El exilio no ha detenido el trabajo periodístico de Óscar Martínez, pero sí lo ha obligado a encontrar nuevas formas de investigar y contar lo que ocurre en El Salvador. Desde México, el jefe de redacción de El Faro continúa documentando al gobierno de Nayib Bukele, pese a las dificultades de trabajar lejos del país que cubre. En entrevista con ESPEJO, habló sobre los desafíos personales y profesionales del exilio y llamó a la sociedad civil sinaloense a proteger a sus periodistas y fortalecer los vínculos colectivos frente a la violencia.

Desde mayo de 2025, Óscar Martínez vive en el exilio en México, tras verse obligado a abandonar El Salvador por el hostigamiento y la persecución por parte del régimen de Bukele.

En colaboración con la organización no gubernamental Iniciativa Sinaloa, Oscar Martínez estuvo presente en el Festival de Espejo 2026, en Culiacán, para impartir un taller sobre cobertura en contextos de violencia a periodistas de la región. ESPEJO entrevistó a Martínez sobre la experiencia de vivir y trabajar en el exilio.

P: ¿Cómo ha sido la experiencia del exilio, tanto a nivel personal como profesional?

R: Yo llevo más de un año en el exilio, desde que salí del país y ya no he podido entrar por publicar información, por hacer periodismo, pero no solo yo: todo el periódico, 53 periodistas más salieron después de mi salida. Es frustrante y es complicado. Es administrativamente difícil tener que cambiarte de casa, de país, pero sobre todo es una lucha constante para no perder vigencia. Porque el exilio trata de convertirte en un sujeto del pasado, que supo de un país que ya no existe.

Entonces, es un recordatorio constante del método. Además, yo cubro a la persona que me echó del país, pero el odio no es un método periodístico. Es un esfuerzo constante por no perder el método, que el método siga vigente. Porque vos respetés, aunque te hicieron daño, lo que tenés que guardar y cosechar.

Es una posición bien difícil, pero también es un espacio de creatividad. El exilio histórico en el mundo, y en México desde 39 que los españoles vinieron, ha sido un espacio de creatividad en la posición de “me salvé, ¿ahora como hago lo que tengo que hacer?”

P: ¿Cómo funciona tu cobertura de Salvador desde aquí?

R: Es complicado, yo dirijo la redacción. Es más caro porque, ahora, con algunas fuentes tenemos que reunirnos fuera del país, en la frontera con Guatemala, o hacemos algún viaje a Estados Unidos. Hay un montón de mecanismos con los que seguimos interviniendo el país que no puedo contar porque, si los cuento, la magia desaparece y el régimen lo detectaría. Pero nosotros seguimos teniendo ojos que ven el país. ¿Cómo? Ese es el secreto. Es algo que mantenemos. Pero además tenemos fuentes con las que nos comunicamos por vías seguras, porque cosechamos esa fuente desde hace años y nos son leales, saben que les vamos a cuidar.

Y también nos llevamos muchísima información en bases de datos. Anticipamos que nos iban a echar del país y descargamos teras de información del diario oficial, del sistema de compras públicas, del registro de la propiedad. Nos llevamos un montón de información y ahora la estamos analizando desde un espacio seguro, desde el exilio

P: ¿Qué es lo más importante o lo más trascendental que has aprendió durante el auxilio?

R: Hemos aprendido a no rendirnos. Y no lo digo de una forma retórica. Hemos aprendido que esta es la misión que tenemos nosotros en la vida, o la que hemos asumido y la que hemos elegido. Porque si el exilio no te hace dejar de hacer lo que haces, y aún así encontrás fórmulas para seguir cubriendo el país del que te echaron, realmente creo que es una prueba de fuego de voluntad.

Nosotros queremos ser periodistas y lo vamos a seguir haciendo, y de método, hemos encontrado formas para seguirlo haciendo

P: ¿Qué mensaje podrías darle a esa sociedad civil de Sinaloa que pese a todo sigue luchando por un mejor mañana?

Yo a la sociedad civil le pediría, casi como una súplica: cuiden más a sus periodistas. Protéjanlos más, indígnense más cuando los joden. Sin ellos, no supieran ustedes nada, vivirían aún más en la oscuridad de la que ya viven, en términos informativos.

Y a la sociedad civil, que se junten de la forma que puedan, que se cuenten sus experiencias. Que esta terrible situación en la que ustedes se encuentran no aisle la narrativa colectiva, porque cuando la gente piensa que padece en lo individual y no entiende que se padece en lo colectivo, es para cualquier grupo político corrupto o grupo del crimen organizado mucho más fácil hacer lo que quieran con esa gente. Cuando la gente está aislada y el tejido social está roto, esa sociedad es fácil de malear, es fácil de victimizar.