POR MIGUEL SILERIO / LA VERDAD JUÁREZ
Ciudad Juárez.— Durante años la atención a las personas que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) se ha centrado en el acceso a medicamentos antirretrovirales y el control médico de la enfermedad, dejando aspectos como la alimentación, la actividad física, la salud emocional y el autocuidado en segundo plano, a pesar de que influyen directamente en el bienestar de las personas.
Con la intención de atender esos aspectos menos visibles, un grupo de investigadoras de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) desarrolló el proyecto Efecto de una intervención nutricional educativa y de actividad física con soporte en plataformas digitales sobre la salud y calidad de vida en grupos de personas con VIH, una iniciativa que tienen como objetivo generar conocimiento científico y brindar herramientas para mejorar la vida de las personas participantes.
El proyecto fue uno de los 20 seleccionados en la convocatoria Proyectos de Inversión con Impacto Social (PIISO) 2023, impulsada por la UACJ para apoyar propuestas de investigación con impacto directo en la comunidad.
Para la doctora Ana Lidia Arellano Ortiz, responsable de la investigación, el apoyo institucional fue fundamental para concretar una iniciativa que de otra manera hubiera sido difícil alcanzar.
“Lo que nosotros queríamos ver era si con una intervención educativa nutricional y de actividad física podría ayudar a mejorar un poco la calidad de vida de los pacientes o las personas que viven con VIH”, explica.
Arellano Ortiz es licenciada en Nutrición, maestra en Ciencias con Orientación Genómica y doctora en Ciencias Químico-Biológicas. Desde hace una década es docente investigadora de la UACJ en el campus de Ciudad Universitaria.
Sus líneas de trabajo abarcan enfermedades metabólicas, padecimientos autoinmunes e inmunonutrición, un campo que estudia la relación entre la alimentación y el funcionamiento del sistema inmunológico. Fue precisamente esa línea de investigación la que abrió la puerta a trabajar con personas que viven con VIH, un virus que ataca el sistema inmunitario del cuerpo.
“Nos preguntábamos cómo la nutrición podía ayudar al fortalecimiento del sistema inmunológico de una persona con este padecimiento”, relata.
El proyecto reunió a un equipo multidisciplinario integrado por las doctoras Linda Selen Valenzuela Calvillo y Nadhesda Iveth Quiñónez Pérez; el maestro Jesús Manuel García Talavera; María Elena Ramos Rodríguez, directora de Programa Compañeros; la estudiante de la Maestría en Salud Pública Nadia Sida, y la estudiante de Nutrición Susel Cordero.
La colaboración con organizaciones e instituciones que trabajan directamente con personas que viven con VIH fue central, pues Programa Compañeros y el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) de Juárez ayudaron a establecer contacto con potenciales participantes y facilitaron el desarrollo de la intervención.
La investigación comenzó formalmente en 2024 y durante los primeros meses se realizó un diagnóstico, se establecieron contactos con las personas interesadas y se adaptaron materiales educativos para responder a sus necesidades específicas.
En ese proceso, el equipo identificó que muchas personas mantenían una adecuada adherencia a sus tratamientos médicos pero contaban con información limitada sobre nutrición, actividad física y hábitos de autocuidado.
También detectaron cierta resistencia a participar en evaluaciones relacionadas con la alimentación, asociada a la falta de información o al desconocimiento sobre cómo la alimentación podía influir en su bienestar general.
A partir de ello, la intervención dejó de enfocarse exclusivamente en la enfermedad y comenzó a centrarse en las personas: “La parte médica ya la tenían muy trabajada, y lo que nosotros podíamos aportar era información sobre nutrición, autocuidado, bienestar y hábitos saludables”, explica Arellano.
