Hace casi dos años fue robada la paz, las ganas de salir de noche, las fiestas en las colonias y el escándalo como el que cientos de influencers presentan Culiacán, porque resistir hasta este momento, cuando han sido asesinadas más de 4 mil personas y otras 5 mil han sido desaparecidas, no ha sido nada simple para quienes habitan Culiacán.
La noche del 30 de junio pasó algo que antes del Mundial y de los triunfos de la Selección Mexicana era inédito en la capital de Sinaloa: salieron cientos de personas a gritar “Viva México”, a replicar el “Quiere volar” que se hizo popular en las sedes mundialistas del País (Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara), a bailar Payaso de Rodeo, a tomar cerveza y hacerse de la calle como si se tratara de una noche de carnaval. La emoción estaba contenida y esa noche se liberó la olla de presión en la glorieta llamada popularmente como “La Canasta”, en el Centro de la ciudad.
“Yo creo que cualquier acción que nos sacuda y nos saque del pensamiento, de nuestras sensaciones, de nuestras emociones sobre la situación de violencia y la inseguridad que estamos viviendo por esta absurda guerra es bien recibida”, dice el sociólogo Tomás Guevara Martínez, quien durante décadas ha estudiado el fenómeno de la violencia en Sinaloa.
“Lo del festejo por el Mundial es casi terapéutico y necesitábamos un respiro de la violencia”, agrega.
Esa noche la Selección Mexicana le ganó al combinado de Ecuador por dos goles a cero. Cimbró a todo el país porque por segunda vez en la historia de los mundiales la Selección llega al llamado “quinto partido”, con una gracia que ha contagiado a millones de personas, incluyendo a quienes no suelen verlo los fines de semana y hasta de aquellas personas quienes desconocen o desconocían del deporte.
Lo importante fue el respiro que inspiró a los cientos de personas reunidas en la glorieta.
“Si el fútbol es, o los triunfos de la Selección son un pretexto para poder sacudirnos de estos terribles efectos que están en nuestras emociones y en nuestros sentimientos, lo que esta guerra ha hecho en nosotros, creo que eso nos facilita la vida”, dice Guevara Martínez.
Porque el dolor que tienen quienes habitan Culiacán no se ha disipado ni se ha acabado, pero ese proceso de celebrar, de tener un momento de felicidad y de disfrute es también un derecho.
“Todos tenemos ese derecho a disfrutar”, dice María Isabel Cruz Bernal, madre de Yosimar García Cruz, policía municipal de Culiacán que fue desaparecido en enero de 2017.
“No podemos estar siempre llorando o quejándonos”, agrega, recordando que en los años que tiene en búsqueda de su hijo también ha pasado por otros procesos, incluyendo haberse casado.
Este domingo 5 de julio se jugará ese quinto partido contra la selección de Inglaterra, y desde días atrás se ha llamado al festejo en la glorieta y también en otros sitios. Los negocios restauranteros han dispuesto de pantallas gigantes y auguran un incremento sustancial de visitantes. Los comerciantes han sacado sus negocios a las calles, algunos improvisando la venta de artículos que no estaban originalmente en sus inventarios, como camisas de la Selección Mexicana, balones y gises tricolor.
Será una fiesta, un respiro para una ciudad adolorida.

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