Culiacán, Sinaloa.- A los 5 años de edad, la mano de un niño suele sostener un lápiz para trazar sus primeras palabras, pero el 17 de febrero de 2025, en Culiacán, la de Rigoberto fue herida por una esquirla de bala durante una balacera.
En Sinaloa, al menos 58 niñas, niños y adolescentes han sido heridos por proyectil de arma de fuego desde septiembre de 2024 a abril de 2026, el mismo tiempo en el que ha transcurrido la “narcoguerra”. Esto, según datos de la Secretaría de Salud federal, a partir del Cubo Lesiones, una base de datos pública que concentra información preliminar de atenciones médicas.
De septiembre a diciembre de 2024, los hospitales sinaloenses registraron 8 casos de menores atendidos por heridas de bala; en 2025 la cifra ascendió a 36 y, en lo que va de 2026, al corte del 16 de abril, se han documentado otros 14.
Los registros médicos revelan que la violencia ha alcanzado a los menores en espacios cotidianos: 19 de los hechos ocurrieron en viviendas, 15 en vía pública, 5 dentro de un vehículo particular, 2 en trabajo, 1 en un área de deporte y atletismo, 1 en una cantina, bar o club y en 15 no se especificó lugar.
Por ejemplo, en distintos días de febrero del presente año, dos jóvenes, uno de 16 y otro de 17 años de edad fueron atendidos en hospitales de Culiacán tras haber sido lesionados por un proyectil de arma de fuego mientras se encontraban en vía pública. La intencionalidad del evento se marcó como “Accidental” y no se dio aviso al Ministerio Público.
En enero de ese mismo año, un adolescente de 17 años llegó a un hospital de Culiacán con una fractura de fémur ocasionada por un proyectil de arma de fuego. No se especificó el lugar del incidente, pero se registró como “Violencia no familiar” y se dio aviso al Ministerio Público, según los reportes de Salud.
Hospitales, reflejo de la violencia en menores
Casos como estos han convertido a los hospitales en escenarios donde se refleja que la violencia también ha alcanzado a niñas, niños y adolescentes. Tan solo en 2025, el Hospital General de Culiacán atendió a nueve adolescentes con heridas en tórax, abdomen, fémur, cráneo y antebrazo, todos como consecuencia del impacto de un proyectil de arma de fuego. El Hospital Pediátrico atendió a ocho, el Hospital Civil a 6, el Hospital General Los Mochis a 3, el Hospital General de Guasave a 3, entre otros.
En los registros, la mayoría de quienes llegaron a los hospitales por herida de bala son hombres, mientras que las mujeres aparecen con menor frecuencia:
° Hombres: 49
° Mujeres: 9
También se repite otro patrón: muchos de los hechos se clasificaron como accidentales (33), otros como violencia no familiar (24) y, en un solo caso, como autoinfligido. Además, de acuerdo con los propios registros médicos, en una parte importante de las atenciones no se dio aviso al Ministerio Público, aun cuando se trata de lesiones por arma de fuego en menores de edad.
En cuanto a las edades, la mayoría de los casos se concentraron en adolescentes, sobre todo de 16 y 17 años, que acumulan el mayor número de registros en el periodo. Sin embargo, no son los únicos: también aparecen niñas y niños más pequeños, desde quienes apenas comienzan la primaria hasta menores de tan solo un año.
Las consecuencias también varían. Algunos menores son dados de alta tras recibir atención, pero otros requieren hospitalización o son trasladados a otras unidades médicas. En al menos un caso, la herida derivó en la muerte del paciente.
De acuerdo con registros de mortalidad de la Secretaría de Salud de Sinaloa, obtenida a través de solicitudes de información en la Plataforma de Transparencia, en 2025, 24 niñas, niños y adolescentes de entre 0 y 17 años, fallecieron por agresiones con arma de fuego en distintos municipios del estado.
Cuidar el impacto psicológico de una herida también importa
El impacto de una bala no se limita en lo físico, también tiene secuelas en la salud mental de las víctimas. De acuerdo a GERUM, Ambulancias, Rescate y Salvamento Culiacán A.C., uno de los factores más importantes en la atención prehospitalaria es la contención emocional de los menores, considerados víctimas colaterales.
Julio César Vega Sainz, director de la asociación, explicó que en estos casos, una de las tareas del personal es restablecer la sensación de seguridad y prevenir secuelas como estrés postraumático en las víctimas, mientras se busca estabilizar el cuerpo.
“Se han dado casos de que hay niños que tardan años en recuperarse psicológicamente y para nosotros uno de los factores prioritarios es evitar los trastornos de estrés postraumático”, dijo.
Aunque actualmente esta agrupación ha suspendido la atención de personas heridas de bala, pero en su experiencia, entre las acciones que se deben de realizar al brindar la asistencia es asegurar el entorno físico del niño, evitar que observen escenas de caos y sangre, regularlos con contacto físico si así lo permiten y cubrirlos con alguna manta para brindarles sensación de seguridad.
Además, advirtió que el factor tiempo es determinante, pues en casos de heridas de bala, los primeros minutos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, especialmente en menores de edad.
“Una persona adulta puede fallecer en los primeros 3 a 6 minutos si no se controla una hemorragia, y los niños al tener la frecuencia cardíaca más rápida, obviamente este tiempo es un factor muy importante”, dijo.
De acuerdo con la asociación, cada vez son más frecuentes los casos donde un niño, una niña o un adolescente es herido de bala al quedar en medio de una situación de violencia. Esto se refleja en los datos: de ocho atenciones en los últimos meses de 2024 se pasó a 36 durante 2025, y en 2026 ya se contabilizan 10 más al corte de abril.
Los registros médicos muestran números y diagnósticos, pero también una realidad: niñas, niños y adolescentes que quedan en medio de hechos violentos y se vuelven víctimas de una crisis de inseguridad que permea en el Estado desde hace más de 1 año y medio.

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