Las vialidades que conectan el área urbana de Culiacán con el sitio donde se construye el nuevo Hospital de Especialidades del IMSS, lugar al que acudió este sábado la presidenta Claudia Sheinbaum, se vieron severamente congestionadas por decenas de camiones que transportaban a personas, entre ellas funcionarios y empleados de gobierno de distintos municipios.

En particular, el tramo norte de la avenida Álvaro Obregón, una ruta más larga que obliga a rodear la ciudad para tomar una vía alterna que pasa frente al basurón municipal y conduce al sitio de la obra, terminó completamente saturado. Esto ocurrió luego de que se reportara un fuerte embotellamiento en la vía principal: la carretera que conecta Culiacán con la sindicatura de Imala.

Ahí, sobre la Álvaro Obregón, en la zona de la Loma de Rodriguera, conocida por ser uno de los sectores más marginados de la ciudad, una persona con chaleco guinda y logo de Morena en el pecho coordinaba a un grupo de personas que esperaba a abordar un camión.

Trabajadora de Morena coordinando un grupo de acarreados en la Loma de Rodriguera.

Camionetas de dependencias gubernamentales como la Secretaría de Agricultura y Ganadería, o el ICATSIN, también fueron comunes de ver en el embotellamiento.

Tres kilómetros antes de llegar lugar, por dicha vía alterna, agentes de tránsito y guardia nacional habían bloqueado el paso a vehículos particulares. Solo tenían permitido entrar camiones.

Personal de seguridad bloqueó el paso a vehículos particulares, pero no a camiones.

ESPEJO abordó uno de estos camiones; en él, iban trabajadores del gobierno municipal de Mazatlán. El ambiente adentro era mayormente de ironía y risas. El camión era de tipo escolar, amarillo sin rótulos, lo que fue motivo de chistes recurrentes para algunos pasajeros. “¿Ya casi llegamos al kinder, papá? Estallaban en risas los burócratas. También se tomaban fotos y selfies grupales. “Tómame una foto, para mandarla”, se decían entre sí.

Cerca del sitio, una fila de decenas de camiones taponaron el avance. No hubo ningún tipo de esfuerzo para ocultar o disimular el acarreo de personas. Estos eran camiones urbanos de Culiacán, de rutas como Ruiz Cortínes o Barrancos, así como de particulares. En la orilla del camino, camionetas sprinter estacionadas.

Incluso los pasajeros del camión en el que iba ESPEJO se sorprendían de la enorme fila de vehículos descargando personas. “Nos tomamos la foto y nos vamos, ¿no?”, advertía una señora a sus acompañantes, agobiada por la muchedumbre que se alcanzaba a ver desde arriba del autobús.

Fila kilométrica de camiones que transportaron personas al evento de Claudia Sheinbaum.

En el sitio se colocaron varias techumbres de lona, cientos de sillas, enfriadores cada 5 metros para refrescar al público y botellas de agua gratuitas.

Antes del inicio de las intervenciones, canciones como El niño perdido y Mi gusto es sonaban en las bocinas instaladas en el lugar. Entre los asistentes se observaban numerosos recortes de tamaño real, elaborados en triplay, con las figuras de Claudia Sheinbaum y Rubén Rocha Moya. Algunos portaban pancartas con mensajes como “Tenemos mucha presidenta”, mientras que en la cerca exterior se colocaron lonas para dar la bienvenida a la mandataria.

El evento comenzó con la intervención de el gobernador. Al inicio de su discurso, mencionó a modo de pase de lista a diversos rubros del servicio público y les pidió que hicieran ruido: los maestros, la SNTE, entre otros.

Después, Rubén Rocha Moya dijo que también habían ido al evento personas de colonias populares que quisieron asistir, lo que provocó risas en un pequeño sector del público. “¿Quisieron?” preguntó sarcásticamente una señora a quienes tenía a su lado

El discurso de Rocha fue más bien corto. Mencionó a los agricultores, al problema irresuelto de seguridad en el estado y llamó valiente a la presidenta en un par de ocasiones. Luego habló Zoé Robledo, director federal del IMSS quien, vistiendo una chamarra de los Tomateros de Culiacán, habló sobre la construcción del hospital.

Finalmente, tomó la palabra la presidenta Claudia Sheinbaum, casi en punto de las 11:35 de la mañana. Les dijo a los sinaloenses que no los dejaría solos, y posteriormente comenzó a hablar de los gobiernos pasados y de cómo habían abandonado a la población. Referenció al libro Grandeza, del ex presidente López Obrador.

Para las 11:47, y en medio del discurso de la presidenta, los asistentes comenzaron a abandonar el sitio por montones. Al parecer, algunas personas decidieron irse y, al ver eso, más les siguieron. “No sabemos, ya van todos para afuera”, dijo una mujer de edad avanzada a ESPEJO cuando se le cuestionó por qué se iba. “A nosotros nos trajo una señora, pero ya no la hayamos”, siguió.

No se iban solo personas del público en general. Entre quienes decidieron abandonar prematuramente, había personal uniformado y con gafetes de dependencias como el IMSS.

Cientos de personas abandonaron el evento antes de que terminara.

A la salida del evento, quienes no venían en contingentes bien organizados intentaban abordar el primer camión que pudieran, de entre las mismas unidades que habían trasladado a los asistentes y que permanecían estacionadas en el exterior. El acto concluyó a las 12:15 horas con la entonación del Himno Nacional, que un número considerable de personas escuchó desde fuera del sitio, luego de haber abandonado el lugar.

Cientos de personas, entre estudiantes, empleados de gobierno y público en general, caminaron desde el lugar de la presentación hasta la parada de camión urbano más cercana, un trayecto de aproximadamente 35 minutos a pie, bajo el sol del mediodía por la carretera Culiacán-Imala. Durante el recorrido, los recortes de políticos y las pancartas terminaron por convertirse en improvisadas y convenientes sombrillas.

La vialidad estaba completamente colapsada, con personas que cruzaban a pie de un lado a otro y decenas de camiones que hacían imposible la circulación.

El colapso vial por los camiones en la carretera Culiacán-Imala.

La tienda Oxxo ubicada en la parada del camión, al final de la caminata, se llenó de personas uniformadas de distintas dependencias de gobierno. Entre ellas, un hombre con gorra de la Secretaría de Obras Públicas, la piel enrojecida por el sol y la camisa empapada de sudor, salía del establecimiento con sueros en mano para evitar la deshidratación.

Bajo el sol y entre camiones varados, la movilización que acompañó la visita presidencial dejó escenas de cansancio, desorden y resignación.

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