• La cuenca Jamapa-Cotaxtla abastece de agua a más de un millón de personas y conecta dos áreas protegidas de México: el Parque Nacional Pico de Orizaba y el Sistema Arrecifal Veracruzano.
  • En la cuenca solo queda el 28 % de la vegetación natural original, mientras que la mitad del territorio está destinado a la agricultura y otro 17 % a pastizales para ganadería.
  • Análisis técnicos identificaron erosión, presión sobre las aguas subterráneas, pérdida de cobertura forestal y descargas de aguas residuales que amenazan los ríos y los arrecifes de coral.
  • Organizaciones locales y comunitarias que forman parte del proyecto RÍOS restauraron más de 200 hectáreas de bosque en la alta montaña e impulsan mejores prácticas agrícolas y ganaderas en las zonas medias y bajas de la cuenca.

En las laderas del Pico de Orizaba, el volcán más alto de México y refugio de uno de los últimos glaciares del país, nace la cuenca del río Jamapa. Desde la alta montaña, los ríos Jamapa y Cotaxtla descienden por más de 148 kilómetros en el estado de Veracruz hasta desembocar en el Golfo de México. A lo largo de este recorrido la cuenca conecta dos áreas naturales protegidas: el Parque Nacional Pico de Orizaba y el Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano.

Las aguas de la cuenca, aportadas en su mayoría por los deshielos del glaciar y las lluvias, abastecen directa o indirectamente a más de un millón de personas. No solo atraviesan bosques, sino también zonas agrícolas, localidades rurales y espacios urbanos. Pese a su importancia, este territorio es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático. Según habitantes de la zona consultados por Mongabay Latam, las sequías, heladas, inundaciones y otros eventos son cada vez más frecuentes y afectan a quienes viven y producen en este territorio.

Un diagnóstico realizado por investigadores del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático de México (INECC), publicado en 2017, mostró que la cuenca está en crisis: solo queda el 28 % de la vegetación natural original representada principalmente por bosques de pino de las alturas (Pinus hartwegii), encino (Quercus sp.), oyamel (Abies religiosa), bosque mesófilo de montaña (o bosque de niebla) y selvas. Y casi la mitad del territorio (el 49.6 %) está destinado a la agricultura, mientras que otro 17 % corresponde a pastizales para ganadería.

Actividades de reforestación realizadas por las comunidades locales en el Pico de Orizaba. Foto: cortesía Articulación Territorial
Actividades de reforestación realizadas por las comunidades locales en el Pico de Orizaba. Foto: cortesía Articulación Territorial

Jordi Vera Cartas, geógrafo e investigador especializado en la gestión de servicios ambientales y sistemas de información hídrica, quien participó del diagnóstico, identificó que este territorio —que abarca 34 municipios— ha sido fuertemente transformado por actividades agrícolas como la siembra de caña de azúcar, maíz y la caficultura, así como la ganadería. A esto se suma el aumento de monocultivos como el del aguacate que “favorecen la erosión y la pérdida de fertilidad del suelo y a su vez provocan un aumento en la deforestación del bosque mesófilo de montaña”, señala el estudio.

Las afectaciones se extienden hasta el mar. “En las partes bajas de la cuenca, donde existieron importantes bosques de manglar, el desarrollo urbano de la zona metropolitana de Veracruz ha acabado con gran parte de este valioso ecosistema fundamental para la resiliencia al cambio climático de las zonas costeras”, explica el investigador.

Loni Hensler, de la organización Territorios para la Vida, también señala que los arrecifes están expuestos a descargas de residuos urbanos, agrícolas, ganaderos e industriales, “lo que genera un fuerte estrés y enfermedades en el ecosistema”.

Por eso, el diagnóstico realizado en 2017 se convirtió en el primer esbozo para pensar la cuenca de forma conjunta, desde su nacimiento hasta su desembocadura, y para impulsar acciones que ayuden a reducir la vulnerabilidad al cambio climático. El esfuerzo se hizo de la mano de las comunidades que habitan estos municipios, adaptándose a sus modos de vida.

