Por Fannyfer Martínez y David Gaspar*
Inés se dirigía a la universidad cuando desapareció. Era estudiante de Criminalística en la Universidad Autónoma de Sinaloa; salió de su casa para entregar unos trabajos finales. No ha vuelto
Rosa Isela es su tía, pero lo ha criado como a un hijo. Su madre murió durante el parto. Inés Alberto de Jesús Ibarra Berrelleza fue desaparecido el 16 de enero de 2025, durante su trayecto de la colonia Lázaro Cárdenas hacia Ciudad Universitaria. El único apoyo lo ha encontrado junto a otras madres que buscan a sus seres queridos.

Rosa Isela sosteniendo el cartel de búsqueda de su sobrino en la marcha del 9 de mayo “Las Madres Llegarán a la Verdad”.
El joven de 21 años estaba por graduarse, a punto de tomarse la fotografía de generación. Ahora su rostro aparece en fichas de búsqueda y en mantas que piden ayuda para localizarlo. Inés es un joven estudioso a quien le truncaron sus sueños.
“Ya lleva casi un año y cuatro meses desde que no sabemos nada”, dice Rosa Isela.
El día que fue desaparecido no había nada fuera de lo normal. Inés Alberto seguía la rutina que había construido durante años como estudiante: levantarse temprano, tomar el camión hacia la universidad, asistir a clases y cumplir con sus tareas; parecía un día más. En Culiacán, hay desapariciones que comienzan así: una salida rápida, una vuelta pendiente, una tarea que debe entregarse.
La ruptura del Cártel de Sinaloa provocó un recrudecimiento de la violencia en el Estado a partir de septiembre de 2024. La disputa entre las facciones de “Los Chapitos” y “Los Mayos” ha golpeado con mayor fuerza a Culiacán. La capital sinaloense ha registrado enfrentamientos armados, homicidios, bloqueos y un incremento en las desapariciones de personas.
Datos de la Fiscalía General del Estado muestran que, desde esa fecha y hasta febrero de 2026, se han registrado más de 3 mil personas con reporte de desaparición o ausencia. De ellas, mil 430 casos corresponden a Culiacán, el municipio con la mayor concentración de reportes en la entidad.
El sector Centro ubicado en el corazón de la ciudad de Culiacán y delimitado por vialidades como el bulevar Gabriel Leyva Solano, el paseo Niños Héroes y la avenida Álvaro Obregón, abarca colonias como Miguel Alemán, Guadalupe, Jorge Almada, Gabriel Leyva y Antonio Rosales, registra el mayor número de casos de personas desaparecidas o ausentes. Los datos oficiales confirman al menos 46 denuncias en esa zona, según un registró entregado por la Fiscalía General del Estado.
“Los registros de desaparición de la fiscalía te dicen fue desaparecido en el centro porque es el último lugar donde se le vio a la persona (…) muchos de esos son hombres jóvenes donde se le vio por última vez en su trabajo y donde está su trabajo, en el centro”, explica Marcos Vizcarra, periodista especializado en la cobertura de desapariciones, homicidios y violencia en Sinaloa, quien ha documentado las desapariciones y el impacto de la violencia en Culiacán.
A veces ocurre en segundos.
Un vehículo se detiene. Hombres armados bajan. Nadie entiende del todo qué pasa. Algunas personas voltean. Otras prefieren seguir caminando. En ocasiones, según explica Vizcarra, las víctimas son interceptadas en la calle y subidas a un automóvil; otras veces son sacadas de sus trabajos o incluso engañadas para acudir a otro lugar donde finalmente desaparecen.
“Pueden subirlos a un carro o llevárselos desde un camión”, relata el periodista al describir patrones que se repiten de testigos y reportes de familiares con desaparecidos.
Desapariciones en el Centro, una afrenta directa contra autoridades: Sabuesos Guerreras
Para la presidenta del colectivo Sabuesos Guerreras, Maria Isabel Cruz, los puestos de control del Ejército, denominados retenes, se encuentran por todo el sector centro de la ciudad y es donde más se están registrando las desapariciones. Eso “es una afrenta directa contra el gobierno y es un mensaje claro de quién manda aquí”, sostiene.
La madre de Yosimar García Cruz, policía municipal de Culiacán desaparecido el 26 de enero de 2017, señala que muchas de las personas desaparecidas en el centro ni siquiera vivían en la zona, sino que solamente transitaban por ahí para trabajar, hacer compras o realizar algún trámite.
“Creo que los retenes nada más están en el centro de la ciudad y es donde más suceden las cosas; es una afrenta directa contra el gobierno y un mensaje claro de quién manda aquí”, sostiene María Isabel Cruz.
El centro, entonces, deja de ser solamente un espacio geográfico. Se convierte en un punto de encuentro inevitable. Desde las primeras horas del día comienzan a abrir los negocios. Los camiones urbanos atraviesan las calles levantando calor. Personas con uniformes salen de puestos de comida, oficinas y locales. Hay estudiantes caminando con mochilas, comerciantes descargando mercancía y filas frente a los bancos. Esa es la normalidad de la zona.

