Ricardo Arroyo Labrada es un famoso vendedor de tortas de Culiacán. Mucho de su popularidad tiene que ver con su personalidad afable y cortes, pero también por la accesibilidad de sus productos, ya preparados y listos para llevar.

Las tortas de Ricardo son una buena opción de comida rápida. De ahí que en su mayoría, son compradas por estudiantes y trabajadores que se dirigen de un punto a otro caminado. Esta comida económica es una buena opción para recobrar o recargar energías mientras se está bajo el sofocante sol de esta ciudad.

“El tortas”, así se llama su puesto de comidas. No es que Ricardo no se haya querido quebrar la cabeza para bautizar su negocio; el trasfondo del nombre es que era el sobrenombre con el que era conocido su difunto padre, Rubén Arroyo Abalo.

De hecho, fue su papá quien anteriormente vendía las afamadas tortas: “Mi papá me heredó trabajo, pero no dinero”, bromea entre risas este comerciante de 37 años.

En entrevista con Espejo, explica que él viene de una familia de comerciantes de tercera generación, ya que en realidad fue su abuela la que fundó este puesto callejero, en 1962.

En un inicio el puesto de doña Josefina estaba instalado en la esquina de Ángel Flores y Paliza, afuera del extinto cine Reforma, donde actualmente es el Modular Inés Arredondo (MIA).

“Mi abuela inició en 1962, y mi papá le ayudaba cuando era niño. Mi familia migró de Michoacán. Se vinieron sin nada. Mi papá me platicó que se vinieron porque vieron oportunidad de crecimiento aquí; primero vino un tío de mi papá, antes de que se trajera a mi abuela”, comparte.

“Ellos eran comerciantes natos, tenían mucha facilidad de palabra, eran merolicos. Gritaban en la calle. También se usaba mucho esa práctica antes”, detalla.

Platicando más sobre su familia, Ricardo menciona que cuando recién llegaron a Culiacán, su abuela y su padre, entonces un niño, vivieron en una gran vecindad que se encontraba en un viejo edificio colonial, donde hoy es el estacionamiento de Ángel Flores, entre Aquiles Serdán y calle Ramón Corona.

Todo esto muchos antes de que esta zona se convirtiera en unos de los corredores comerciales y gastronómicos más visitados por los culichis y visitantes, el denominado Paseo del Ángel, el único “Barrio Mágico” de Sinaloa, así catalogado por la Secretaría de Turismo del Gobierno Federal.

Sin embargo, en la década de los sesenta,  en aquel asentamiento vivían en su mayoría viejas familias de comerciantes que se instalaban alrededor de la Catedral de Culiacán y la Plazuela Álvaro Obregón.

La transformación urbana del centro de Culiacán implicó desplazamiento de familias humildes. De igual forma, durante la administración municipal del alcalde Gustavo Adolfo Guerrero Ramos (1988-2000), la carreta de la familia Arroyo fue reubicada, aunque afortunadamente a solo una cuadra del lugar original, donde en el presente Ricardo despacha, en la esquina de Ángel Flores y Andrade.

“Yo de llenó empecé con este puesto cuando fallecieron mis padres. Me vine de tiempo completo, como en 2012. Mi papá falleció hace 6 años”, comparte. Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de su trabajo, Ricardo responde que nunca se aburre de vender; al contrario, disfruta conocer gente y conversar. “Siempre hay que ser constante, siempre me ha gustado ser constante. La gente quiere tortas y aquí estoy, rara vez falto”, resalta.

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