Por Miguel Silerio / Fotos: Favia Lucero / La Verdad Académica*
Aunque la migración ha sido un rasgo constante en la historia de Ciudad Juárez, que comparte dinámicas económicas, culturales y sociales con la región de Texas y Nuevo México, los últimos 15 años han marcado un punto de inflexión. El endurecimiento de políticas migratorias, el recrudecimiento de la violencia contra personas en tránsito, la pandemia, el rebase de las capacidades institucionales y los flujos masivos a lo largo del país han transformado el fenómeno y sus impactos.

Frente a este escenario, el investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) Óscar Armando Esparza del Villar, en colaboración con personas académicas de ambos lados de la frontera, ha estudiado durante la última década los efectos de la movilidad humana en la salud mental.

Esparza es licenciado en psicologia general, maestro en psicología clínica y doctor en psicología experimental con enfoque en salud por la Universidad de Texas en El Paso (UTEP). Desde 2008 es profesor investigador de tiempo completo en la UACJ y desde octubre de 2024 coordina la Licenciatura en Psicología, uno de los cinco programas que la universidad ofrece en esta área.

Sus líneas de investigación se han centrado en la relación entre salud mental y violencia, un tema que comenzó a abordar al integrarse a la UACJ durante uno de los periodos más violentos que ha vivido la ciudad, como consecuencia de la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’. Ha estudiado tanto la violencia social como aquella que ocurre en los entornos íntimos.

De forma paralela, ha desarrollado investigaciones sobre la salud menta de personas en contexto de movilidad: migrantes, refugiadas, solicitantes de asilo, desplazadas y en tránsito. En total, ha colaborado en alrededor de 90 publicaciones academicas, de las cuales nueve (entre libros, artículos y capítulos) se enfocan en movilidad humana y salud mental.

Su interés, explica, surgió al crecer en una ciudad atravesada por la migración y de su participación en labores comunitarias para la protección y dignificación de esta población, como las que realiza la Casa del Migrante. También, de la percepción de que la salud mental no había recibido la atención necesaria dentro de los estudios académicos en torno a la migración.

Óscar Armando Esparza del Villar, investigador y coordinador de Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ)

Duelos migratorios y Síndrome de Ulises: estrés y pérdidas, pero también esperanza

En 2016, Esparza fue coautor de una investigación que exploró los duelos, factores de estrés y vulnerabilidades que enfrentan poblaciones en movilidad de México y Centroamérica, motivadas a migrar por circunstancias políticas y económicas, así como la presencia del Síndrome de Ulises.

El estudio se desarrolló en colaboración con investigadoras e investigadores del College of Health Sciences de la UTEP, la UACJ, el Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, la American University y el Fielding Graduate University. En él participaron también las investigadoras Eva Moya, Silvia María Chávez-Baray, Leticia Calderón Chelius, Ernesto Castañeda, Griselda Villalobos, Itzel Eguiluz, Edna Aileen Martínez, Karen Herrera, Tania Llamas, Marcela Arteaga, Laura Díaz, Maribel Najera, Nancy Landa y Virginia Escobedo.

El Síndrome de Ulises es un cuadro de estrés crónico asociado a los “duelos” que viven las personas al abandonar su lugar de origen: la pérdida de familia, cultura, estatus, lengua e identidad. Su nombre remite a Ulises, héroe de la mitología griega cuya travesía de regreso a casa, narrada en la Odisea, simboliza el peligro y la adversidad, lejos del hogar y la familia.

Para el estudio se aplicaron entrevistas a profundidad, la escala del Síndrome de Ulises y el cuestionario PHQ-9 a una muestra de 100 personas en Ciudad Juárez, Ciudad de México y El Paso.

Los resultados de la muestra presentaron bajos nivelesde dificultades en la adaptación social y del lenguaje, pero también múltiples “estresores” derivados de la pérdida de vínculos familiares, cambios de estatus y riesgos físicos y emocionales. En algunos casos se comprobó la presencia del síndrome.

Migrantes permanece a unos metros del muro fronterizo instalado por Estados Unidos en su frontera con México, en Ciudad Juárez

“Hay toda esta literatura que nos dice que los migrantes, cuando llegan a un lugar nuevo lejos de su casa, aunque a lo mejor no presentan esta depresión, esta ansiedad, este estrés tan fuerte, sí reportan ciertos síntomas que se le conoce como el síndrome de Ulises, que básicamente son duelos, que son un tipo de pérdidas que ellos experimentan”.

El cuadro fue acuñado en 2002 por el psiquiatra español Joseba Achotegui. No se considera una enfermedad, sino un cuadro de estrés prolongado e intenso por duelo migratorio extremo, como parte de un proceso de adaptación.

“Hay una serie de cosas que ellos experimentan: la pérdida del terruño, de la familia, del estatus. Varias personas que en su lugar de origen tienen inclusive una profesión, llegan a un lugar donde su título no cuenta; entonces son obreros, son trabajadores, constructores. La pérdida de todas estas cosas que tenían en su lugar de origen, si bien no les crea una depresión fuerte, sí está ese sentimiento de que no están en su casa y por lo tanto son extraños. Y entonces creemos que a la larga termina afectando su salud”.

Pese a las pérdidas, muchas personas reportaron esperanza y expectativas de mejora. El estudio expone que “solo el 12 % del total de la muestra presentó hallazgos suficientes para profundizar en la exploración de un posible diagnóstico de depresión, lo que nos indica que a pesar de las tragedias y pérdidas vivenciadas antes de migrar, en el trayecto y después, las y los migrantes presentan una capacidad extraordinaria para integrarse y reponerse ante las adversidades”.

