Culiacán, Sin.- El diseño de las ciudades no solo define cómo se ven, sino también cómo se sienten. Puede generar calma o tensión, seguridad o miedo. En ese sentido, la forma en que están construidos los espacios públicos influye directamente en la salud mental y en la percepción de seguridad de quienes los habitan. Con ello en mente, ¿cómo se puede construir paz desde el diseño urbano?

Durante la conferencia “Influencia del diseño urbano en la paz positiva y la salud emocional de la sociedad”, el urbanista Andrés Salazar explicó que el diseño urbano tiene un impacto directo en el sentir y la salud física de quienes habitan la ciudad, y que estos aspectos pueden mejorar cuando se planea pensando en esas necesidades.

“Pónganse en una calle completamente vacía, sin comercio, con banquetas mínimas o incluso bardas: lo que van a sentir es inseguridad, miedo y ganas de irse, de no quedarse ahí. No es casualidad, la calle está diseñada para eso”, señaló.

En cambio, explica el especialista, si en esa misma calle agregamos actividad y movimiento, como el que proporcionan los espacios públicos, el comercio o algún otro factor que genere tránsito de personas, la experiencia puede ser otra. Este fenómeno es conocido, dentro del urbanismo, como “ojos en la calle”, es decir, que haya personas que estén “vigilando” el espacio público.

“Cuando hay personas en la calle, hay alguien viendo, hay alguien presente. No es su trabajo vigilar, pero su sola presencia inhibe conductas de riesgo”, detalló.

Sin embargo, Salazar advirtió que, dentro de los actuales modelos de diseño, hay varios factores que imposibilitan que se dé naturalmente esta práctica. Entre los que menciona están los fraccionamientos cerrados, comúnmente promovidos como espacios seguros, pero, en la practica, solo lo son para quienes están al interior.

“Los fraccionamientos cerrados se venden como algo muy seguro, pero hacia el exterior, tener bardas, muros ciegos, en los que tenemos que caminar largas distancias sin visibilidad hacia dentro, eso genera inseguridad.”

El diseño urbano también impacta directamente en la salud física y emocional, ya que el modelo de ciudad actual, basado en la zonificación, dividir la ciudad según las funciones que cumple, genera estrés, frustración y afecta el bienestar cotidiano, pues promueve la expansión urbana y obliga a las personas a recorrer grandes distancias para acceder a servicios o cubrir sus necesidades.

Frente a ello, se han buscado plantear estrategias como la proximidad y la movilidad sostenible, exponiendo que estos dos factores pueden ayudar a reducir estos efectos, al fomentar actividades como caminar o usar la bicicleta, lo que mejora tanto la salud física como emocional.

El urbanista señaló que la seguridad y el bienestar de las personas también pueden construirse desde cómo queremos que sea el diseño de un espacio urbano. Mejorar la visibilidad entre el espacio público y las edificaciones, crear fachadas abiertas, garantizar iluminación adecuada y diseñar infraestructura que proteja a peatones, ciclistas y usuarios del transporte público, pueden hacer que la ciudad se sienta más segura y habitable.

“La principal es asegurar que el espacio público sea de calidad para que las personas permanezcan en él. Y si las personas permanecen en él, ese espacio está más seguro”, concluyó el urbanista.

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