PLATAFORMAS DIGITALES PARA ACERCAR EL CONOCIMIENTO
LA VERDAD ACADÉMICA Con tecnología y nutrición, investigadoras de UACJ mejoran calidad de vida de personas con VIH
jueves, junio 11, 2026
COMMENTS
Con un acompañamiento cercano que incluye educación nutricional, actividad física y herramientas digitales, investigadoras de la UACJ atendieron durante ocho semanas a personas que viven con VIH en Ciudad Juárez
La experiencia, que vincula a la académica y a la sociedad civil, mejoró hábitos alimentarios, descanso y adherencia al tratamiento, además de evidenciar la necesidad de fortalecer la atención integral y combatir el estigma que aún rodea al virus
POR MIGUEL SILERIO / LA VERDAD ACADÉMICA
Ciudad Juárez.— Durante años la atención a las personas que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) se ha centrado en el acceso a medicamentos antirretrovirales y el control médico de la enfermedad, dejando aspectos como la alimentación, la actividad física, la salud emocional y el autocuidado en segundo plano, a pesar de que influyen directamente en el bienestar de las personas.
Con la intención de atender esos aspectos menos visibles, un grupo de investigadoras de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) desarrolló el proyecto Efecto de una intervención nutricional educativa y de actividad física con soporte en plataformas digitales sobre la salud y calidad de vida en grupos de personas con VIH, una iniciativa que tienen como objetivo generar conocimiento científico y brindar herramientas para mejorar la vida de las personas participantes.
El proyecto fue uno de los 20 seleccionados en la convocatoria Proyectos de Inversión con Impacto Social (PIISO) 2023, impulsada por la UACJ para apoyar propuestas de investigación con impacto directo en la comunidad.
Para la doctora Ana Lidia Arellano Ortiz, responsable de la investigación, el apoyo institucional fue fundamental para concretar una iniciativa que de otra manera hubiera sido difícil alcanzar.
“Lo que nosotros queríamos ver era si con una intervención educativa nutricional y de actividad física podría ayudar a mejorar un poco la calidad de vida de los pacientes o las personas que viven con VIH”, explica.
La doctora Ana Lidia Arellano Ortiz, responsable de la investigación en grupos de personas con VIH. Fotografía: Miguel Silerio
Fotografías: Cortesías
Arellano Ortiz es licenciada en Nutrición, maestra en Ciencias con Orientación Genómica y doctora en Ciencias Químico-Biológicas. Desde hace una década es docente investigadora de la UACJ en el campus de Ciudad Universitaria.
Sus líneas de trabajo abarcan enfermedades metabólicas, padecimientos autoinmunes e inmunonutrición, un campo que estudia la relación entre la alimentación y el funcionamiento del sistema inmunológico. Fue precisamente esa línea de investigación la que abrió la puerta a trabajar con personas que viven con VIH, un virus que ataca el sistema inmunitario del cuerpo.
“Nos preguntábamos cómo la nutrición podía ayudar al fortalecimiento del sistema inmunológico de una persona con este padecimiento”, relata.
El proyecto reunió a un equipo multidisciplinario integrado por las doctoras Linda Selen Valenzuela Calvillo y Nadhesda Iveth Quiñónez Pérez; el maestro Jesús Manuel García Talavera; María Elena Ramos Rodríguez, directora de Programa Compañeros; la estudiante de la Maestría en Salud Pública Nadia Sida, y la estudiante de Nutrición Susel Cordero.
La colaboración con organizaciones e instituciones que trabajan directamente con personas que viven con VIH fue central, pues Programa Compañeros y el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) de Juárez ayudaron a establecer contacto con potenciales participantes y facilitaron el desarrollo de la intervención.
La investigación comenzó formalmente en 2024 y durante los primeros meses se realizó un diagnóstico, se establecieron contactos con las personas interesadas y se adaptaron materiales educativos para responder a sus necesidades específicas.
En ese proceso, el equipo identificó que muchas personas mantenían una adecuada adherencia a sus tratamientos médicos pero contaban con información limitada sobre nutrición, actividad física y hábitos de autocuidado.
