Primera de tres partes
A diferencia de los maestros de entidades como Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Veracruz o la Ciudad de México, que son identificados como “rebeldes” o muy “combativos”, los maestros en Sinaloa son muy “institucionales” para atender las órdenes “oficiales”, de sus dirigentes sindicales o de las autoridades formales de la SEPYC. Y aunque a veces las órdenes están totalmente fuera de lugar, debido a la falta de sentido común o a la ignorancia de las autoridades, por lo regular los maestros no protestan contra las disposiciones oficiales –salvo algunos grupos disidentes— o a menos que el asunto sea realmente extremo.
Esto ha permitido que, particularmente en Sinaloa, cualquiera pueda ser secretario de educación, aunque no tenga perfil profesional para ello ni conocimiento ni experiencia en la atención y/o conducción del sector educativo. Desde la creación de la SEPYC en 1981, los gobernantes han visto en el sector educativo una potencial fuente de conflicto, por un lado en la relación con los padres de familia y por otro en la relación con los maestros, pero también una potencial fuente de votos en los procesos electorales, por las dimensiones de la estructura estatal que permite el contacto, a través de los maestros, con los padres de familia y la población de todas las colonias y comunidades, grandes y pequeñas de la entidad. De ahí que la SEPYC es una excelente plataforma de lanzamiento político.
En segundo lugar y no desligado del primero, es visto como una fuente de recursos económicos, de poder y hasta de negocios por el volumen de presupuesto que maneja. Históricamente entre el 30 y 50% del presupuesto estatal se ha destinado a educación, sin contar que la federación destina a Sinaloa cerca del doble de presupuesto que le asigna la administración estatal. Entre 1992 y 2013 –con el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica—, el gobierno estatal administraba tanto la aportación federal como la estatal, lo que equivalía a cerca del 150% del presupuesto estatal global, sin embargo, debido a la enorme desviación de recursos detectada, la Secretaría de Hacienda reconcentró la nómina con la creación del FONE, de tal manera que ahora el gobierno del estado les paga a los maestros estatales y la federación les paga directamente a los maestros federalizados.
Y finalmente, se ve al sector educativo como un medio de atención y educación a los niños y jóvenes lo que, desde la perspectiva política, es irrelevante debido a que tanto los planes y programas como los libros de texto y todos los programas adicionales y compensatorios son elaborados y administrados por el gobierno federal, de tal forma que sólo hay que hacer bajar las indicaciones de las autoridades federales.
Por ello, es normal que se priorice en un perfil político y no académico para dirigir al sector educativo, sin embargo, las relaciones internas generadas históricamente a través de cambiantes políticas y las herencias de los programas sexenales hacen muy difícil conocer y entender el funcionamiento del sector educativo y mucho menos tratar de cambiarlo o, al menos, erradicar vicios añejos que atentan contra los fines del servicio educativo.
A esto hay que agregar el poco interés de los políticos en transformar o mejorar el servicio educativo ya que tocar intereses implica genera conflictos y el riesgo de inestabilidad política pone en peligro su permanencia en el cargo y el sueño de su próxima elección popular.
Sin embargo, el descuido crónico de la vida interna de la estructura institucional del sector educativo ha generado tal deterioro que resulta poco menos que imposible emprender cualquier acción tendiente a mejorar el servicio. Las redes de interacción que amalgaman intereses políticos, económicos, sindicales, personales, emocionales, laborales y administrativos, que se oponen a los fines educativos, se vuelven impenetrables para cualquier autoridad, de tal manera que las autoridades terminan flotando sobre la inercia y la incongruencia con el único apoyo de colaboradores más cercanos, mientras que los problemas del sector se vuelven cada vez más complejos y diversos.
Penetrar esa compleja red de intereses para alinear sus acciones en un mismo propósito requiere de ponerse la camiseta de la educación y sudarla para construir un liderazgo fuerte, de todo el sector educativo –maestros, alumnos, trabajadores de apoyo, administrativos, sindicatos, directores, supervisores, técnicos pedagógicos, jefes de sector— , que se comunique de manera eficiente con la estructura, que escuche y atienda a los padres de familia, que comprenda las necesidades y finalidades educativas contenidas en la NEM y en los planes de estudio.
Ese es el tamaño de reto que debería enfrentar quien asuma el cargo de secretario o secretaria de educación. Ese es el reto que deberá enfrentar Gloria Himelda Félix a partir de ahora si quiere dejar huella en el sector educativo que la coloque en posibilidades de trascender y ganarse un espacio propio en su nuevo proyecto político.
Mario Delgado y Gloria Himelda, alianza posible para la NEM
Gloria Himelda Félix tiene experiencia administrativa y habilidades políticas, conoce de derechos porque es abogada y por su trayectoria como diputada federal y local, que le pueden ayudar a abrir brecha en la construcción de una mejor relación con la estructura del sector educativo, y particularmente con el magisterio, fundamental para potenciar su comunicación y relación social con alumnos y padres de familia, lejos de desplantes autoritarios y fricciones innecesarias en los medios de comunicación.
Y aunque asume el cargo a mitad del sexenio, cuando ya todos los compromisos de los grupos interno están hechos, tiene a su favor el inicio de un nuevo gobierno federal, con un nuevo secretario de educación de perfil político y habilidades para la conciliación, por lo que no hay duda de que pueden hacer equipo para avanzar hacia los propósitos de la Nueva Escuela Mexicana, ya que Mario Delgado trae un discurso fresco e innovador en torno a las acciones y estrategias que hay que poner en práctica, demostrado su interés en la educación y su deseo de transformación.
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*Lea el próximo lunes la segunda de tres partes en este mismo espacio.
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