Actividades de socialización del Proyecto RÍOS con comunidades locales de la cuenca. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
Actividades de socialización del Proyecto RÍOS con comunidades locales de la cuenca. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

En la parte alta, por ejemplo, se impulsaron proyectos de reforestación en el Parque Nacional Pico de Orizaba y se promovieron prácticas para conservar suelo y agua. En municipios como Comapa, los productores de café, maíz y otros cultivos trabajaron en sistemas agroforestales y en hacer más sustentable la producción agrícola y ganadera. Más abajo, en Jamapa y Cotaxtla, las familias ganaderas incorporaron prácticas para recuperar áreas ribereñas y conservar los servicios ambientales de la cuenca. Y en la zona costera, los habitantes del ejido Herón Proal, en Medellín, trabajaron en el manejo sustentable de la ribera norte de la Laguna Grande de Mandinga.

Esas y otras iniciativas se agruparon en el Proyecto Restauración de Ríos para la Adaptación al Cambio Climático (Proyecto RÍOS) —financiado por el Fondo Verde para el Clima y operado en Veracruz por el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y el Fondo Golfo de México— con el objetivo de ayudar a las comunidades y los ecosistemas de este territorio a mejorar la capacidad de adaptarse a los cambios del clima.

La cuenca como modelo de adaptación climática

Por su importancia hidrológica, diversidad ambiental y su vulnerabilidad climática, la cuenca Jamapa-Cotaxtla fue seleccionada por especialistas del INECC y del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza para desarrollar un Plan de Acción de Manejo Integral de la Cuenca, un instrumento que establece acciones para proteger, restaurar y aprovechar de forma sostenible los recursos naturales de este territorio.

“Los estudios [del diagnóstico] determinaron que la cuenca Jamapa reunía condiciones para funcionar como un modelo de intervención debido a su diversidad de ecosistemas y a su exposición a fenómenos climáticos de alto impacto, como sequías, inundaciones y olas de calor extremo”, explica Eva Beatriz Cano González, oficial de Monitoreo y Salvaguardas del Fondo Golfo de México en entrevista con Mongabay Latam.

Para desarrollar el proyecto no se aplicó una receta única. “Cada iniciativa adoptó un enfoque de acuerdo con las necesidades de su región. Por eso vemos proyectos distintos, con formas de trabajo y prioridades diferentes a lo largo de la cuenca”, señala Cano González. Las principales actividades que se han realizado son de agroforestería —un sistema que combina en un mismo terreno la producción de árboles, cultivos y ganado para mejorar la productividad y proteger el ambiente—, la ganadería sustentable, la restauración y la conservación de ecosistemas.

Las actividades del Proyecto Ríos se adaptaron a las necesidades de las comunidades y ecosistemas a lo largo de distintos territorios en la cuenca. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
Las actividades del Proyecto RÍOS se adaptaron a las necesidades de las comunidades y ecosistemas a lo largo de distintos territorios en la cuenca. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

RÍOS es, además, el primer proyecto presentado por México ante el Fondo Verde para el Clima. En palabras de los investigadores consultados, esto abrió una ruta directa de acceso a financiamiento climático internacional a través de una institución mexicana. Su implementación comenzó en 2021 y concluirá en 2026.

“El proyecto utiliza las cuencas Jamapa, en Veracruz, y Ameca-Mascota, en Jalisco, como territorios para probar estrategias que combinan restauración de ríos, conservación, cambios en las prácticas productivas y adaptación comunitaria al cambio climático”, insiste Cano González.

“Siempre veíamos el cambio climático y lo veíamos lejos, ¿no? A lo mejor no nos iba a alcanzar la vida, pero ya lo estamos padeciendo: lluvias fuertes, calor intenso, inundaciones. La temporada de lluvias es muy intensa, el río se desborda. No hay árboles suficientes que retengan el agua. Ya estamos viviendo todo eso”, cuentan los pobladores de la región.

Hasta 2026, según Cano, el proyecto RÍOS ha implementado acciones de restauración y manejo sostenible del territorio en más de 3000 hectáreas de la cuenca del río Jamapa, impactando 10 municipios: Huatusco, Comapa, Zentla, Córdoba, Amatlán de los Reyes, Atoyac, Calcahualco, Cotaxtla, Jamapa y Medellín de Bravo.

Reforestar en el volcán más alto de México

María de los Ángeles León trabaja con la comunidad Nuevo Jacal, en la cuenca alta del río Jamapa, una de las poblaciones al interior del Parque Nacional Pico de Orizaba. Forma parte de la organización Articulación Territorial, que formó parte del proyecto RÍOS.

