México.- La memoria de Hiroshima y Nagasaki se enlaza con la tradición muralista mexicana en un proyecto que busca enviar al mundo un mensaje claro: la humanidad no puede permitirse un mundo con armas nucleares.
A ocho décadas de la tragedia que marcó a Japón y a la historia mundial, los hermanos Minoru e Ichiro Gutiérrez gestionan un mural que se pintará en el aeropuerto de Hiroshima, obra que resaltará el papel de México como pionero en el desarme nuclear y su vínculo histórico con la ciudad símbolo de la paz.
“Mi misión ha sido vincular a ambos países. Este mural es la manera de hacerlo con un mensaje que urge en estos tiempos”, explica Minoru Alejandro Gutiérrez, artista y gestor cultural mexico-japonés.
Minoru, hijo de madre japonesa y padre mexicano, creció entre la cultura mexicana y la tradición y educación japonesa. Su fascinación por el grabado –inspirada tanto en Hokusai como en José Guadalupe Posada– lo llevó a entender el poder de una imagen para crear identidad.
Ese interés lo acercó al muralismo y, más tarde, a la gestión de proyectos culturales.
Su primer experiencia fue en 2021, cuando gestionó el mural olímpico en la sede del Comité Olímpico Mexicano, tras la colaboración de la prefectura de Hiroshima con la delegación mexicana durante los Juegos de Tokio. “En esa ocasión entendí que un mural podía convertirse en un testimonio diplomático, en una huella tangible de la amistad entre pueblos”, recuerda.
Ahora, con el nuevo mural en Hiroshima, los hermanos Gutiérrez buscan dar un paso más: vincular el arte con la memoria histórica y el activismo contra las armas nucleares.
La propuesta de incluir el tema surgió de Ichiro, quien planteó rescatar el legado de México en este terreno, en particular el del diplomático michoacano Alfonso García Robles, artífice del Tratado de Tlatelolco de 1967, que estableció a América Latina y el Caribe como la primera zona libre de armas nucleares en el mundo y le valió el Premio Nobel de la Paz.
“En Hiroshima nadie conoce este capítulo de la historia, y como mexicanos tampoco lo presumimos lo suficiente. Nos da orgullo saber que México ha sido un líder en la lucha por un mundo sin armas nucleares y eso debe contarse en un mural que verá gente de todo el mundo”, sostiene Minoru.
Adriana del Rocío y Carlos Alberto García, muralistas.
La relación de Minoru con Hiroshima es profunda. Muy joven participó como traductor en el Peace Boat, un crucero académico japonés que recorre el mundo con sobrevivientes de la bomba nuclear –los llamados hibakusha– para compartir su testimonio.
“Traducir sus palabras, escuchar cómo recuerdan la ráfaga de luz, el calor insoportable y la pérdida de sus familias, fue una experiencia que me marcó para siempre. Su anhelo es que no vuelva a ocurrir algo así, y yo me sumé a ese compromiso”, afirmó el gestor.
El proyecto contará con la colaboración de los artistas mexicanos Adriana del Rocío y Carlos Alberto García, muralistas con experiencia internacional que esperan dejar en el aeropuerto de Hiroshima un mural que represente la unión cultural de México y Japón, pero también la urgencia global de eliminar las armas nucleares.
“Una simple imagen puede generar conciencia. Si Posada creó identidad con una catrina de apenas 15 centímetros, un mural en Hiroshima puede convertirse en símbolo de paz entre dos países”, concluyó Gutiérrez.
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