Cuando observamos en internet imágenes de las denominadas “granjas de celulares” pareciera que nos asomamos a un mundo futurista, distópico, donde las máquinas manipulan la realidad humana y conciben formas de control social. Lo paradójico es que esa creencia no está tan alejada de la realidad actual, y si los recursos económicos no alcanzan para tener granjas de celulares siempre se pueden crear granjas de bots humanos.
Las granjas de celulares son instalaciones altamente tecnologizadas donde cientos de dispositivos de telefonía móvil están conectados simultáneamente a miles de redes sociales, blogs, foros de opinión y sitios web donde se pueden expresar comentarios. Todo el sistema es operado por Inteligencia Artificial (IA), creada para generar opiniones sesgadas sobre un tema, personaje, problema social o cualquier asunto donde se desee manipular la opinión pública. Al ser una IA la que está a cargo, la credibilidad aumenta porque sus “expresiones” emulan sesgos, prejuicios y hasta la jerga humana de la región donde opera.
Políticos, compañías trasnacionales y personajes importantes las han usado por todo el mundo para manipular preferencias electorales, para destruir la reputación de rivales o competencias, generar o manipular opiniones respecto a un tema o problema de cualquier índole, e incluso para imponer en la opinión pública lo que la gente debe hablar, lo que en teoría de la comunicación se denomina Agenda Setting, y que ahora con el auge de las redes sociales se acentúa con el llamado Trending topping.
Estas granjas determinan qué temas deben ser relevantes para la opinión pública por encima de los que realmente importan (Agenda Setting); por ejemplo, en lugar de que la población sinaloense sea informada sobre los riesgos a su seguridad, las “noticias” sobre deportes siempre son las mejores herramientas para desviar la atención hacia lo irrelevante, pero cómodo para el Estado. Por su parte, el tema, frase, personaje, video o situación que se populariza rápidamente (o sea, se viraliza), se convierte –o lo convierten– en asunto relevante y de difusión masiva (Trending topping); ¿qué estaba sucediendo en nuestro municipio mientras compartíamos toda clase de información o memes sobre la captura de Nicolás Maduro?
Ciertamente la Agenda Setting tiene décadas de existencia y se ha ligado a los medios masivos de comunicación; la internet, las redes sociales o las aplicaciones de mensajería instantánea no escapan a su alcance. Actualmente, con la atención humana volcada en los canales informales, como las aplicaciones de mensajería y video, o en las que debieran ser para usos personales (como Facebook o Instagram), el brazo manipulador se mueve hacia esas esferas porque es donde la población se “informa”. Así las granjas de celulares eficientan la manipulación de la opinión pública.
Lo paradójico para nuestra realidad mexicana, sinaloense, de nuestro municipio y hasta en nuestro lugar de trabajo (venimos de lo macro a lo micro), es que esa misma lógica de manipulación de la opinión pública aplica con sistemas que emulan a esos cuartos llenos de celulares conectados simultáneamente, pero aquí las granjas no son de teléfonos móviles, son de personas, no se crean perfiles falsos, usan los suyos, los más personales, sus números de teléfono, y no es una Inteligencia Artificial la que está a cargo dictando a los bots qué escribir, opinar o dónde poner un like, es un mando, un jefe, un funcionario, con toda su IH (Inteligencia Humana).
Partiendo de lo micro para después mostrar un ejemplo nacional, es común observar en dependencias gubernamentales, en Universidades y hasta en sindicatos, cómo las personas que están al mando giran instrucciones para que se opine sobre alguna publicación o noticia en un medio de comunicación (a favor o en contra), que voten en sondeos de opinión o de preferencias electorales, que compartan videos, post de alguien o de alguna página web, que se “apoye” tal tema o persona e incluso, lo que debería encender todas las alertas, se ordena subir estados de WhatsApp para “apoyar”.
La alerta es en el sentido de que las y los empleados deben acatar la orden de usar su perfil de redes sociales, privado, personal, el que comparten con sus amigos y familia, para subir o apoyar contenidos que quizás no les interese o con los que no estén de acuerdo, de usar sus números de teléfono (algo de lo más personal que tenemos) para servir a la causa o intención de otros, sin rezongar, sin quejarse, y a veces sin siquiera pensar que con esas órdenes se invade nuestro espacio privado virtual y se condiciona nuestra opinión o actividad digital.
Estas granjas de bots humanos son fácilmente detectables y su actividad es tan burda, porque se hace por obligación y no por convicción, que en seguida se nota el sesgo, algo que la Inteligencia Artificial evita con las granjas de celulares. Basta con mirar cierta publicación a favor o en contra de alguna institución para que en los comentarios se detecten a los bots humanos, con el mismo discurso, a veces hasta las mismas frases o palabras, con expresiones sobre aduladoras o críticas sospechosas. Además, gracias a la Internet, podemos visitar los sitios web de acceso a la información pública de las dependencias y buscar el nombre de las personas que emiten esas opiniones, corroborando que, efectivamente, trabajan donde mismo, en la misma dependencia, son vecinos de escritorio.
El ejemplo nacional, la cúspide hasta ahora de esa manipulación burocrática, fue la plataforma web Nódica, utilizada por el Gobierno del Estado de Puebla para vigilar que los trabajadores subieran contenidos a sus redes sociales personales y perfiles telefónicos en apoyo a la administración estatal. De esta forma no bastaba con girar la instrucción de que se apoyara tal publicación, tema o personaje, sino que además las y los trabajadores cargaban en Nódica las “evidencias” de que lo habían hecho.
En las oficinas públicas de Sinaloa no se ha llegado a eso -todavía- pero sí se promueve una cultura de la evidiencitis, en donde, por voluntad propia, las y los trabajadores “suben evidencias” del cumplimiento de la instrucción girada. La burocracia sinaloense, gubernamental o educativa, se está convirtiendo en una selfie para comprobar que sí estuve, que sí lo hice; es un performance del apoyo.
Las granjas de bots humanos son gratis, no requieren inversión porque su salario ya incluye esa manipulación digital, son fáciles de moldear y son obedientes porque existe un aparato de violencia estructural laboral que los convierte en apoyadores y aduladores de una causa hoy, y mañana de la contraria (después escribiremos sobre eso).

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