En entrevista con Mongabay Latam explica que, al estar ubicadas a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, las comunidades en las faldas del Parque Nacional viven en condiciones extremas. “En la alta montaña el cambio climático no es una idea lejana. Basta una tormenta, un deslave o un árbol caído para dejar aislada a toda una comunidad”, dice.

Las mujeres de la comunidad de Nuevo Jacal, en la alta montaña, trabajan en los semilleros del huerto para reforestar terrenos afectados e impulsar cultivos propios. Foto: cortesía organización Articulación Territorial
Las mujeres de la comunidad Nuevo Jacal, en la alta montaña, trabajan en los semilleros del huerto para reforestar terrenos afectados e impulsar cultivos propios. Foto: cortesía organización Articulación Territorial

Cuando los técnicos del proyecto llegaron a esta comunidad, relata, escuchaban a los pobladores decir: “Aquí no se produce casi nada. Solo producimos agua y, de pronto, chícharo [una leguminosa que también es conocida como arveja o guisante], pero nada más. Es lo que nos permite la montaña”.

Sin embargo, RÍOS logró durante su implementación la reforestación de 212 hectáreas de Pinus hartwegii en terrenos afectados por incendios o pérdida de cobertura forestal. También se implementaron y mejoraron las brechas cortafuegos (que ayudan a mitigar y manejar los incendios) y se instalaron cercos para impedir el paso de ganado en este territorio.

Pero lo más importante, dice María de los Angeles, fue lo que le quedó a la comunidad: mediante técnicas adaptadas a las condiciones locales, las mujeres comenzaron a establecer huertos y cultivar verduras y hortalizas, algo que antes les parecía impensable por las condiciones de la alta montaña.

“El proyecto puede terminar, pero el conocimiento que se queda en la gente continúa. Ya no van a renunciar a producir sus propios alimentos. Las mujeres aprendieron a sembrar, cosechar y transformar sus alimentos en terrenos extremos. Además, pueden vender los excedentes dentro de su comunidad”, afirma la habitante de la zona.

 

Mujeres de Nuevo Jacal cocinan alimentos producidos en la alta montaña. Foto: cortesía organización Articulación Territorial

Mujeres de Nuevo Jacal cocinan alimentos producidos en la alta montaña. Foto: cortesía organización Articulación Territorial

Sembrar cafetales bajo sombra para cuidar el suelo

Más abajo, en la zona media-alta del Jamapa, caracterizada por bosques mesófilos de montaña (conocidos también como bosques de niebla), cafetales y otros sistemas productivos, el proyecto concentró parte de sus acciones en el fortalecimiento de sistemas agroforestales, es decir, que en un mismo terreno se pudieran combinar árboles con cultivos y, en algunos casos, ganado.

En el municipio de Comapa, la problemática central es que los pequeños productores de café enfrentan una doble presión: por un lado, lluvias intensas que arrastran el suelo y sequías prolongadas que se han incrementado con el cambio climático y que alteran los ciclos de producción. Por otro lado, el avance de monocultivos, como el del limón, ha aumentado la erosión del suelo, la deforestación y la reducción del hábitat de la fauna local.

En Comapa, 60 productores se organizaron en una iniciativa que busca conservar los cafetales bajo sombra. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
En Comapa, 60 productores se organizaron en una iniciativa que busca conservar los cafetales bajo sombra. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

El Plan de Acción de Manejo Integral de la Cuenca Jamapa-Cotaxtla alerta que la expansión agrícola y la transición hacia monocultivos han favorecido la deforestación, la erosión y la pérdida de fertilidad del suelo en esta zona. Además, advierte que la deforestación en las partes altas de la cuenca ha alterado los flujos superficiales de agua y los niveles de los ríos.

Flor de América Rodríguez Silvano, integrante de la organización Campesinos Unidos por el Progreso de los Pueblos, cuenta que, para hacer frente a esas presiones, 60 productores se organizaron en una iniciativa que busca conservar los cafetales bajo sombra. En palabras sencillas, se trata de parcelas donde el café crece protegido por árboles que ayudan a conservar la humedad y a reducir la erosión del suelo. Así han logrado el mantenimiento y manejo de 189 hectáreas de cafetales.

“En los cafetales impulsamos obras de conservación para reducir la erosión y mantener una sombra diversificada que conserve el hábitat de la fauna local. La idea es conservar estas áreas lo más naturalmente posible y perturbarlas menos”, asegura Rodríguez.

