En Culiacán, una ciudad que sangra desde el 9 de septiembre de 2024, cuando estalló una guerra dentro de su propio territorio, la construcción de paz no puede limitarse a operativos ni a discursos sobre la reducción de la incidencia delictiva, sino que se debe alcanzar la paz, señala Sinaloa +Incluyente, construyendo desde el diálogo entre autoridades y organizaciones civiles.

En entrevista para Revista ESPEJO, Tiago Ventura, integrante del colectivo, que acompaña casos de actos de odio contra personas de la comunidad LGBT+ y promueve espacios seguros, explica que mientras no existan mesas de trabajo con la Fiscalía, acceso claro a las carpetas de investigación y compromisos tangibles, cualquier estrategia para construir la paz estará incompleta.

“Lo que ha faltado siempre, y ahora mucho más, es que no hay diálogo con las instituciones de gobierno; no hay mesas de trabajo, no hay acercamientos en los que podamos pasarles un diagnóstico de lo que está aconteciendo en la ciudad para reducir los índices de violencia o revisar los presupuestos que se asignan a cada Secretaría”, dijo Tiago Ventura, integrante del colectivo.

Ventura explica que, en muchos casos, las asociaciones son el primer lugar al que acuden víctimas de discriminación por orientación sexual o identidad de género. Antes de denunciar buscan acompañamiento.

Desde ahí, dice, las organizaciones realizan un trabajo de documentación de agresiones, amenazas y casos que después intentan integrar al sistema de justicia.

Sin embargo, señala que en una ciudad donde la violencia bélica concentra la atención pública desde el inicio de una guerra interna entre dos facciones del crimen organizado en Sinaloa, las agresiones motivadas por discriminación quedan relegadas y avanzan con lentitud en el sistema de justicia.

“Pues mira, la violencia que aqueja a la ciudad, producto del narcotráfico, no nos golpea directamente, digámoslo así, a la población LGBT (…) Lo que sí hace es que los índices de discriminación o las violencias que sufrimos sean invisibilizadas y, si antes no accedíamos a justicia, ahora es mucho más difícil todavía.

Hay crímenes de odio que se suscitaron el año pasado en el norte del estado que, debido al incremento de las muertes que existen, son carpetas que no se han movido y de las que no sabemos en qué estado están”, narra Ventura.

El colectivo reconoce que el proceso será largo, particularmente en un contexto de violencia estructural como el que atraviesa Culiacán. No obstante, advierte que sin justicia y sin confianza institucional, la paz seguirá siendo parcial.

“Lo que necesitamos es sentarnos y, de verdad, establecer una ruta de trabajo para evitar que esto siga creciendo y que estos crímenes, que han quedado impunes y ahora están menos visibilizados debido a la violencia, puedan alcanzar algún tipo de solución”, concluyó.

Esta entrevista forma parte del recuento realizado por ESPEJO sobre cómo es posible construir la paz en una ciudad marcada por la inseguridad, como Culiacán.

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