Culiacán, Sinaloa.- A las personas con discapacidad se les sigue viendo como “infantiles” o incapaces de vivir plenamente su vida afectiva y sexual. Para Milagros Castro, esa idea no solo es equivocada, sino limitante.
“Tener una discapacidad no te exime de vivir cualquier tipo de realidad que tú decidas. Tampoco te niega el derecho a amar”, afirma.
Desde su experiencia como mujer con discapacidad y como persona pansexual, explica que habitar múltiples identidades implica también enfrentar más obstáculos en lo cotidiano.
“Vivir dentro de la interseccionalidad de la discapacidad y la diversidad sexual implica la necesidad de resistir con orgullo, mucho más que vivir en las sombras”, señala.
Castro advierte que las barreras no son solo físicas, sino también sociales y culturales, lo que obliga a muchas personas a desarrollar una mayor resiliencia para ejercer sus derechos.
“Nos enfrentamos a múltiples barreras, mucho más que cualquier persona que no tenga una discapacidad. Eso suma al esfuerzo de tener que ser doblemente valientes, doblemente potentes”, expresa.
En ese sentido, subraya que la visibilidad también es una forma de representación para quienes no pueden ocupar los espacios públicos.
“Quienes podemos poner el cuerpo lo hacemos con toda la responsabilidad y el peso de quienes están detrás: quienes están en instituciones, en cama o no tienen las mismas posibilidades”, explica.
Ser pansexual
Sobre su identidad, Milagros Castro se define como pansexual, lo que implica sentir atracción romántica o sexual hacia otras personas sin importar su género o sexo. Señala que su camino no estuvo marcado por etiquetas, sino por la experiencia afectiva.
“Me enamoré de una mujer, pero no por ser mujer, sino por lo que pensaba, lo que hacía y los valores con los que vivía”, comparte.
Ese proceso, dice, estuvo acompañado por su entorno cercano y por la comunidad, lo que facilitó su reconocimiento personal y le brindó un soporte emocional que la ayudó a ser valiente y resistir frente a los estigmas.
“Siempre he tenido amigos dentro de la comunidad. Es mucho más sencillo resistir en colectivo”, afirma.
Para Castro, hablar de diversidad también implica reconocer que las personas con discapacidad tienen deseos, vínculos y derecho a vivir el amor sin estigmas.
“Se ignora que también queremos vivir el amor, sentirlo y ejercer ese derecho”, concluye.

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