También han reducido el uso de herbicidas y pesticidas y han creado sus propias biofábricas para elaborar fertilizantes orgánicos. Rodríguez recuerda que empezaron reduciendo la dependencia de insumos químicos y diversificaron sus parcelas con otros árboles frutales. Con esto, además, han generado nuevas fuentes de ingresos para las familias.

Diversidad en los cultivos para la adaptación

A casi 80 kilómetros de Comapa río abajo, llegando a la parte baja de la cuenca, se encuentra el municipio de Jamapa. Allí, la agrupación comunitaria Gente Sustentable AC impulsa sistemas agroforestales. Las actividades parten de una idea sencilla: evitar que las parcelas dependan de un solo cultivo y que recuperen la diversidad dentro de ellas.

Nelsy Rodríguez, coordinadora en Gente Sustentable AC, explica que la estrategia fue diseñada como un proyecto de adaptación basada en ecosistemas, donde la conservación ambiental está vinculada con la producción. Así, en las parcelas que participan del proyecto se introdujeron o fortalecieron cultivos de vainilla, pitahaya, mango, guanábana, limón y aguacate, mientras que cada productor recibió acompañamiento técnico para identificar qué sitios de su terreno podrían destinarse a restauración, especialmente cerca del río.

También se buscó la recuperación de sistemas agrícolas tradicionales, como la milpa, y la reproducción de semillas de maíces de colores. “Esas variedades prácticamente habían dejado de sembrarse en la región porque los productores se habían concentrado en el maíz amarillo”, recuerda la coordinadora del proyecto.

El proyecto buscó la recuperación de sistemas agrícolas tradicionales, como la milpa, y la reproducción de semillas de maíces de colores. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
El proyecto buscó la recuperación de sistemas agrícolas tradicionales, como la milpa, y la reproducción de semillas de maíces de colores. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

Ese proceso motivó a los participantes a impulsar bancos de germoplasma —una especie de repositorios destinados a conservar la diversidad genética de diferentes especies— para proteger las semillas que ya están adaptadas a las condiciones de su territorio y evitar que desaparezcan. Asimismo, impulsaron un vivero de especies de árboles que podían plantar en las orillas de los ríos para controlar la erosión.

“Durante las lluvias intensas el río puede desbordarse e inundar la cabecera municipal. En 2025 el agua llegó a subir cerca de un metro en la vía principal. Y esto sucede porque hay pocos árboles y menor capacidad para frenar y absorber el agua”, explica Rodríguez. “Eso es lo que buscamos mitigar con la reforestación”, insiste.

Cambiar la forma de hacer ganadería para proteger la cuenca

En la zona central de Veracruz, al lado del río Cotaxtla, un grupo de ganaderos se reúne bajo la sombra de un árbol en busca de soluciones para lo que padecen desde hace varios años: sequías prolongadas, inundaciones y golpes de calor. A su alrededor hay cientos de hectáreas de tierra dedicada a la ganadería y a la agricultura.

Ganaderos de Cotaxtla y Jamapa que hacen parte del Proyecto RÍOS se reúnen para conversar sobre los efectos del cambio climático en sus actividades. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
Ganaderos de Cotaxtla y Jamapa forman parte del Proyecto RÍOS y se reúnen para conversar sobre los efectos del cambio climático en sus actividades. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

Durante años, parte de la ganadería de la cuenca se desarrolló con pastoreo continuo, poca rotación de potreros y uso frecuente de herbicidas y otros insumos. Estas prácticas dejaron los suelos más expuestos a la erosión, redujeron su fertilidad y favorecieron que tierra y residuos fueran arrastrados hacia los ríos durante las lluvias.

“Había sequías muy prolongadas, inundaciones también, y con la ganadería convencional teníamos que buscar otras opciones de alimento como comprar pacas o silo —dos tipos de forraje— o rentar otros predios para solventar la necesidad del alimento”, dice Antonio Rangel, responsable de la estrategia de ganadería regenerativa de Gente Sustentable AC, una de las organizaciones que participa en el proyecto.

Junto a la organización Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable (Endesu) idearon la iniciativa para que los productores pasaran de modelos de ganadería extensiva, donde el ganado pasta libremente durante largos periodos, a prácticas regenerativas como la rotación de potreros, el uso de cercos eléctricos, bancos de forraje y reducción de agroquímicos.

