Reyna ahora tiene 39 años, pero cuando dio esta entrevista tenía 33. Es de Nayarit y vivía con su esposo y su hija en la ampliación San Antonio, en cuarto hecho con lámina y madera de unos 3 metros de ancho por otros 3 de largo. Esta es una colonia de personas pobres, que no tienen drenaje, agua potable o electricidad, pero sí una vista impresionante: el estadio de futbol de Mazatlán, el que costó más de 700 millones de pesos solamente para construirlo.

“Tenemos ya más de 5 años aquí, porque mi hermana nos dijo que podíamos vivir en este terreno. Ella vive allá enfrente. Nosotros estábamos en la (colonia) Juárez, pero nos dijeron que aquí estaba muy bien. Ya vamos a hacer nuestra casita en un terreno aquí abajo, va a ser de madera”, contó mientras tejía una servilleta debajo de un árbol.

“Ya andamos queriendo irnos, pero no ha salido mucho con esto del Covid, no ha salido trabajo y así no podemos”.

Su esposo es un ayudante de albañil, pero también sabe de plomería y carpintería. Su hija aún estudia, y ella teje servilletas para venderlas.

“No hay mucho a quién venderles. Sí hay gente que compra, pero es poquita, no como antes”, dijo y luego entró a su casa para sacar una de esas servilletas, una de tela blanca con una flor bordada de color rojo, como las rosas silvestres que hay en su jardín.

“Esto es lo que hago para salir, porque ya ve cómo está la cosa, que casi no  hay dinero ni trabajo”.

En esta zona, al oriente de Mazatlán, donde se concentran un tercio de la población del Puerto en invasiones y colonias populares con personas que están en situación de pobreza y pobreza extrema. Es el contraste perfecto de lo que pasa hacia el poniente, donde están las decenas de hoteles y restaurantes, fraccionamientos de condominios, campos de golf y un malecón que ha sido remodelado tres veces en menos de 15 años.

Son edificios y calles que han sido fotografiadas en innumerables ocasiones durante los carnavales, las vacaciones, los congresos de trabajo y los visitantes de fin de semana. La apuesta del gobierno de Quirino Ordaz Coppel, un empresario hotelero de Mazatlán que siendo Gobernador de Sinaloa decidió que se usara recursos públicos para construir estadios en medio de una contingencia sanitaria por la que murieron miles de personas por Covid-19, era que acabando la enfermedad se incrementara el turismo con nuevas ofertas, entre ellas la de tener un equipo de futbol de primera división.

“Se pueden decir muchas cosas: una, hay un estadio muy competitivo y es dentro de los seis mejores estadios a nivel nacional en fútbol; dos, la plaza, la conectividad, el destino, la atractividad, el crecimiento hacia ser una afición importante, la escuela que va a representar para niñas y niños porque alrededor del equipo de primera división vienen cuatro equipos más. Eso va a abrir mucha posibilidad de desarrollo, de fortalecer el orgullo, la identidad, la protección que le va a dar a nivel nacional e internacional a Sinaloa”, dijo en entrevista con periodistas el 4 de junio de 2020, cuando hablaba de la construcción del inmueble que ha costado 700 millones de pesos y será concesionado a Grupo Salinas.

¿Qué dice el contrato de concesión?

El contrato, del cual ESPEJO tiene copia, especifica que la empresa de Salinas Pliego obtuvo derechos durante 10 años, a cambio de un palco y dos espacios de estacionamiento para Gobierno del Estado, así como 400 boletos gratis por cada partido de local y la creación de escuelas de futbol en distintas categorías.

También se indicó que la empresa debía invertir en esos 10 años un monto de 70 millones de pesos, para gastarse en el estadio o las escuelas de futbol.

“El administrador se compromete a establecer escuelas de futbol de diferentes categorías infantiles y juveniles en la ciudad de Mazatlán”, se estableció en la Cláusula Segunda del contrato.

“… La inversión (de 70 millones de pesos por parte de la empresa) se destinará para acondicionamiento del inmueble anexo, mejoramiento y operatividad del estadio; y desarrollo de fuerzas básicas y de escuelas de futbol en la ciudad de Mazatlán y en el estado de Sinaloa”

“‘El administrador’ se compromete a proporcionarle a ‘el gobierno del Estado’ cuatrocientos (400) boletos sin costo correspondientes a la zona general dentro del Estadio (…) así como un palco que habrá de ser definido por ‘el administrador’ y destinado exclusivamente para ‘el gobierno del estado’, y dos pases de estacionamiento correspondientes a dicho palco”.

Sobre los 400 boletos, estos tenían que ser entregados para propiciar la asistencia de deportistas locales, niños y jóvenes de bajos recursos, así como a personas vulnerables.

En el contrato también se indicó que Ejecutivo Estatal podía usar dos veces al año el estadio para eventos de beneficio o interés social, como también sobre eventos extraordinarios como urgencias sociales, de emergencia, desastre natural o cualquier otra índole similar.

Esos fueron las condicionantes de Gobierno del Estado a cambio del estadio con una capacidad de hasta 25 mil personas, con pantallas gigantes, equipo de sonido, internet WiFi, sistema de alumbrado, sala de prensa equipada, circuito cerrado de videovigilancia, canalización y fibra óptica, y elevadores. Todo ello pagado con recursos públicos.

¿Qué se puede hacer con 700 millones de pesos?

 

El estadio de futbol es donde jugó el equipo que bautizaron como Mazatlán F.C., propiedad de Ricardo Salinas Pliego, el segundo hombre más rico de México, se construye en la zona pobre y marginada del Puerto.

“Se ve muy bonito, ni enterada que costó eso, ya quisiera una, ¿no?”, dijo Reyna mientras veía hacia el horizonte, frente a su casa de lámina y madera, donde se está levantando el edificio que podrá albergar a 25 mil espectadores y donde se gritará el gol de los locales o los visitantes.

-¿Y qué haría con uno de esos millones?

“Uy, oiga, qué no haría, mi casita bien hecha y no de madera. Pero para qué se ilusiona una”.

-¿Al menos le han traído apoyos, despensas, de las que anunció Gobierno?

“No, de esas no, han venido de otras, de gente que hace comida y nos trae, y el otro día de Letty Coppel, que nos dejó una despensa buena, con galletas”.

-Pero dijeron que repartirán en las colonias pobres.

“A lo mejor del otro lado, en la invasión Tutuli, pero aquí me la llevo y no han pasado”

Después de seis años, ese estadio –al que primero nombraron “el Kraken” y después “El Encanto”– quedará inutilizado, porque el equipo de Salinas Pliego fue vendido para ocupar otra plaza fuera de Sinaloa. Con los 700 millones de pesos se construyó el edificio y a la fecha no se conoce un estudio que pueda ayudar a saber si se tuvo la recuperación de los recursos. Sin embargo, lo que sí se sabe es que el equipo tuvo un paso mediocre en el futbol mexicano –en seis años no alcanzó jugar alguna liguilla– y que las colonias alrededor siguen en las mismas condiciones de pobreza y pobreza extrema.

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