Para Esparza, esa capacidad también puede estar relacionada con rasgos previos a la migración:

“La gente que decide emigrar es aquella que tiene cierta fortaleza interior, fortaleza psicológica, que entre todas las opciones dice ‘pues si me puedo ir, mejor me voy’. O sea, para tomar esa decisión, de dejarlo todo, no cualquiera (…) podríamos sugerir, sin afirmarlo, que las personas que tienen esta capacidad de adaptarse y de ser resilientes, es por factores o rasgos que tenían antes de migrar, y que también, de alguna manera, les permitieron migrar”.

Sin embargo, advierte que no se debe de romantizar esta resiliencia:

“Ahora, hay que tener cuidado con esto que estoy diciendo, porque alguna gente pudiera entender que, como el ser humano es resiliente, hay que maltratarlo, porque al final de cuentas va a salir fortalecido. No, ese no es el mensaje. No deseamos que nadie pase por algún tipo de situación difícil, pero ante la adversidad, el ser humano sí tiende de manera natural a hacer todo lo posible para adaptarse y seguir con vida”.

Comercio sexual y fatalismo, riesgos y mecanismos de sobrevivencia

En el libro Desafíos de la migración en Ciudad Juárez (2024), editado por la UACJ y coordinado por Héctor Padilla, Esparza colaboró con Julia Lechuga y Blanca Patricia Nevárez en el capítulo “Los migrantes en Ciudad Juárez: comercio sexual como estrategia de sobrevivencia y riesgo de VIH”.

El texto documenta cómo algunas personas migrantes, ante las barreras laborales que enfrentan, como falta de permisos, precariedad y ruptura de redes sociales, recurren al comercio sexual como un último recurso, mientras enfrentan abusos, rentas elevadas, amenazas de deportación, extorsión y obstáculos para acceder a servicios de salud.

“En este caso, las personas migrantes que vienen a Ciudad Juárez intentan conseguir trabajo, intentan hacer una vida, pero se les dificulta por cuestiones personales, por permisos de trabajo, por desconfianza; entonces llega una situación situación en la que no tienen cómo generar recursos económicos y comienzan a dedicarse al trabajo sexual (…) la gran mayoría no lo hacía en sus lugares de origen; llegan aquí y es un último recurso”.

El estudio incluyó entrevistas a 61 personas migrantes mayores de edad, llegadas en los últimos 12 meses, de origen centroamericano o cubano, con consumo o venta de drogas y actividades de comercio sexual.

“En algunos casos notorios se reportan temor, depresión y baja autoestima por tener que realizar el trabajo sexual y puede que por esto consuman drogas, principalmente marihuana y cocaína (…) Relacionado con la salud mental, varios migrantes reportan poca interacción con otras personas, pocas redes sociales, en algunos casos solo se da con las personas que les rentan las habitaciones. Hay una falta de apoyo que les ayude como factor protector ante estas adversidades”.

Asimismo, en el libro ‘Contingencia Migratoria en Ciudad Juárez, contexto de la migración de solicitantes de protección internacional (2018-2020)’, editado por la UACJ en 2022 y coordinado por Esparza y Marisela Gutiérrez Vega, se analizan los conceptos de duelo y fatalismo —la creencia de que los acontecimientos están predeterminados, o que “lo que va a pasar, pasará”— y su relación con la ansiedad y la depresión.

Aplicado a 56 personas originarias de Centroamérica mediante el instrumento Patient Health Questionnaire-4, el estudio encontró algo opuesto a lo que se esperaba: el fatalismo funciona como un factor de protección ante la depresión y la ansiedad, de manera similar a la creencia del control divino y la suerte.

“Aquellas personas que reportan mayores niveles de fatalismo tienen niveles bajos de depresión y viceversa; aquellas personas que reportan niveles bajos de fatalismo tienen niveles altos de depresión. La misma interpretación se puede hacer de los análisis sobre la ansiedad, aquellas personas que presentan mayores niveles de fatalismo tienen niveles bajos de ansiedad y quienes reportan niveles bajos de fatalismo cuentan con niveles altos de ansiedad”, indica el documento.

Actualmente, Esparza trabaja con Marisela Gutiérrez, Eva Moya y Silvia Chávez, de UTEP, en una investigación sobre personas trans en contexto de movilidad.

Aunque opina que la salud mental ha ganado espacio en la agenda pública, Esparza afirma que falta mucho por investigar. Subraya que atenderla no implica únicamente ampliar servicios psicológicos, sino intervenir en las causas estructurales que afectan el acceso a derechos.

En un contexto marcado por tragedias como la del incendo en la estación migratoria de Ciudad Juárez, así como por políticas migratorias restrictivas, violentas y de perfilación racial, el investigador subraya la necesidad de analizar la movilidad humana desde múltiples disciplinas y de que los hallazgos académicos se traduzcan en diagnósticos para la creación de políticas públicas.

“A menudo la secuela psicológica es porque hay otra problemática que también es importante atender. O sea, un ‘échale ganas’ no basta, pero tampoco una atención psicológica basta. Son cosas necesarias, a veces cosas muy básicas, que si no se satisfacen, ahí va a estar la afectación. Es importante la atención a la salud mental, pero también a la salud en general”.

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*La Verdad Académica, es una sección con contenido patrocinado de La Verdad Juárez que busca acercar el conocimiento académico a nuestra comunidad.