A través de capacitaciones técnicas, los ganaderos de la zona mejoraron sus prácticas para ayudar a proteger la cuenca. Foto: Fondo Golfo de México
A través de capacitaciones técnicas, los ganaderos de la zona mejoraron sus prácticas para ayudar a proteger la cuenca. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

Herminio Ramírez López, coordinador técnico de Endesu, explica que la iniciativa buscó trasladar a los ranchos prácticas de restauración ambiental que permitieran recuperar la materia orgánica, aumentar la infiltración del agua, disminuir la erosión del suelo y mejorar la disponibilidad de los pastos durante periodos de sequía.

“Un terreno con mayor cantidad de raíces, vegetación y materia orgánica funciona como una superficie permeable. Si tenemos un suelo con materia orgánica, que puede absorber y almacenar humedad, logramos ‘cosechar’ agua”, afirma. Desde 2022 a la fecha se han sembrado 60 000 árboles entre maderables, forrajeros y frutales para arborizar los potreros, transformando 350 hectáreas del territorio.

Ramírez también explica que han empleado técnicas como la rotación planificada del ganado, que permite dividir los potreros con cercos para que otras secciones de terreno tengan tiempo de recuperarse. “Estas acciones permiten que el pasto y el suelo descansen y se regeneren, aumentan la infiltración del agua, reducen la erosión y evitan que sedimentos y residuos químicos lleguen al río”, explica Rangel, quien insiste en que medidas como estas también mejoran la productividad. Algunos ranchos pasaron de sostener una vaca por hectárea a mantener dos y hasta tres animales en la misma área.

Uno de los ranchos que hace parte del proyecto para la conservación de la cuenca. Foto: cortesía Gente Sustentable
Uno de los ranchos que forma parte del proyecto para la conservación de la cuenca. Foto: cortesía Gente Sustentable

Cuidar el manglar de las zonas bajas de la cuenca

Llegando a la costa, muy cerca de la desembocadura de la cuenca Jamapa-Cotaxtla frente al Golfo de México, un grupo de ejidatarios busca la restauración de 76 hectáreas de manglar que han sido afectadas por plagas, inundaciones, ganadería y cambios de uso de suelo. Es el ejido Herón Proal, al norte de la Laguna Grande de Mandinga, en una zona limítrofe entre Alvarado y Medellín.

Los manglares funcionan como barreras naturales frente a fenómenos costeros, almacenan carbono y ayudan a regular los flujos de agua. En Veracruz, esta función cobra relevancia no sólo ante ciclones y huracanes, sino también frente a los eventos de viento fuerte y frío que afectan cada año la costa.

José Luis Rumbaut, del grupo logístico Fil&Tran, una empresa dedicada a realizar proyectos de sustentabilidad ambiental y restauración de humedales, dice que hace cuatro años —cuando comenzaron las actividades vinculadas al proyecto RÍOS— los participantes del sector señalaban que una plaga de un insecto barrenador (Cochliomyia sp.) afectaba entre el 25 % y 40 % del manglar del ejido.

En municipios de la cuenca los habitantes realizaron proyectos para recuperar zonas riparias. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
En municipios de la cuenca los habitantes realizaron proyectos para recuperar las zonas de las orillas del río. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

Además, el crecimiento urbano de la Riviera Veracruzana también ponía en aprietos sus funciones naturales. Según los datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en los últimos 19 años se han autorizado casi 60 espacios destinados a construcción de lujo en la zona.

Por eso, explica Luis Rodríguez, ejidatario de Herón Proal, “comenzamos a trabajar para devolverle al manglar las funciones que tenía naturalmente, antes de que el desarrollo descontrolado en esta zona lo afectara”.

En este territorio los ejidatarios impulsaron acciones de restauración que no se limitan a plantar árboles, sino que ayudan a recuperar los flujos del agua, controlar el ganado, conservar plantas jóvenes, vigilar la fauna y reducir incendios mientras buscan también alternativas productivas para los propietarios de las parcelas.

Enrique Campos Hernández, presidente del comisariado ejidal de Herón Proal, señala que uno de los avances más importantes y visibles para ellos ha sido el de recuperar el flujo del agua. Según explica, durante años algunas áreas de las parcelas permanecían inundadas y las plantas jóvenes de mangle terminaban bajo el agua. “Pero ahora hemos impulsado la rehabilitación de los canales naturales y las zonas que anteriormente se inundaban no presentaron el mismo problema durante el último ciclo”, dice.

