Michelle llegó junto a otras 13 personas de origen sinaloense al aeropuerto de Amán, Jordania, a las nueve de la mañana, hora local. Actualmente es más de medianoche y siguen en el aeropuerto, atrapados: los vuelos fueron cancelados y no hay información clara por parte del servicio aeroportuario sobre cuándo podrán reanudarse las operaciones. El aeropuerto se ubica a una hora y media de la zona de bombardeos en Baréin.
“Queríamos conocer la maravilla de Petra, el desierto que está aquí en Jordania. Por eso quisimos venir a este país a conocer la maravilla pero no pensamos que fuéramos a vivir una situación tan complicada, trágica y vulnerable”
Durante la madrugada, cuando los mazatlecos se preparaban para salir rumbo al aeropuerto, alcanzaron a escuchar ruidos extraños. Ruidos sonoros, pero lejanos. Les restaron importancia. Lo atribuyeron a que debían ser fuegos artificiales y pirotecnia, parte de alguna celebración que se estuviera llevando a cabo.
Nada más lejos de la realidad.
Irán había lanzado ataques con misiles y drones contra el cuartel general de la Quinta Flota de Estados Unidos en Baréin, así como contra bases estadounidenses en Qatar y Emiratos Árabes Unidos, como respuesta a un ataque con la misma intensidad bélica del que habían sido objeto por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel horas antes.
Michelle y compañía no terminaron de enterarse hasta estar en el aeropuerto, cuando anunciaron la cancelación de todos los vuelos programados para ese día, incluido el suyo y, posteriormente, también el que habían conseguido hacia Budapest.
No se enteraron por información emitida por el aeropuerto, sino por búsquedas en internet y por los contactos que comenzaron a formar con españoles y otros latinoamericanos que estaban en su misma situación. La tensión comenzó a alcanzarlos: no habían sido fuegos artificiales de celebración, sino bombas y misiles de un conflicto internacional.
“Tenemos mucho miedo, hambre y estamos a la espera de cualquier vuelo que abran. Obviamente las aerolíneas están aprovechando la situación y están vendiendo los vuelos exorbitantemente, pero lo que queremos es salir de este país”, dijo una de las sinaloenses en el aeropuerto de Amán.
Aunque han intentado comunicarse con la embajada mexicana en Jordania, esta no ha logrado brindarles apoyo ni una solución viable en su delicada situación.
Les han dicho que tomen un autobús hacia el sur del país, a la periferia de Jordania; desde ahí, abordar un ferry hacia Egipto y después otro autobús a El Cairo. Esta opción se ve imposibilitada por el presupuesto del grupo, pero es toda la ayuda que han recibido.
“Nos dicen que a lo mejor el lunes abren los vuelos. La embajada nos dice que no estamos en peligro y que no estamos en la guerra como tal, pero claro que lo estamos porque estamos varados aquí más de catorce horas sin poder salir. Nos dicen que nos resguardemos pero ¿En dónde?
Nos recomiendan trasladarnos por vía terrestre, pero la embajada de España le dijo a otros españoles, aquí hay un grupo de 37, que no se les ocurriera viajar por vía terrestre porque había fronteras también cerradas y corrían peligro”.
Gloria, otra de las mazatlecas, comentó para Revista ESPEJO que algunos de sus compañeros habían comenzado a entrar en pánico. Incluso otros turistas ya habían tenido colapsos por la incertidumbre sobre la situación internacional: llorando, tirándose al suelo; otros acaparaban los conectores eléctricos para asegurarse batería en sus teléfonos.
No solo les están afectando los nervios, sino también sus propias necesidades humanas.
La comida ya se terminó, pero también temen que comprar algún alimento les deje sin el dinero suficiente para cubrir algún gasto de emergencia. El contrato con su Airbnb había terminado justo ese día, por lo que improvisaron camas en el suelo del aeropuerto, usando cualquier prenda para cubrirse del frío de Jordania.
Hasta el momento no han recibido más ayuda de la Embajada ni de las autoridades federales de México o de Sinaloa. Permanecen a la expectativa de lo que vaya a pasar con su regreso a su estado de origen y con un latente sentimiento de abandono.
“Yo en redes sociales miraba que apoyaban a los mexicanos, pero ahora no lo estoy viendo”.


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