M.C. María del Refugio Manjarrez Montero
Vicepresidente del Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa.

En un contexto nacional donde la actividad industrial muestra señales de debilidad, algunos estados han logrado destacar por su dinamismo productivo; entre ellos aparece Sinaloa. De acuerdo con el más reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sobre el Indicador Mensual de la Actividad Industrial por Entidad Federativa (IMAIEF), la entidad registró un crecimiento anual de 13.6 % en noviembre de 2025, ubicándose entre los estados con mayor expansión industrial del país.

El dato adquiere mayor relevancia si se considera que, en el mismo periodo, la actividad industrial nacional presentó una variación anual negativa cercana a –0.7 %, lo que refleja un entorno económico menos favorable para el sector secundario en México. En ese escenario, el desempeño de Sinaloa contrasta con la tendencia nacional y sugiere que la economía estatal mantiene cierto dinamismo en sus actividades productivas.

Sin embargo, el análisis sectorial permite comprender mejor la naturaleza de este crecimiento; y con base en las cifras que muestran los mayores incrementos en la entidad se registraron en generación y distribución de energía eléctrica, agua y gas, con un aumento de 31.8 % anual, así como en la construcción, que creció 25.5 %, y en la minería, con un incremento de 16.8 %. Dichos resultados indican que buena parte del crecimiento industrial del estado está asociado a inversiones en infraestructura, energía y proyectos productivos vinculados al aprovechamiento de recursos naturales.

No obstante, el comportamiento de las industrias manufactureras plantea una lectura más cautelosa. En este sector el crecimiento fue apenas de 1.6 % anual, lo que revela que la base manufacturera de Sinaloa continúa siendo limitada en comparación con otras entidades del país donde este sector es el principal motor industrial. Este contraste evidencia que el dinamismo actual responde más a actividades específicas que a un proceso amplio de industrialización.

Este punto es clave para entender el desafío estructural que enfrenta la economía sinaloense. A pesar de su fortaleza en sectores como la agricultura, la pesca y la agroindustria, el estado aún tiene una participación relativamente modesta en actividades manufactureras de alto valor agregado. Sin una mayor diversificación productiva, el crecimiento industrial puede depender en exceso de ciclos de inversión en construcción o proyectos energéticos que no necesariamente se mantienen en el largo plazo.

Por ello, el verdadero reto para Sinaloa no radica únicamente en mantener tasas positivas de crecimiento industrial, sino en transformar su estructura productiva hacia actividades más complejas, integradas a cadenas industriales y tecnológicas. La consolidación de infraestructura logística, el fortalecimiento del sector manufacturero y la atracción de inversión productiva serán factores determinantes para lograrlo.