También han podido llegar a puntos de sus parcelas que antes eran inaccesibles. La recuperación de esos accesos, explican, les permite volver a vigilar los terrenos, controlar el ingreso del ganado y realizar tareas de restauración.

Una conservación sostenible a largo plazo

El Proyecto Ríos, que está próximo a culminar, impulsó que los habitantes de la cuenca se involucraran en la conservación de la mano de sus actividades económicas. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
El Proyecto RÍOS, que está próximo a culminar, impulsó que los habitantes de la cuenca se involucraran en la conservación de la mano de sus actividades económicas. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

Las iniciativas que se consolidaron en los últimos cuatro años con el proyecto RÍOS ya muestran resultados en el territorio. “Uno grande que hemos notado en distintos ecosistemas es el crecimiento de la vegetación en áreas previamente intervenidas”, afirma Eva Cano, del Fondo Golfo de México, quien ha podido confirmarlo a través de imágenes satelitales.

El Fondo comparó imágenes de satélite Landsat de 2022, cuando comenzaron las intervenciones, con imágenes de 2025. Como detalla Cano, la evaluación de los cambios en la cobertura vegetal evidenció la presencia de más árboles y distintos niveles de conservación en los territorios vinculados al proyecto. Esa información, agrega, fue además contrastada con visitas de supervisión directamente a las parcelas.

Para los promotores de los proyectos, los resultados se deben a que las comunidades han estado vinculadas durante todo el proceso y en el desarrollo de las actividades. “Cuando buscas convencer a la gente que vive en el territorio para que conserven los ecosistemas, pero sus prácticas de vida tienen que ver con la producción, es necesario que esos proyectos ambientales no se separen de las necesidades económicas de las familias. Que tengan un mecanismo de comercialización”, señala Nelsy Rodríguez de Gente Sustentable AC.

En el centro, Nelsy Rodríguez, coordinadora en Gente Sustentable AC. Foto: cortesía Gente Sustentable
En el centro, Nelsy Rodríguez, coordinadora en Gente Sustentable AC. Foto: cortesía Gente Sustentable

Por eso, el Proyecto RÍOS impulsó a lo largo de toda la cuenca que las organizaciones locales involucradas trabajaran, por ejemplo, en la creación de sus propias marcas.

Así nacieron los cafés agroecológicos Aroma Real de la Montaña y Sierra del Cuevero, las artesanías del Pico de Orizaba elaboradas por Artepetl o las artesanías de bambú hechas por Ecotur Amatlán. También productos medicinales de Amigas de las Plantas, quesos y lácteos de Jamapa, y bioles y biofertilizantes de Cuenca Sana AC.

Las comunidades han sembrado hortalizas y frutas que pueden vender o transformar en mermeladas o cosméticos naturales. Y más cerca de la desembocadura del Jamapa, la cooperativa Las Bonitas produce mariscos.

Productos impulsados, a lo largo de toda la cuenca, por el Proyecto Ríos. En la imagen el Café Sierra. Foto: cortesía Fondo Golfo de México
Productos impulsados a lo largo de toda la cuenca por el Proyecto RÍOS. En la imagen, el Café Sierra. Foto: cortesía Fondo Golfo de México

La continuidad de estas iniciativas, señala Rodríguez, dependerá de que las prácticas puedan sostenerse sin apoyos externos y de que los productores encuentren beneficios económicos suficientes para conservarlas. “El cambio de paradigma no puede quedarse solamente en producir mejor. Tiene que cerrar el ciclo y lograr que el mercado valore todo el trabajo de conservación que hacen los productores”, insiste.

Aunque el proyecto concluirá, el Fondo Golfo de México y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza buscarán nuevas fuentes de financiamiento para dar continuidad a las iniciativas. “El proyecto inició hace cuatro años. Ahorita ya estamos terminando, en una etapa de recoger los aprendizajes, fortalecer vínculos y ver qué oportunidades tenemos para seguir colaborando”, dice Cano.

Los impulsores de este proyecto también buscan que los resultados obtenidos sean considerados en el diseño de políticas públicas relacionadas con restauración de cuencas, producción sustentable, gestión del agua y adaptación climática.

*Imagen principal: en las laderas del Pico de Orizaba, el volcán más alto de México y refugio de uno de los últimos glaciares del país, nace la cuenca del río Jamapa. Comunidades locales trabajan para restaurarla. Foto: cortesía Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México