Centro de Culiacán a las 13:07 PM – Personas haciendo vueltas, paso de carros y camiones frecuente y negocios abiertos
Esa multitud de gente, el movimiento constante y el bullicio de la zona puede hacer más fácil que alguien sea desaparecido o desaparecida.
“Si quieres en realidad sembrar miedo lo vas a hacer desde un punto estratégico para que la demás gente observe”, afirmó la socióloga Ivonne Karely Martín Larrañaga.
Ese podría ser el objetivo de las desapariciones en el centro. Martin Larrañaga, habla de las desapariciones como actos que no solamente afectan a las víctimas directas, sino a toda la sociedad. “Es un acto que causa terror”, explica.
Para la socióloga, el simbolismo de desaparecer personas en el centro de la ciudad tiene la carga de demostrar públicamente que cualquiera puede ser vulnerable.
“Da a entender a las otras personas que lo pueden hacer cuando quieren y con quien quieren”, afirmó.

Centro de la ciudad a las 18:30 PM – Negocios ya cerrados, personas esperando el camión para volver a casa y poco paso de vehículos.
Durante las noches, las personas comienzan a regresar más temprano a sus casas. Algunos dejan de salir por las noches. Otros evitan ciertas calles. El miedo modifica horarios, rutas y costumbres.
“Nos están encerrando, nos están privando de la vida pública”, afirma Martin Larrañaga.
Modo supervivencia
Con el paso de los meses, la violencia ha modificado otros hábitos cotidianos. Compartir ubicaciones en tiempo real, avisar al llegar a casa o evitar ciertas rutas se volvió parte de la rutina para muchas familias en Culiacán. Mientras tanto, madres buscadoras aprendieron a identificar restos óseos, recorrer terrenos y leer expedientes, todo mientras continúan esperando noticias de sus hijos, hermanos o esposos desaparecidos.
Que la mayoría de las desapariciones ocurran en el sector centro de la ciudad, puede activar métodos de supervivencia en las demás personas, así lo explica el doctor David Moreno, investigador en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Occidente.
“Qué pasa si la gente sabe que es el centro y nos vuelve a todos expuestos, y ese es un mecanismo psicosocial importante: necesitamos crear cierta distancia entre nosotros y los otros, los que son víctimas o pueden ser víctimas”.
Algunas personas intentan justificar las desapariciones. Se convencen de que las víctimas “andan en algo”, como una forma de sentirse fuera de riesgo y creer que la violencia no podría alcanzarles. Nada más equivocado.
Inés contradice esa idea errónea de las personas. Es estudiante universitario. Dedicado a su familia. Salió a entregar una tarea. No volvió.
Su rostro continúa recorriendo las calles de Culiacán en marchas, fichas de búsqueda y carteles pegados en postes, paredes y camiones, igual que el de cientos de personas desaparecidas en Sinaloa desde el recrudecimiento de la violencia en septiembre de 2024.

Memorial de personas desaparecidas ubicado en Catedral, junto con las palabras “Perdón por no haberte abrazado más fuerte, pensé que te volvería a ver”, realizado por el colectivo Sabuesos Guerreras.
Sinaloa, desde el recrudecimiento de la violencia. Alrededor del 50 por ciento en Culiacán. La mayoría de ellas en el sector Centro. Para las familias esos números nunca terminan siendo cifras. Son seres queridos que continúan ausentes.
Sus fotografías las sostienen contra el pecho. Sus nombres los gritan en las marchas. Exigen ayuda para localizarlos. Las madres buscadoras continúan sintiendo angustia, sufriendo un dolor en el pecho y deseando ocupar esas sillas vacías que los desaparecidos han dejado en casa.
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*Este trabajo fue realizado por alumnos de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Occidente, como parte de la asignatura Periodismo de Investigación.

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