Por: Luis Daniel Rodríguez, Investigador de Mexicanos Primero Sinaloa
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Durante décadas, el aprendizaje socioemocional ha enfrentado resistencias dentro del debate educativo, bajo la idea de que la escuela debía concentrarse prioritariamente en los aprendizajes fundamentales. Como si aprender matemáticas y aprender a regular emociones fueran caminos opuestos. El documento Una mirada global a la mejora de los resultados estudiantiles a través del aprendizaje socioemocional, elaborado por Mexicanos Primero, desmonta esta narrativa y recuerda que no se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de avanzar en ambas al mismo tiempo.

La evidencia internacional señala que las habilidades socioemocionales (como la autorregulación, la perseverancia, la empatía o la toma de decisiones responsables) no solo se asocian con mayor bienestar, sino también con mejores resultados académicos. La propia OCDE, a partir de su encuesta sobre habilidades sociales y emocionales, muestra que estudiantes con mayores niveles de motivación, autocontrol y confianza tienden a obtener mejores calificaciones y a experimentar menos ansiedad en contextos escolares. Dicho de otro modo, aprender a gestionar emociones no distrae del aprendizaje; lo potencia.

Los casos presentados en el documento ayudan a aterrizar esta idea. En Ontario, Canadá, el aprendizaje socioemocional se integró al currículo de matemáticas; en Bulgaria, la apuesta respondió a problemáticas de violencia escolar y bajo rendimiento; en India, el bienestar estudiantil se volvió parte estructural de la jornada escolar. En contextos muy distintos, la lógica es la misma: si el aula no es un espacio emocionalmente seguro, difícilmente puede ser un espacio propicio para aprender.

Este enfoque cobra especial relevancia para Sinaloa. Las escuelas del estado no solo enfrentan rezagos de aprendizaje acumulados, sino que operan en entornos marcados por la violencia, la incertidumbre y el estrés comunitario. Para muchas niñas, niños y jóvenes, la escuela es el único espacio relativamente seguro del día. Pretender que el aprendizaje ocurra sin atender el clima emocional del aula es desconocer la realidad cotidiana en la que estudian las y los alumnos en la entidad.

Además, las condiciones laborales y emocionales del magisterio en el estado tampoco son ajenas a estas tensiones. Docentes que trabajan en contextos de alta vulnerabilidad, con grupos numerosos, carencias de apoyo psicoemocional y presiones administrativas, difícilmente pueden sostener procesos pedagógicos de calidad si no cuentan con herramientas para su propio autocuidado y desarrollo socioemocional. El propio documento subraya que el bienestar de quienes enseñan es una condición necesaria para el bienestar de quienes aprenden.

En Sinaloa, si bien, existen esfuerzos valiosos impulsados de acompañamiento a comunidades escolares que buscan fortalecer habilidades socioemocionales, estos esfuerzos siguen siendo fragmentados y de cobertura limitada. La ausencia de una política estatal clara que integre el aprendizaje socioemocional al currículo, a la formación docente y al acompañamiento escolar perpetúa una brecha en donde se reconoce el problema, pero no se construyen soluciones sistémicas.

Aquí está el punto de quiebre para la política educativa estatal. Integrar el aprendizaje socioemocional no significa sumar una asignatura más a un currículo ya saturado, sino repensar las prácticas pedagógicas, los modelos de formación docente y las estrategias de acompañamiento escolar. Implica también generar capacidades institucionales para medir los resultados de estas intervenciones y asegurar que no se queden en acciones aisladas o de corto plazo.

En un estado donde la violencia y la desigualdad afectan de manera directa el derecho a aprender, apostar por el desarrollo socioemocional no es un lujo, es una condición mínima de justicia educativa. No se trata de romantizar el bienestar ni de cargar a las escuelas con responsabilidades que no les corresponden, sino de reconocer que, sin entornos escolares emocionalmente seguros, difícilmente se cerrarán las brechas de aprendizaje que hoy persisten en Sinaloa.

La pregunta de fondo que deja el documento de Mexicanos Primero es necesaria para el debate local: ¿qué tipo de escuela se quiere construir? Una que solo aspire a mejorar indicadores académicos, o una que forme personas capaces de aprender, convivir y resistir contextos adversos. La respuesta no debería ser excluyente. El verdadero reto está en construir una política educativa que entienda que aprender a pensar y aprender a sentir forman parte del mismo proceso formativo.

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