También detectaron cierta resistencia a participar en evaluaciones relacionadas con la alimentación, asociada a la falta de información o al desconocimiento sobre cómo la alimentación podía influir en su bienestar general.
A partir de ello, la intervención dejó de enfocarse exclusivamente en la enfermedad y comenzó a centrarse en las personas: “La parte médica ya la tenían muy trabajada, y lo que nosotros podíamos aportar era información sobre nutrición, autocuidado, bienestar y hábitos saludables”, explica Arellano.
PLATAFORMAS DIGITALES PARA ACERCAR EL CONOCIMIENTO
Fotografía: Organización Panamericana de la Salud
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto fue el uso de herramientas digitales como vía de acompañamiento, pues las sesiones educativas se apoyaron en plataformas como Teams, WhatsApp y YouTube.
Las presentaciones elaboradas por especialistas eran compartidas por aplicaciones de mensajería, mientras que estudiantes de licenciatura y posgrado grababan contenidos que posteriormente podían consultarse en cualquier momento.
La estrategia respondió a que algunas personas preferían no asistir presencialmente a reuniones relacionadas con el VIH por motivos de privacidad o por temor al estigma.
“Las plataformas digitales les daban la oportunidad de tener acceso al conocimiento y a la información sin exponerse”, indica la investigadora.
El seguimiento fue constante y, además de compartir los materiales, el equipo mantenía contacto permanente con las personas participantes para resolver dudas y acompañarlas en la implementación de cambios cotidianos.
“Mandábamos mensajes por WhatsApp preguntando cómo estaban y les mandábamos la información. Muchos de ellos hasta nos mandaban mensajes y nos decían ‘voy a comer esto, ¿está bien?’”, recuerda.
Aunque inicialmente todas las actividades se desarrollaban de forma virtual, el proyecto experimentó una transformación inesperada en la tercera semana de trabajo con el primer grupo, cuando las propias personas participantes invitaron al equipo académico a conocerlas en las instalaciones de Programa Compañeros.
Al final se trabajó con cinco grupos distintos, de los cuales dos fueron presenciales y tres remotos. Algunas personas participaron activamente en reuniones semanales y otras únicamente solicitaron los materiales educativos para revisarlos por su cuenta.
En todos los casos, el equipo respetó las preferencias, tiempos y condiciones particulares de cada participante.
Durante el diseño inicial del proyecto, reconoce Arellano, el énfasis estaba puesto en la enfermedad, sin embargo la convivencia con las personas participantes transformó esa perspectiva.
“Nos enfocamos demasiado en la enfermedad y después entendimos que debíamos enfocarnos en las personas”, afirma.
Eso implicó adecuar materiales, modificar formas de comunicación, proteger identidades y reconocer las distintas realidades presentes dentro del grupo, en los que participaron personas jóvenes, adultas y adultas mayores; hombres y mujeres; personas con familias y sin ellas; usuarios y exusuarios de drogas inyectables, todas ellas personas con trayectorias de vida muy distintas.
La experiencia también permitió al equipo comprender mejor los efectos del estigma social que continúa acompañando al VIH, incluso décadas después de la aparición de tratamientos muy efectivos.
EVIDENCIAN NECESIDAD DE ATENCIÓN INTEGRAL
En total, 26 personas iniciaron el proyecto, pero, como ocurre con frecuencia en este tipo de intervenciones, algunas abandonaron el proceso por distintas razones. Finalmente, 17 personas concluyeron las ocho semanas de trabajo.
Durante ese periodo se evaluaron indicadores relacionados con hábitos alimentarios, actividad física, descanso, recreación, autocuidado y adherencia al tratamiento antirretroviral, y los resultados mostraron cambios favorables en distintos ámbitos.
Muchas personas comenzaron a incorporar alimentos con mayor valor nutrimental y a reducir el consumo de productos menos saludables. También reportaron mejoras en sus rutinas de sueño, adoptaron hábitos relacionados con el descanso y aumentaron su actividad física.
