entrada y agarrarse fuerte. Al bajarnos quedamos del lado opuesto de la avenida, así que tuvimos que caminar al otro lado, en el cruce con Carretera San Sebastian a Tlajomulco.
Aquí nos encontramos con cuatro cosas: carros invadiendo el paso peatonal (por lo que había que rodearlos), personas pasándose el alto, acoso callejero, ruido fuerte y lugares nulos para descansar y resguardarse del sol.
La preocupación del peligro de automovilistas pasándose el rojo es una preocupación común, la compartimos con Michel (17) años quien señala:
“Cuando está la luz ya en naranja y se pone rojo, aún así se lo pasan. Entonces, tienes que esperarte que se paren totalmente o los cuidarte de motocicletas que van por el medio del carril”
Al encontrar nuestra siguiente parada de camión esperamos 20 minutos para subirnos, pero estar al pie de la avenida es una experiencia muy poco hospitalaria.
Para empezar, el ruido. Karla Bañuelos subraya que el ruido urbano crónico es aquel que supera los 70 decibeles, la exposición diaria de los habitantes a estas condiciones de ruido elevado genera afectaciones a la salud, no solo de manera auditiva, sino que también tiene repercusiones en el estrés. De todo se escuchaba, y muy alto: bocinas, las llantas chocando con el asfalto, los autos arrancando y motores. A esto se suma la incomodidad sensorial del calor y el sol pegando directamente.
Segundo, el acoso. Siendo dos mujeres jóvenes, nos sentíamos con la guardía muy alta. Es incómodo estar esperando al camión y que hombres en sus autos bajen la velocidad para observar de manera evidente y te toquen el claxon en repetidas ocasiones para llamar tu atención. Lamentablemente, esto sucedió todas las veces que caminamos o esperamos en las paradas ese día.
En Jalisco, 6 de cada 10 mujeres se sienten inseguras en la Zona Metropolitana de Guadalajara. El acoso callejero es frecuente, con 71.9% de mujeres de 15 años o más que han experimentado ese tipo de violencia en su vida (ENDIREH 2021).
Tampoco somos las únicas que lo han vivido sobre esta vialidad. Al subirnos a nuestro siguiente camión hablamos con Amalia (16 años), quien es una adolescente que cruza por Jesús Michel Gonzalez todos los días para ir a su escuela. Es peatón y usuaria del transporte público. Ella aborda la necesidad de modificar su vestimenta como medida de protección mientras utiliza o pasa por la vialidad. Al preguntarle por los principales obstáculos o dificultades que siente al caminar o usar el transporte, ella responde:
“Pues yo creo que la ropa. Tienes que ir con un pantalón completamente, por los hombres. Pitan y pitan”.
Después de un pequeño desvío (porque tomamos el camión que no era), buscamos una parada para volver a periférico, lo que –de nuevo– fue un poco difícil y confuso por la falta de señalética. Encontramos nuestro último camión y lo tomamos. Al subirnos nos dimos cuenta de las malas condiciones en las que estaba: “Este camión se va a desarmar”, pensábamos ambas. Había basura, temblaba y brincaba mucho. Aquí platicamos con Lupita (25 años), quien nos dijo algo similar:
“Es doloroso estar brincando” en los camiones debido al mal estado del pavimento.
Ella le pide a las autoridades municipales que arreglen los baches, pues los camiones “se hunden”. Esto ilustra la incomodidad que experimentan los usuarios del transporte público por el deterioro de los vehículos y la avenida.
El recorrido culmina con el entendimiento de que esta vialidad no está pensada para la escala humana, sino para el traslado rápido, dejando a sus habitantes a merced de un diseño que privilegia la velocidad vehicular sobre la vida.
La experiencia sensorial se resume en una agresión constante: resulta en un ambiente poco hospitalario donde la confusión por la falta de señalética, la sensación de inseguridad permanente, y la carencia de lugares para descansar o resguardarse del sol refuerzan la sensación de abandono por parte de las autoridades: el gobierno estatal del estado de Jalisco y Municipales de Tlajomulco y Tlaquepaque, en una avenida que exige la guardia alta.
La brecha entre la ley y su aplicación
El marco legal vigente en Jalisco refleja una visión de la movilidad que busca equilibrar el uso del espacio público. Esta legislación proporciona los instrumentos para crear un entorno urbano seguro y accesible, sin embargo, la realidad de la vialidad Jesús Michel González evidencia una brecha significativa entre la ley y su aplicación efectiva.
A nivel estatal, la Ley de Movilidad, Seguridad Vial y Transporte del Estado de Jalisco (2022) establece claramente que la movilidad debe priorizar a los peatones y ciclistas por encima del transporte motorizado. Esta norma obliga a los municipios a planificar calles con accesibilidad universal y adoptar medidas destinadas a reducir los accidentes viales.
A nivel federal, la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial (2022) introduce el crucial concepto de Visión Cero, considerando que ninguna muerte por hechos de tránsito es aceptable. Esta visión obliga a los gobiernos locales a implementar políticas de prevención y rediseño de infraestructura en vialidades de alto flujo como Jesús Michel González.
Además, documentos de planeación como el Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable (PIMUS) (elaborado por IMEPLAN en 2019) identifican esta zona sur del AMG como una de las más problemáticas debido a la falta de espacios seguros para peatones y ciclistas. Otros instrumentos técnicos, como el Manual de Ciclismo Urbano de Jalisco y la Guía de Calles Completas, complementan este marco al establecer criterios para un diseño vial más inclusivo.
El enfoque de Visión Cero no se cumple, ya que la avenida concentra una alta siniestralidad, y a pesar de la inversión de más de 66 millones de pesos impulsada por el partido de Movimiento Ciudadano (quienes mantienen el gobierno del municipio Tlajomulco desde 2012) en una ampliación que prometía incluir elementos de seguridad activa como banquetas y alumbrado a finales del 2017, persisten deficiencias críticas.
La falta de alumbrado público es un factor que contribuye a los accidentes y ha sido señalado directamente por choferes en incidentes fatales. Incluso, la infraestructura destinada a usuarios vulnerables fue revertida: la ciclovía instalada en Tlajomulco fue retirada también en el 2017 tras ser considerada peligrosa y no ha sido reinstalada, un acto que subraya cómo el diseño inicial no cumplió con los criterios técnicos para un entorno seguro.

Riesgos en ciclovía de Jesús Michel González.
Una avenida para todxs
La avenida Jesús Michel González sigue corriendo como un río desbordado. No de agua, sino de caucho, velocidad y ruido. Un río que no da tregua a quienes tienen que cruzar a pie todos los días para llegar a la escuela, al trabajo o a su casa.
Aquí, caminar no es solo moverse: es calcular, esquivar, correr, resistir. Es cuidar el cuerpo del auto, del acoso, del descuido, del abandono.
La ley dice que la movilidad debe proteger primero a las personas. Los diagnósticos ya señalaron los riesgos. Las cifras cuentan a los heridos y a los muertos. Pero en la calle, en el asfalto, esa protección aún no se materializa.
Mientras la infraestructura siga privilegiando la velocidad sobre la vida, esta avenida seguirá cobrando su cuota diaria de miedo, cansancio y riesgo. Y quienes caminan por ella, seguirán viviendo en una ciudad que aún no termina de reconocerlos.
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Este reportaje fue elaborado en el marco del Laboratorio de Información, el cual es parte del proceso formativo de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.
Este trabajo fue realizado por ZonaDocs, que forma parte la Comunidad de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí



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