Culiacán, Sinaloa.- En medio de un contexto donde las noticias suelen pesar desde que inicia el día, hay quienes buscan otras formas de procesar la realidad. Francisco Miguel García Félix, conocido artísticamente como Miki, decidió hacerlo a través del dibujo.
Animador y creador de cómic independiente, Miki es el autor de Luciana, una historia que nació durante la pandemia, cuando el mundo -y también la ciudad- parecía detenido en el caos.
“Empecé con el boceto de una niña y me pregunté por qué era así. A partir de ahí comencé a construir una historia”, relata.
Esa historia se convirtió en Luciana, un cómic que sigue a una niña capaz de ver fantasmas y que, lo que en un inicio comienza como una carga, se transforma en la posibilidad ayudar a los espíritus a encontrar paz.

Portada del primer volumen de Luciana, comic de Miki.
Pero más allá de lo sobrenatural, la historia está anclada en emociones profundamente humanas.
“Es un proyecto ligado a cómo lidio con el duelo, con la muerte, con el perdón. Me gustaría que quien lo lea, a pesar de todo, tenga ganas de vivir”, explica.
Narrar el miedo desde lo cotidiano
En Luciana, los monstruos no son necesariamente enemigos. Muchos de ellos son reflejos de historias inconclusas de personas que, incluso después de morir, siguen cargando culpa, dolor o miedo.

Ilustración de Luciana.
El primer encuentro de la protagonista ocurre en un espacio familiar: un baño escolar. Una referencia directa a esas historias que circulan en la infancia, como la presencia de “una niña” que aparece o se escucha en lugares cerrados.
“Quise integrar cosas de nuestra cultura. Siempre es ‘una niña’, es algo que todos hemos escuchado. Pero también hay otros personajes, personas normales que sufrieron y que necesitan sanar”, dice.
Así, el cómic no solo recurre al imaginario del terror, sino que lo resignifica y lo convierte en una herramienta para hablar de empatía, de perdón y de las formas en que las personas enfrentan -o arrastran- sus propios procesos.
Crear desde Culiacán
El proyecto también dialoga con el entorno donde fue creado. En una ciudad donde la violencia ha dejado huella en lo cotidiano, hablar de miedo, duelo y sobrevivencia no es un ejercicio abstracto.
“Aquí sabemos que a veces es difícil levantarte, ver las noticias y no sentirte mal. Eso hace que dejes de disfrutar la vida”, señala Miki.
Desde ahí, Luciana plantea la intención que, incluso en medio de ese contexto, haya espacio para seguir.
“Quiero que quien lea la historia, a pesar de todo lo que haya pasado, quiera seguir viviendo”.
Publicar sin industria
En un estado donde la industria editorial de cómic es prácticamente inexistente, el proyecto de Miki también enfrenta un reto estructural y es hacerlo realidad sin respaldo institucional.
La publicación de Luciana será completamente independiente. El propio autor cubre los costos de producción, impresión y difusión. El primer volumen, que incluirá los primeros capítulos junto con contenido exclusivo, está previsto para inicios de verano.
Antes de su edición física, la historia ya ha encontrado espacio en plataformas digitales, donde suma más de 50 capítulos publicados.
Su estrategia inicial comenzará en lo local, comenzando por bazares, ventas directas y redes sociales.
Contar para existir
Más allá del lanzamiento de un libro, el proyecto apunta a algo más amplio y es ser la punta que abra el camino para otros creadores en Sinaloa.
“No soy el mejor artista, pero me gustaría inspirar a otros a hacer sus proyectos”, reconoce.
Para Miki, el arte no solo es un producto, sino una forma de entender y expresar lo que, de otra manera, sería difícil nombrar.
“Cuando haces una historia así, tienes que ser vulnerable. El dibujo y la escritura te ayudan a articular cosas que a veces no puedes decir”, dijo el ilustrador. “Aquí vivimos cosas muy fuertes. Esas historias merecen ser escuchadas”.
La semilla de algo más grande
A largo plazo, el objetivo no se limita a Luciana. El proyecto forma parte de una aspiración mayor y que ayude a construir una editorial de cómic sinaloense que permita producir, pagar y distribuir historias hechas en el estado.
“Quiero trabajar con artistas de aquí, pagarles como se debe y llevar esas historias al mundo”, dice.
Por ahora, Luciana es el inicio. Una historia sobre fantasmas que, en el fondo, habla de los vivos: de cómo cargan, cómo recuerdan y cómo -a veces- encuentran la forma de seguir.

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