Algunas empezaron a limitar el uso del teléfono celular durante la noche para mejorar la calidad del sueño y otras incorporaron caminatas, ejercicios sencillos o rutinas de movimiento que antes no hacían.
Según Arellano, uno de los hallazgos más relevantes fue el fortalecimiento de la adherencia al tratamiento médico, pues afirma que existe una relación estrecha entre los hábitos saludables y el compromiso con la atención médica.
“Cuando una persona mejora su alimentación y su condición física, también mejora su adhesión al tratamiento. Todo va de la mano”, explica.
Pese a los resultados positivos, la investigación encontró una limitación importante en cuanto a los indicadores de calidad de vida, en los que las mejoras observadas no alcanzaron niveles significativos.
Lejos de interpretarlo como un fracaso, el equipo considera que este resultado revela la complejidad de los factores que influyen en el bienestar de las personas que viven con VIH.
“Para la calidad de vida debimos haber visto más aspectos que no intervenimos, como el lado social y el lado psicológico, que son sumamente importantes”, reconoce Arellano.
La experiencia evidenció que la salud física es solamente una parte de una realidad más amplia que incluye relaciones familiares, condiciones económicas, redes de apoyo, salud mental y experiencias de discriminación, explica.
Por ello, la investigadora considera que futuras intervenciones deberían ser más prolongadas e incorporar componentes psicológicos y sociales que permitan generar cambios más profundos.
DESTACAN VINCULACIÓN ENTRE ACADEMIA Y SOCIEDAD CIVIL
Para María Luisa González Barrios, coordinadora de atención en Programa Compañeros, el proyecto llenó un vacío que pocas veces es atendido.
La organización lleva cuatro décadas de trabajo acompañando a personas que viven con VIH, usuarias de drogas, trabajadoras sexuales y personas que enfrentan distintas formas de violencia.
Además de realizar pruebas rápidas para la detección de VIH, sífilis y hepatitis C, la asociación acompaña a las personas para que accedan a los servicios públicos de salud y puedan iniciar tratamiento oportunamente.
También mantiene desde hace 38 años un grupo de apoyo que se reúne cada miércoles para compartir experiencias y recibir información, y fue precisamente en ese espacio donde se desarrolló parte de la intervención.
“Para mí el proyecto fue magnífico. Casi nadie busca hacer algo con las personas con VIH cuando ya tienen tratamiento, y aprender a comer fue algo muy importante para el grupo”, afirma González.
La coordinadora asegura haber observado cambios favorables en varias de las personas participantes y destaca la importancia de seguir generando espacios de aprendizaje que ayuden a combatir la desinformación.
Asimismo, destaca que la relación entre la UACJ y Programa Compañeros no terminó con la conclusión del proyecto, pues ambas instituciones trabajan en el desarrollo de un protocolo de atención nutricional destinado a personas que se acercan por primera vez a la asociación.
Para Arellano, los resultados obtenidos pueden servir como evidencia para diseñar políticas públicas y fortalecer los servicios dirigidos a personas que viven con VIH y también representan un llamado a reforzar las capacidades de las instituciones públicas y de las organizaciones civiles que trabajan diariamente con esta población.
“Necesitamos una atención integral que incluya la parte médica, pero también la psicológica, la nutricional y el autocuidado”, sostiene.
La investigadora reconoce que trabajar con personas que viven con VIH fue una experiencia distinta a cualquier otra desarrollada en su trayectoria profesional, que dejó aprendizajes humanos que marcaron a quienes participaron en él.
La principal lección, concluye, fue entender que detrás de cada diagnóstico existe una persona con necesidades, proyectos, responsabilidades y sueños, y que cualquier estrategia de atención debe incluir un enfoque integral que reconozca esa realidad.
***
Este trabajo fue realizado por La Verdad Juárez, que forma parte de Territorial, Alianza de Medios. Para Consultar el contenido original, dar clic aquí.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.